El senado de los Estados Unidos ha aprobado, con 89 votos a favor -frente a 10 votos en contra-, el nuevo acuerdo de libre comercio entre los tres países vecinos de América del norte. Un acuerdo que sustituye al TLCAN, el cual llevaba vigente 25 años. Un acuerdo de libre comercio que vuelve a sellar el intercambio de bienes y servicios entre las tres economías más potentes de américa, produciendo ese fuerte y sólido mercado interno que dichas economías mantenían. Un acuerdo que, pese a las discrepancias internas, abre, nuevamente, las puertas al comercio y a la libre exportación entre territorios.

Como digo, pese a la buena noticia que representa la firma de este acuerdo de libre comercio, las discrepancias no han tardado en sucederse. Y es que, para México, este acuerdo elimina muchas ventajas que, anteriormente, con el TLCAN, poseían. Para Estados Unidos, el acuerdo representa esa mejora que, tras las quejas y las reacciones de Donald Trump, se ha estado persiguiendo. Para Canadá, el país restante en ratificar el acuerdo, éste acuerdo representa una infinidad de posibilidades para las tres economías, que gozaran de esa libertad para comerciar entre ellas; acuerdo que, añadieron, firmarán en abril, a más tardar, pues deberá posponerse por cuestiones legislativas.

Sin lugar a dudas, al igual que ha hecho el Presidente AMLO, este acuerdo es para festejarlo. Y es que, desde que Estados Unidos entró en guerra comercial con China, su mayor rival en los mercados globales, el comercio entre Estados Unidos y México se ha reforzado notablemente. Las exportaciones del país azteca no han dejado de crecer, a la vez que se ha convertido en el principal socio comercial de su vecino norteamericano, tras paralizarse el flujo con China hasta la resolución de la disputa. Un acuerdo que, sin lugar a dudas, beneficiará a México hasta en materia de inversión, al representar, nuevamente, ese punto estratégico para comerciar con los Estados Unidos.

Y es que, tras el escaso crecimiento cosechado por el país azteca durante este año pasado, este acuerdo representa una nueva opción de arrancar el nuevo año con mucha más fuerza. México es un país con un gran carácter exportador; tal es su nivel que su producto interior bruto (PIB) posee una gran dependencia del sector exterior. Las exportaciones en el país representan cerca del 40% del PIB, por lo que podemos hacernos una idea bastante visual del gran peso de las mismas para la economía mexicana. En cuanto a la totalidad del sector exterior (importaciones y exportaciones), éste representa cerca del 80% del PIB mexicano, por lo que estamos ante una economía que, como digo, posee casi la totalidad de su economía muy supeditada al comercio.

Además, de ese 40%, Estados Unidos compra el 80% de las exportaciones mexicanas, lo que le convierte, a su vez, en el principal comprador del país azteca. Un socio comercial con el que, además, comparte labores de producción entre los dos países, por lo que ambos se benefician mutuamente. Es decir, la relación entre Estados Unidos y México no es una simple relación comercial, pues además, estamos hablando de una relación en la que se conjuga un intercambio de tangibles e intangibles que, pese a la discrepancias nuevamente, repercute en un mayor beneficio mutuo.

Ante estos datos, declinar un nuevo acuerdo de libre comercio entre los países vecinos interesados representaría un absoluto fracaso. Como decíamos, la economía mexicana ha atravesado un año bastante difícil, la inversión en el país se ha mostrado más floja de lo previsto, así como las previsiones económicas, que preveían crecimientos cercanos al 2%, mientras que el año cerraba con un crecimiento nulo para los mexicanos. Por ello, convertirse en uno de los principales aliados de la economía más potente del mundo, coincidiendo con los principales mandatarios mexicanos, así como estadounidenses, representa una gran oportunidad para el país para atraer inversión y empresas al país; aunque la intención de estas sea conectar con territorio norteamericano.

Por otro lado, junto con las caídas de la actividad económica, el empleo también es otro punto que se ha visto muy lastrado en la economía mexicana. Este nuevo acuerdo supone una nueva oportunidad para realzar el dinamismo en la creación de empleo en México. El nuevo acuerdo, así como una posible mayor atracción de empresas, podría volver a despertar la creación de empleo en el país. Esto sería muy beneficioso para México, que llevaba unos meses en los que la creación de empleo, al igual que la tasa de crecimiento en el país, era nula.

Estamos ante un acuerdo que, como digo, es bastante ventajoso. Tanto México como Canadá han podido negociar, con éxito, algunos aspectos clave que, a priori, Trump deseaba eliminar. Sin embargo, hay algunos puntos en los que, coincidiendo con parte de la población mexicana, siguen presentando bastante rigidez que sitúa en una situación ventajosa a Estados Unidos, produciendo una menor competitividad a México. Sin embargo, pese a esto, estamos hablando de un acuerdo que pretende reforzar la postura de México como uno de los principales socios comerciales de los Estados Unidos, por lo que estar en contra de tal acuerdo, con una economía puramente exportadora, es bastante incoherente; dadas las oportunidades que este acuerdo puede ofrecer en el largo plazo.

A esperas de cerrarse el acuerdo con Canadá, así como la firma de Trump, en líneas generales, podríamos decir que éste acuerdo es, sin lugar a dudas, la mejor noticia para arrancar el año con más fuerza y optimismo. La mala evolución de la economía, los casos de corrupción y delincuencia, así como la mala situación que atravesaba el país con los Estados Unidos, estaba obligando al país a caer en el pesimismo. Un pesimismo que se ha disipado bastante con el resultado que arrojaba el senado norteamericano, celebrando la llegada de este beneficioso acuerdo, el cual espera aportar un mayor desarrollo, así como prosperidad, al los tres socios principales.

 

 

 

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