El director del banco considera que Chipre hizo las cosas bien y su crisis es resultado de una unión monetaria mal concebida. El Euro, dice, ya no es una sola divisa.

 

Los controles implementados tras la reapertura de los bancos en Chipre la semana pasada -y relajados parcialmente la mañana de este martes- generan dinámicas “totalmente diferentes” para la divisa europea y pueden representar la primera de múltiples nuevas versiones del Euro, estimó Lars Seier Christensen, CEO de Saxo Bank.

En comentarios para el portal Sala de Inversión, el directivo sostuvo que ante la existencia de controles de capital, restricciones a los retiros, e impuestos indirectos al patrimonio dentro de la Eurozona, ya no se puede decir que la divisa tiene el mismo formato en toda la región.

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“Existen al menos dos versiones del Euro: la restringida en Nicosia y la hasta ahora no restringida en el resto de la zona euro”, aseguró.

En adelante, dijo, es probable que se implementen controles de capital en otras situaciones similares, y los mercados comienzan a preguntarse dónde será la próxima crisis: “¿Eslovenia? ¿Malta? ¿Otras naciones que representen un problema mucho más grande?”.

Para Christensen, la crisis chipriota es producto de la confianza colocada en que los políticos de la zona euro pagarían sus préstamos, y no el resultado de mala planeación por parte del gobierno de la isla.

“Chipre tenía cifras respetables de crecimiento, deuda y finanzas públicas –particularmente en relación a muchos otros países de la región”, señaló.

“Queda claro que se aplicó una presión política significativa a los bancos con operaciones en Grecia para que adquirieran bonos locales. Los riesgos de esta concentración evidentemente fueron menospreciados, pero básicamente se dependía de que la zona euro brindaría apoyo a cualquier nación que estuviera en problemas serios, incluyendo a Grecia.”

Según el analista, más allá de las malas decisiones de la banca de Chipre, la problemática actual surge de las dinámicas de la Eurozona, pues bajo otras condiciones menos inversionistas extranjeros hubieran llevado su dinero a la isla, además de que la misma dinámica de riesgo de un mercado de bonos soberanos con un Dracma independiente habría evitado tales exposiciones y habría permitido una evaluación de riesgo mucho más eficiente.

“La misma Grecia probablemente no habría tenido que caer en incumplimiento, sino que se habría apoyado en devaluaciones competitivas como siempre lo había hecho en el pasado.”

 

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