Hoy la innovación en lujo es responder a las exigencias de trazabilidad. Es volver al ‘ethos’ de los griegos, ética y estética.

 

 

Esta semana hemos celebrado la tercera edición de los premios de lujo sostenible. La entrega de premios en Villa Ocampo, en Buenos Aires, ha sido un homenaje a los pioneros en este viaje, a los emprendedores que creen  que el auténtico lujo solo puede ser responsable.

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El brasileño Oskar Metsavaht, fundador de la Osklen, nos recordaba que todas las marcas de lujo nacen de historias de innovación. Cuando el Sr. Louis Vuitton invento un baúl de tapa plana y tejido impermeable, su intención no era crear un status symbol, sino solucionar una necesidad y ofrecer el mejor producto posible. Los viajeros adinerados de entonces buscaban una alternativa a los pesados baúles de piel y tapa curva no aptos para viajar las travesías transoceánicas. Nos decía Oskar que hoy la innovación en lujo es responder a las exigencias de trazabilidad. Es volver al “ethos” de los griegos, ética y estética.

A continuación nos inspiró Alan Frampton el inglés propietario de CRED, la empresa que quiere revolucionar la venta de metales preciosos y sustituirlos por metales de comercio justo. CRED compra y afina oro con extracción responsable de minas cooperativas en Latinoamérica. En estas minas, nos asegura, las condiciones de trabajo de los mineros son correctas y se evita el uso de mercurio para la extracción.

Alan, entre inglés y español con acento andaluz, nos contaba que después de dedicarse al comercio de flor cortada durante años, se enfrentaba a un sector con mucho retos medioambientales y sociales, en el que la elaboración de un alianza exige remover más de tres toneladas de tierra.

El hotel La Becasina recibió el premio en la categoría de hospitalidad. Hace años su fundador y propietario decidió que el Tigre, nombre que dan los porteños al delta del río Paraná, necesitaba un hospedaje de lujo para disfrutar esta naturaleza amenazada. Tomó también la decisión de que lujo significaba conservar este entorno precioso de la selva más meridional del continente americano.

La emprendedora chilena Paulina Robson, premio de sostenibilidad a la empresa pequeña de accesorios, lidera un proyecto de accesorios basado sobre el uso de la piel de salmón. Este es un subproducto de la acuicultura de salmón, una industria próspera y clave para la economía de Chile. Nos explicó su sueño de mejorar el mundo bolso a bolso.

En la sala de lectura de esta villa emblemática bonaerense se vivió el 31 de octubre un momento mágico. Empresas grandes y pequeñas unidas por la convicción de que el lujo debe volver a su auténtico significado. Esto es: “Productos hechos para durar siempre por gente que se dignificó haciéndolos”. La tecnología nos permite hoy conectar artesanos y clientes. Ellos ven su trabajo reconocido y los clientes adquieren productos únicos y personalizados, en una transacción similar a lo que ocurría hace siglos. Ha tenido que llegar internet para permitirnos esta vuelta a la manera de hacer productos de lujo en el pasado.

Me preguntan con frecuencia cómo se puede hablar de lujo y responsabilidad en momentos de crisis y en países con grandes desigualdades sociales. ¿Qué tiene de responsable vender productos a precios tan altos e inaccesibles para la mayoría? Mi respuesta es otra pregunta: ¿Qué tiene de responsable comprar una camiseta a un euro o un dólar? Es que en ese caso, ¿no nos preguntamos de dónde viene y como está hecha?

 

 

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