El escándalo fiscal de HSBC obliga a reflexionar sobre los problemas de concentración de la riqueza y de evasión fiscal, y la necesidad de fortalecer fiscalmente al Estado.

 

Por Enrique Díaz-Infante Chapa

El escándalo que se ha desatado a nivel mundial por la revelación de los nombres de poco más 100,000 clientes de HSBC en Suiza es un asunto de la mayor importancia que debe servir para replantear la política fiscal global, a fin de impulsar una mayor coordinación internacional, y así evitar la evasión del pago de impuestos.

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Gracias al análisis del grupo de 140 periodistas de 50 países convocados por el diario Le Monde, que obtuvo la base de datos de Hervé Falcini, ex empleado del banco HSBC, hoy sabemos que en la lista aparecen 2,642 clientes mexicanos. En esa lista vemos cuentas bancarias secretas a nombre de empresarios, políticos, celebridades y criminales por un monto conjunto superior a 100,000 millones de dólares estadounidenses*. Son mexicanos que tuvieron al menos los 3 millones de dólares requeridos como monto mínimo por HSBC para abrir una cuenta especial en esa institución de crédito.

Esta revelación se da en un momento en que autores como Thomas Piketty, escritor del libro El capital en el siglo XXI, han puesto luces al tema del incremento de la concentración de la riqueza que se ha dado en todo el orbe a partir de finales de 1970. Respecto de este escándalo, el francés declaró al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) que la “opacidad financiera es uno de los principales impulsores del aumento de la desigualdad global. Permite a los grupos de riqueza superiores pagar tasas de impuestos insignificantes, mientras que el resto de nosotros pagamos grandes impuestos para financiar los bienes y servicios (educación, salud, infraestructuras) que son indispensables para el proceso de desarrollo”.

Abrir una cuenta en un banco suizo no tiene nada de malo. El problema radica en el origen de los recursos y en la evasión fiscal en que la mayoría de los cuentahabientes incurre. La ventaja comparativa de Suiza con relación a la mayoría de los países del orbe no está en los rendimientos –que son muy bajos–, sino en la secrecía con que se manejan los recursos. No indagan sobre el origen de los mismos y la cuenta puede ser identificada simplemente mediante un código numérico. Tampoco dan aviso a las autoridades fiscales de los países de origen, de la existencia de los depósitos, con lo que dejan a la voluntad del depositante el cumplimiento de sus obligaciones fiscales en su país de origen. Esto hace de Suiza un paraíso para ocultar riquezas.

México es un país donde mucha de la riqueza es producto de la corrupción y del capitalismo de cuates, no de la innovación y la competencia de mercado. Privatizaciones a modo, con regulaciones deficientes y debilidades institucionales, han facilitado también la acumulación de riqueza. Esta situación nos ha llevado a tener un país con una desigualdad intergeneracional agraviante –encabezamos la lista de países de la OCDE en este rubro– y donde junto con más de 30 billonarios de la lista Forbes conviven cerca de 64.5 millones de pobres (11.5 millones en condición de pobreza extrema).

El eje central de las investigaciones que realizamos en el Centro de Estudios Espinosa Yglesias gira en torno del tema de la movilidad social –ascenso y descenso de clases–. Estamos convencidos de que la mejor manera de combatir la pobreza y la desigualdad, y de romper las barreras que fomentan la inmovilidad social, es a través de lograr una sociedad meritocrática, donde los accidentes de cuna no determinen el destino de las personas. Para lograr esto es necesario que el Estado garantice el acceso a salud y educación de calidad, así como una pensión mínima, entre otras cuestiones. Esto permitirá que los individuos puedan participar competitivamente en el mercado laboral formal, siendo empleados o emprendedores exitosos. Sin embargo, como bien apunta Piketty, esto es imposible si los que más tienen no contribuyen con el pago de sus obligaciones fiscales.

En suma, el escándalo fiscal de HSBC nos obliga a reflexionar sobre los problemas de concentración de la riqueza, de evasión fiscal y sobre la necesidad de fortalecer fiscalmente al Estado, para así revertir, a través de una buena política social, la pobreza, desigualdad e inmovilidad social que prevalecen en México.

 

*Ver información en el portal del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

 

Enrique Díaz-Infante Chapa es licenciado en Derecho por la UNAM y maestro en Políticas Comparadas y en Política Social, ambas por la London School of Economics and Political Science. Actualmente es investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias y doctorado en el IIJ de la UNAM (@ediazinfante).
Las opiniones de Enrique Díaz-Infante son a título personal y no representan necesariamente el criterio o los valores del CEEY.

 

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