Hace 15 años planteaba en mi tesis de maestría que Internet era capaz de organizar y acercar a diferentes grupos sociales, cuya interacción podría convertirse en movimientos, llevándolos de los espacios digitales a los físicos.

En aquel entonces, no existían las redes sociales y el acceso a Internet era bastante limitado para la población. En 2003, había poco más de 12 millones de usuarios de Internet en México, que correspondía al 10% de la población; en el planeta se calculaban 780 millones de Internautas. Hoy, en el país rondamos los 80 millones de usuarios y alrededor de 3, 500 millones de personas en el planeta pueden navegar por la web.

Lo que planteaba en aquella investigación era bastante arriesgado, pues apenas una pequeña parte de la población tenía acceso a las tecnologías de información y comunicación.

La referencia fueron los movimientos contra la Cumbre Mundial de Comercio de la OMC, que iniciaron en noviembre de 1999. Los globalifóbicos, como fueron llamados por el entonces presidente Zedillo, no representaban a un solo grupo, por el contrario, se trataba de un conglomerado de organizaciones civiles, sindicatos y ambientalistas, que incluso tenían discursos opuestos, pero que veían en el libre comercio un enemigo en común.

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La muy limitada tecnología de aquel entonces, consistente en mensajes de texto, llamadas a celulares y páginas web, permitió reunir a más de 40 mil personas para protestar. No hubo un llamado oficial de ninguna organización, sino una convocatoria masiva hecha a través de la tecnología. Aquel fue el primer movimiento social masivo organizado a través de las TIC.

Hoy, entendemos que una gran parte de la protesta social se organiza, se convoca y se amplía a través de las redes sociales y las plataformas digitales y que muchas veces, sólo se cuentan con estas herramientas para hacer un posicionamiento sobre algún tema de interés público. Al final, los medios sociales han permitido la visibilización y sensibilización ante muchos problemas de los que no se tenía conciencia.

Por ejemplo, la Primavera Árabe, el movimiento #MeToo, el #YoSoy132 o el #InternetNecesario fueron algunos movimientos que iniciaron en Internet y que tuvieron un gran impacto en el mundo físico.

No obstante, las protestas digitales han tomado diferentes caminos e incluso han creado fenómenos propios, como el caso del slacktivismo o clickactivismo, que lejos de ayudar, lo que hacen es trivializar una problemática o polarizar a diferentes grupos sociales.

Los términos se refieren al supuesto activismo que las personas hacen al compartir o comentar ciertas publicaciones, pero sin que exista una continuidad de acciones en el mundo físico; es decir, se limitan a protestar en sus redes sociales y ya.

Un ejemplo de ello es la plataforma Change.org, que, si bien canaliza el enojo o la preocupación social, los documentos que se firman digitalmente no son vinculantes con nada, sólo sirven para demostrar apoyo o rechazo en redes sociales.

Las protestas digitales son muy importantes en el contexto actual, de hecho, sería difícil que pequeñas organizaciones tuvieran un impacto profundo en la sociedad sin el eco que representan las redes sociales, no obstante, no deja de existir un riesgo de que, a través de la comunicación digital, las posturas políticas y sociales se trivialicen.

 

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