Una muerte repentina deja cabos sueltos. Palabras sin expresión y acciones que nunca tuvieron oportunidad de suceder. Nos duelen las posibilidades futuras, ése es el despojo más grande porque nunca podrá ser. Las promesas selladas con un muerto nos atormentan y afectan nuestra vida de manera permanente. Liberarse de ellas conlleva un proceso de duelo, de aceptación con la realidad. Esos son los temas que aborda Fantasmas del pasado (Personal Shopper, 2016).

Maureen (Kristen Stewart) es una joven que vive en París. Su hermano gemelo murió unos meses atrás debido a una falla cardíaca genética que ella comparte, de la misma manera en que ambos “tienen” la habilidad de comunicarse con los muertos. La protagonista pasa sus jornadas esperando que el fallecido la contacte, al tiempo que se dedica a cumplir todas las tareas mundanas de una famosa estrella de la farándula (principalmente, comprar ropa)… hasta que un día comienza a recibir mensajes de un extraño interlocutor. ¿Será la señal que estaba esperando?

Las películas más recientes del francés Olivier Assayas tienen como tema central la memoria y sus efectos en nuestras vidas. Ya sea como un recuerdo cálido de juventud, a la manera de Después de mayo (Après mai, 2012); o como el inevitable eco de lo que fue y la incertidumbre en el horizonte, como experimentaba la protagonista de Las nubes de María (Clouds of Sils Maria, 2014). Fantasmas del pasado lidia con ese tema también, pero sus consecuencias están en el presente.

El personaje de Stewart deambula por las calles de París como lo hacían los actores principales de L’avventura (1960), una de las obras emblemáticas de Michelangelo Antonioni. Maureen vive entumecida con la expectativa de recibir una señal de su hermano y llena de temor por el mismo motivo. Es incapaz de tomar decisiones por miedo a perder algo y las promesas hechas a su gemelo la mantienen atada a París. Los verdaderos fantasmas de Maureen están dentro de su cabeza, aun cuando espíritus se manifiesten a su alrededor. Kisten hace un trabajo bastante sólido sublimando todas esas emociones en pequeños gestos y expresiones, como ese masculino andar con el que se mueve a todos lados.

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El nuevo trabajo de Assayas cruza géneros y evita en todo momento ceñirse a estructuras tradicionales, ahí es donde se manifiesta el genio del cineasta francés. Personal Shopper muta constantemente, pasando del drama familiar, al cine de horror y el thriller psicológico y de regreso, manteniendo su propio ritmo. La voz de Assayas es la más importante a lo largo de la película, son sus preocupaciones las que transpiran en el celuloide. Como dice Andrey Tarkovski en su seminal libro Esculpir el tiempo: “La verdadera imagen cinematográfica se crea luchando con los distintos géneros y destruyéndolos, y aquellos ideales que el artista trata de explicar, obviamente no se prestan a ser confinados dentro de los parámetros de un género cinematográfico.”

Assayas ha creado un lienzo intrigante y frustrante, que nos invita a sumergirnos para enfrentar nuestros propios demonios. Sólo en nuestra intimidad podemos reconocer ese peso que cargamos y necesitamos eliminar.

 

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