Premio Cervantes 2015, el reconocimiento a un autor total. Dibujante, diplomático, académico, locutor de radio y, por encima de todo, escritor, Del Paso se ha adentrado en los principales géneros literarios, no siempre con la misma imaginación, profundidad y fortuna, pero sí, en cambio, con una escritura pulcra y a prueba de fuego.

 

Íñigo Méndez de Vigo, ministro de Cultura español, se encargó de dar la noticia ayer: “Tras tres sucesiva votaciones resultó ganador, por mayoría, del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, correspondiente a 2015: don Fernando del Paso, por su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad como hizo Cervantes en su momento.”

Luego, añadió: “Sus novelas, dice el jurado, llenas de riesgos, recrean episodios fundamentales de la historia de México, haciéndolas universales.”

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Segundos después, Inés Fernández-Ordóñez, justamente presidenta del jurado, se encargó de explicar un poco más los motivos de la designación: este premio, puntualizó, valora a un escritor “innovador, que asume riesgos y es valiente en su innovación, como Cervantes hace 400 años”.

Pieza experimental.

Pieza experimental.

Fue clara: “Su obra forma parte de la historia de la literatura hispanoamericana y resulta singular su carácter innovador, tanto formal y en contenidos, lo que la hace muy representativa para México. Él es uno de los autores más leídos. Hace justicia al galardón que hoy se le conceda a él.”

Así, al recibir este premio —concedido anualmente por el Ministerio de Cultura de España (a propuesta de las Academias de la Lengua de los países de habla hispana), y hoy convertido ya como el más importante de las letras en español—, el escritor mexicano sucede a Juan Goytisolo, ganador de la edición de 2014.

Un reconocimiento, dicho sea de paso, a un autor total. Dibujante, diplomático, académico, locutor de radio y, sobre todo (y por encima de todo), escritor, Del Paso se ha adentrado en los principales géneros literarios: novela, poesía, teatro, cuento, ensayo y periodismo; no siempre —aclaro— con la misma imaginación, profundidad y fortuna. Pero siempre, en cambio, con una escritura pulcra y a prueba de fuego.

Eso sí: aunque ha dejado de escribir en los últimos meses por tener severos problemas físicos y de salud, no ha perdido la lucidez, la sencillez, el humor, tampoco el pulso del país: “En México hay mucho narcotráfico, mucho delito, mucha extorsión, mucha corrupción y parece que no mejoramos nunca”, dijo don Fernando a W Radio. “Yo tengo poca esperanza. Sin embargo, espero que con el tiempo la gente reaccione, pero no con violencia… Lo malo es que si no es [con] violencia, yo no sé cómo se van a corregir las cosas.”

Unos minutos después (en unos breves comentarios con Grupo Fórmula), él fue todavía más específico: “Estoy muy triste porque el país parece no avanzar lo que debería: hay mucho narcotráfico, crimen organizado, extorsiones y corrupción, sobre todo corrupción.”

§§§

En noviembre de 2007, don Fernando tomó mi llamada —vive en Guadalajara— para hablar un poco de su vida y su obra. Semanas atrás había sido galardonado con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe —antes conocido como Premio Juan Rulfo—, que otorga cada año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El resultado de aquella charla saldría publicado en las páginas de la (desaparecida) sección de cultura de El Financiero. Aquí transcribo y recupero esas reflexiones, vigentes aún…

—Parece que ahora sí, don Fernando, parece que ahora sí ha llegado a la edad de los homenajes. ¿Qué siente, qué piensa al respecto? Fíjese que un maldoso decía que estos homenajes suelen llegar pos mortem…

—Pues sí, es verdad… a veces estos premios se dan así, pos mortem… Pero en realidad, al menos es lo que yo pienso, la parte fundamental de mi obra ya está escrita y publicada desde hace 20 años, y es esa parte de mi obra por la que se me premia, o eso creo… Entonces, a veces las cosas llegan un poquito tarde; sin embargo, de todos modos son muy agradables. Además, como ya lo he dicho repetidamente: cada vez hay más buenos escritores que buenos premios, de modo que cada vez que premian a un escritor dejan de premiar a otros que también lo merecerían tanto como el premiado…

Novela influyente de la narrativa mexicana.

