Un menor crecimiento en México es una mala noticia. Pero desde otro enfoque, renovado y a futuro, el dato se convierte en la oportunidad para ver qué está haciendo falta para tener los ritmos de crecimiento que el país busca.

 

 

En este momento —en el que se habla tanto de la viabilidad, duración y alcance del Pacto por México, y en el que surgen voces reclamando cambios en la postura de algunos partidos y grupos dentro de los mismos— es necesario poner en contexto las recientes cifras dadas a conocer por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) respecto al crecimiento económico en 2013, en las que ajusta a la baja su estimación de crecimiento de 3.5 a 3.1%.

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Estas cifras muestran claramente una desaceleración. El crecimiento anualizado de la economía mexicana en el primer trimestre, respecto al mismo trimestre del año anterior, fue de tan solo 0.8%.

Este dato es resultado de un menor dinamismo en las importaciones de Estados Unidos, lo cual, sumado a la caída en el Índice General de Actividad Económica (IGAE), llevó a las principales instituciones financieras a reducciones en las estimaciones del crecimiento esperado para México en 2013.

En este sentido, existe un consenso y un acuerdo generalizado que lo que está en el fondo de la desaceleración de la economía mexicana es, nuevamente, la falta de impulso de la economía estadounidense.

Sin duda, desde cierto punto de vista, un menor crecimiento esperado es una mala noticia. De forma simplificada, un menor nivel de expansión económico en general implica menores niveles de consumo, inversión y recaudación, con el consecuente impacto en la economía de las empresas y las familias. La percepción: esa sensación de que estamos apretados y no crecemos lo suficiente. Un contratiempo para todos.

Y bien, ¿por qué el menor crecimiento es una excelente noticia?

Aceptar en dónde estamos y en dónde no estamos es una gran oportunidad para ver qué es lo que está haciendo falta para tener los ritmos de crecimiento que el país busca. Me explico: si bien justificar, razonar o minimizar la caída en el ritmo de crecimiento podría darnos un alivio temporal, allí no hay nada que haga una diferencia respecto al compromiso de alterar de una vez por todas la capacidad de crecimiento de la economía mexicana.

El riesgo de justificarnos es perder el enfoque y la oportunidad de alterar significativamente el nivel natural de crecimiento de nuestra economía. Conformarnos con que todo se debe al dinamismo de la economía de Estados Unidos o a la base de comparación, es darle nuestro poder a factores externos, quedarnos de brazos cruzados esperando a que las cosas las resuelva o se resuelvan por alguien más.

Lo que en el largo plazo nos va a permitir hacer una diferencia en el ritmo de crecimiento económico es atacar las causas subyacentes, raíz y fondo del tema.

Una causa de fondo en el menor crecimiento económico y, consecuentemente, de la falta de crecimiento en los salarios reales, ha sido el nulo crecimiento de la productividad general de la economía mexicana. Si bien algunos sectores han tenido incrementos en la productividad, como el sector manufacturero, el hecho es que en una gran mayoría la productividad ha decrecido y esto limita la capacidad de crecimiento de los salarios reales.

Ser más productivos requiere de realizar una serie de reformas estructurales que permitan a todos los sectores remover cuellos de botella, facilitar las cosas, ampliar el acceso a tecnología y financiamiento, pasarnos a la formalidad, en pocas palabras, democratizar la productividad.

Dado este contexto, resulta indispensable reflexionar sobre la necesidad de las reformas estructurales contenidas en el Pacto por México y, antes que cualquier otra cosa, llevarlas a cabo para darle al país una capacidad de crecimiento propia.

Un contratiempo sirve para volver a estar conscientes del compromiso que tenemos y lo qué es realmente importante para nosotros como país. Así, el contratiempo que enfrentamos con esta noticia, el menor ritmo de crecimiento, no es otra cosa que la oportunidad de volver a captar nuestro compromiso para crecer al ritmo que anhelamos.

Si el precio que hay que pagar para crecer a un ritmo mayor de aquí al infinito es crecer menos en 2013, bienvenido este menor ritmo de crecimiento que nos hace presentes y conscientes. ¡Qué excelente mala noticia!

 

 

Contacto:

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