Relación con los padres

Quien haya estado en una terapia psicoanalítica o haya madurado lo suficiente, sabrá que una de las cosas más difíciles en la vida es el reconocer las emociones negativas que podemos sentir en contra de nuestros padres.

Cuesta mucho y lleva tiempo llegar a un nuevo equilibrio en donde aceptamos los aciertos y las fallas y, sobre todo, la amplia gama de emociones que tenemos escondida en el inconsciente con respecto a papá y a mamá.

Quien no madura lo suficiente sigue idolatrando ciegamente a sus padres o, por el contrario, culpándolos eternamente por todo lo que le acontece. Ser objetivo, observar toda esta complejidad desde el exterior y responsabilizarnos por nuestra conducta es sumamente difícil; es el paso hacia la mayoría de edad y no todos los damos.

La Tribu

Esta relación compleja con los padres puede proyectarse en otras figuras de autoridad, como los maestros, los jefes, los gobernantes o los líderes de la Tribu.

Llevamos siglos de convivir en grupo y nuestro instinto de supervivencia está atado a la Tribu. Por tanto, es sumamente difícil criticar al grupo al que pertenecemos, sea religioso, social, empresarial, nacional o político.  La Tribu nos aclara: “o estás conmigo, o estás contra mí”.

La vergüenza, es una de las emociones más destructivas que existen, porque dejamos de recibir la protección del grupo. En la antigüedad el ostracismo -derivado de la vergüenza- equivalía a la muerte física, hoy puede manifestarse como una muerte psicológica.

La dinámica no para ahí, pues compito contra «hermanos» por el amor materno y paterno, o divino. Así que divido y hago alianzas en contra mis hermanos para asegurar mi pertenencia al grupo o mi supremacía como jefe de la Tribu.

Democracia republicana liberal

La democracia republicana liberal pretende romper con ese hechizo tribal-familiar.

Ya no hay soberano por designio divino, ya no hay autocracia o dictadura. Por encima de los gobernantes hay leyes que ellos mismos deben respetar. Para lograrlo, el poder debe separarse y acotarse con contrapesos de otros poderes.

Para los ciudadanos, hay libertad de credo, de pensamiento y de expresión.

Para el gobernado, todo lo que no le está prohibido le está permitido. Para el gobernante es al revés: todo lo que no le está permitido, le está prohibido.  De esta manera, las constituciones republicanas democráticas tienen dos grandes apartados: La de derechos de los ciudadanos y la de obligaciones para el Estado.

Hoy estamos en una época en que la política tribal ataca a la democracia liberal, incluyendo a los medios de comunicación. Y como reacción, hay un intento por rescatar y mejorar las instituciones que nos protegen de los excesos tribales arcaicos o de nuestra inmadurez personal. Es un diálogo más emocional que racional que se conecta a las partes más íntimas y ocultas de nosotros mismos, a la Sombra -como diría Jung- y, por tanto, no es fácil de reconocer y trabajar. Es un punto ciego de la consciencia.

Tiempos de cambio personales y colectivos

Hay muchas maneras de interpretar los cambios que vivimos, pero uno que es muy fresco, simbólico y mágico es el de Richard Tarnas, profesor de filosofía y psicología, y autor de dos libros fascinantes: The Passion of the Western Mind y Cosmos and Psyche.

De acuerdo con Tarnas, desde el 2008 y hasta el 2023, vivimos un choque de arquetipos entre las necesidades básicas y la estructura del poder. No es casualidad, entonces, que el mundo esté inmerso en una crisis de instituciones financieras, políticas, sociales, religiosas, familiares y sexuales.

De un lado tenemos a las instituciones vigentes que pretenden ayudarnos a convivir pacíficamente en sociedad, del otro, la presión de individuos o grupos que se sienten excluidos o agraviados.

La Sombra –lo no resuelto- hace intentos por aflorar para liberarnos; lo que antes funcionaba y brindaba seguridad, ya no funciona. Sin embargo, este conjunto de verdades ocultas y dolorosas no siempre emerge de manera pacífica y ordenada, ni se expresa de manera racional. Una manifestación negativa puede ser el proyectar sobre otros nuestros propios temores, inseguridades y fracasos: Creamos chivos expiatorios, enemigos imaginarios que deben ser abatidos y caricaturas de líderes que los persiguen.

Si entendemos lo que realmente está en juego podemos construir un nuevo orden más equilibrado, pacífico y justo. Si no lo entendemos y resolvemos con sabiduría podemos caer en la represión, el autoritarismo y la violencia.

Debemos estar atentos a lo consciente y a lo inconsciente. Urge terapia colectiva para revisar los pantanos personales y colectivos para trascender hacia un nuevo nivel de consciencia.

 

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