Novela influyente de la narrativa mexicana.

Incluso desde el otro lado de la línea, Fernando del Paso no pierde su porte: es un hombre a la vez reservado y cordial, serio y afable. Por momentos da la impresión de que habla como escribe (aislando cada oración, lo cual puntea la conversación de frases seguidas, continuas, como esas comas muy habituales en su prosa) y, claro, utilizando de vez en vez algo de humor.

—Yo siempre he tenido un sentido del humor tumultuoso, por así decirlo; de toda clase de humores: del fino, del sarcástico o del negro —dice—. Lo empecé a desarrollar a partir de los 20 años, y se ha dado en mi obra todo el tiempo, pero principalmente en Palinuro de México. Es cierto que tanto José Trigo como Noticias del imperio tienen humor; sin embargo, no es muy abundante. En cambio, en Palinuro casi en cada página hay humor; fue ahí, en ese libro, donde de alguna forma vacié todo ese sentido lúdico de la vida que tenía en esa época, y que no he perdido pero se ha apaciguado un poco.

Desde luego, cuando Del Paso habla de José Trigo, Palinuro de México y Noticias del imperio se refiere a sus obras más representativas. La primera, que recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1966, es una pieza experimental, su intento de escribir una obra totalizadora, también un homenaje al lenguaje popular y los juegos de palabras. La segunda, publicada diez años después —que obtuvo el Premio Rómulo Gallegos 1982, que otorga el gobierno venezolano a la mejor novela escrita en español—, fue considerada en los ochenta una de las novelas más influyentes de la narrativa mexicana. Luego, en 1988, publicó Noticias del imperio, cuadro histórico que narra la trágica aventura mexicana de Maximiliano y Carlota de Habsburgo.

—Viéndolo a distancia, ¿qué piensa de Palinuro, y también de José Trigo, la cual, lo sabemos, fue apreciada y vapuleada en su momento?

—Bueno, todo es perfectible y todo es mejorable, y todo se pudo haber escrito de otra forma. Pero no me arrepiento de nada de lo que haya escrito. Quizá tengan algunos errores, y eso es todo. Sin embargo, no me arrepiento de José Trigo, de Palinuro ni de Noticias del imperio… como tampoco me arrepiento de ninguno de mis artículos (que han sido mucho) que he publicado a lo largo de mi vida en distintos periódicos. A lo mejor, en el caso de los artículos, ya no soy el mismo que escribió eso, ya no pienso lo mismo o he matizado mucho mi pensamiento y opinión, pero respeto a la persona que yo fui a esa edad, y que pensaba así.

—Pero, entonces, ¿con la edad es más fácil aprender o desaprender, don Fernando?

—Lo que sucede es que con la edad se aprenden más cosas que no se habían aprendido antes; pero, al mismo tiempo, uno se da cuenta que mientras más sabe menos sabe: es que el campo de la cultura y la historia son prácticamente infinitos. Y eso no es todo. Se aprende también desde el otro punto de vista, en lo que concierne no a la erudición sino a la sabiduría; hablo en el sentido bíblico… Hablo de las lecciones que, por decirlo de alguna manera y aunque suene demasiado formal, le da a uno la vida y los errores que uno ha cometido.

Cuadro histórico.

Cuadro histórico.

—¿Y qué pasa con la escritura? ¿Se escribe más rápido con la edad, salen mejor los textos, más rápido..?

—Yo no sabría contestarle eso, yo siempre he sido un escritor muy complicado, muy complejo. Sin embargo, hice un viaje de la complejidad no hacia la sencillez sino hacia una complejidad muchísimo menos densa. José Trigo es el libro más denso que tengo, y en orden de densidad le sigue Palinuro y Noticias del imperio. Luego está ese divertimiento (del que quedé bastante satisfecho) que es Linda 67.

