Tanto separatistas simpatizantes con Moscú como grupos paramilitares leales a Kiev continúan muy activos y, para ser claros, nada ni nadie los podrá detener.

 

La semana pasada comentamos en el artículo “Rusia ya ganó”, que el acuerdo que se firmaría el 17 de abril entre ese país, Ucrania, Estados Unidos y la Unión Europea en Ginebra traería muy pocos resultados concretos. Hoy, nuestras expectativas se han confirmado y podemos darlo por muerto. Ucrania, como anticipó el presidente ruso Vladimir Putin, continúa al borde de una guerra civil.

EE.UU y Rusia ya intercambiaron acusaciones por la continua actividad de extremistas en la región oriental ucraniana. Lo cierto es que ambos se señalan con razón. Tanto separatistas simpatizantes con Moscú como grupos paramilitares leales a Kiev continúan muy activos y, para ser claros, nada ni nadie los podrá detener.

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El secretario de Estado norteamericano John Kerry, advirtió a su homólogo ruso Serguéi Lavrov, que “habrá consecuencias” si Rusia no actúa para detener a los separatistas. Del otro lado la advertencia es la misma si no se hace algo con los grupos de extrema derecha ucranios.

Sin embargo, la razón por la cual seguirán muy activos, es que poseen ventajas notables para los países en conflicto, como que con facilidad pueden deslindarse de los brutales actos que estos cometan. No es su responsabilidad oficial. Ni rusos ni estadounidenses admitirían de forma abierta que arman y financian en secreto a algunos de ellos, pues de cierto modo les son útiles. Es la manera que tienen de guerrear sin declararse la guerra abierta.

El acuerdo de Ginebra estableció que los separatistas abandonarían los edificios tomados y sus armas, pero los líderes desconocieron lo firmado. Después de todo, están en su país y saben que pese a la fachada, Moscú los respalda.

El gobierno de Kiev asegura que todo se trata de los preparativos rusos para una invasión, algo que en definitiva es posible, pero que no sucederá a menos que haya una acción masiva del ejército ucraniano en contra de rusohablantes. Algo mucho más fuerte que la reanudación de “acciones antiterroristas” a las que llamó el lunes el presidente Turchínov, sí sería la justificación perfecta para que Putin invadiera.

El vicepresidente estadounidense Joe Biden llegó el lunes a Kiev, la capital ucrania, para apoyar al gobierno. Se dijo que reiteró a las autoridades su convicción de elevar las sanciones a Rusia. No obstante, como le hemos anticipado aquí, aquellas no pasarán de ser simbólicas y no llegarán a tocar la economía de Rusia a gran escala, ante el riesgo de que esto empuje un contraataque de mayores proporciones contra el petrodólar. Tampoco se llegaría al acto de guerra de congelar millonarios recursos del presidente Putin que se presume, estarían depositados en Suiza.

Así que el más reciente alarde norteamericano de enviar 600 soldados a Europa del Este (en concreto a las repúblicas bálticas y Polonia, cercanos a Ucrania) para “ejercicios” militares, no pasará de ser solo eso, a pesar de que amenacen con que más prácticas se efectuarán a través de la OTAN. Estos 600 efectivos provendrían de Afganistán, donde tras las elecciones generales del 5 de abril, la Casa Blanca se está planteando reducir al mínimo sus tropas.

En suma, EE.UU. puede seguir mandando barcos, tropas y aviones militares con la esperanza de que esto disuada a Rusia de una invasión, pero de ninguna manera prepara una guerra. No cuando, si se disparase la primera bala, sus mercados bursátiles se desplomarían y la supuesta recuperación económica se iría al barranco. Claro, sin contar que Europa está menos interesada que los americanos en un conflicto por sus mayores lazos comerciales energéticos con los rusos.

La salida pacífica al conflicto en la región, insistimos, pasaría por un referéndum oriental en Ucrania que decidiera si quedarse o irse con Rusia, pero Kiev nunca lo permitirá. Por lo tanto, una guerra civil parece inminente, a menos que el bando ruso decidiera abandonar a sus simpatizantes armados. A estas alturas pues, el camino posible para la paz está en manos de Putin. El tiempo nos dirá si Ucrania comete el error de una ofensiva militar mayor, pero la realidad es que más les valdría quedarse con las ganas.

 

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