—Supongo, entonces, que no se arrepiente de ser escritor, de haber dejado de lado la carrera de economista…

—Por supuesto que no. No sé si le he dado todo a la literatura, aunque sí le he dado bastante; sin embargo, la literatura me ha dejado muchas satisfacciones. De hecho, mire, yo no soy un escritor que pueda vivir de sus regalías, porque es mayor mi fama que la venta de mis libros. Noticias del imperio se vende con regularidad, pero no en los miles que necesitaría para vivir de ella. Empero, sí indirectamente vivo de mi literatura y vivo bien, porque soy miembro de El Colegio Nacional (por el hecho de ser escritor) y de la Universidad de Guadalajara, donde se me ha pedido siempre que dedique la mayor parte de mi tiempo a escribir, así que todos esos beneficios y premios y becas me han ayudado mucho, sobre todo en un país como México, que todavía es muy generoso con sus escritores. Y digo todavía porque no sabemos cuándo esto vaya a cambiar.

—En ese sentido, ¿cómo ha percibido la evolución de los lectores? Usted lleva ya 50 años ejerciendo el oficio de escritor…

—La verdad es que la veo muy pobre y muy lenta, porque hay mucha miseria en el país. Cuando un libro te cuesta más que un par de zapatos, la gente prefiere comprar un par de zapatos… Por ejemplo, hoy existe la cultura del préstamo a domicilio de las bibliotecas, pero es muy débil porque tampoco existen bibliotecas con grandes acervos… Las prioridades siguen siendo la alimentación, la habitación, la salud. Mientras la gente no tenga resueltos estos problemas, ¿cómo queremos que se interesen por los libros?

—¿Cómo ve, entonces, el país?

—Muy enfermo. Y parecería que cada vez va peor.

—¿Cree que la literatura puede ayudar a un cambio social?

—Yo lo dudo. Yo soy un poco escéptico en ese sentido. Solamente la literatura, si la consideramos también como periodismo, la literatura periodística, que ya no es ni ficción ni novela ni cuento ni teatro ni ensayo literario, podría, en cierto sentido, intentar modificar algo…, o sea, el lenguaje puede ayudar al cambio social, por supuesto. Hay libros que han cambiado el mundo, el concepto del mundo… A pesar de que el marxismo ya es obsoleto, hay que reconocer que en algunas cosas fue un libro que cambió el mundo; la Biblia y el Corán, también. Sin embargo, el periodismo es lo que ayuda a cambiar ahora el mundo.

—Llegado a este punto, don Fernando, ¿le preocupa la vejez..?

—¡Pero si ya estoy en la vejez! (ja-ja). Además, sufriendo toda clase de (y no es un juego de palabras) vejaciones y achaques. Ya sabe: hay cosas que no te funcionan bien; todos los días hay algo que va mal. A la vida le doy gracias de haber podido llegar a esta edad lúcido, aunque la memoria comience a fallar ya un poco.

—¿Y la muerte?

—Ésa sí me preocupa, le temo. No me gusta nada la idea de morir. Pero como dijo Álvaro Mutis: al nacer caemos en una trampa. Porque, al mismo tiempo, uno acepta que no hay más remedio…


Nota bene: En su edición número 30, y dotado con 125,000 euros, el Premio Miguel de Cervantes 2015 le será entregado a Fernando del Paso en un acto especial el 23 de abril de 2016, en la Universidad de Alcalá de Henares, España. Por lo pronto, el Fondo de Cultura Económica ha publicado Obras I, II y III, que recogen la producción literaria y periodística de Del Paso, y más recientemente Bajo la sombra de la historia: Ensayos sobre el islam y el judaísmo / vol. I y El va y ven de las Malvinas, además de sus tres novelas emblemáticas: José Trigo, Palinuro de México y Noticias del imperio.


 

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