La consolidación de las operaciones y la reducción de costos son sólo dos aspectos que darían sentido a la fusión. Aquí explicamos otras más.

 

Por Joann Muller

PUBLICIDAD

Sergio Marchionne, el CEO de Fiat Chrysler, ha discutido durante años que la industria automotriz mundial necesita consolidarse a fin de alcanzar todas las emisiones y tecnologías de seguridad en el horizonte. Como ex contador y abogado, tiene algunos puntos válidos: la industria automotriz mastica capital como ninguna otra (los principales fabricantes de automóviles destinaron un combinado de 134,000 millones de dólares en gastos de capital e I+D en 2014). Y la rentabilidad sobre el capital invertido (un promedio de 7.8% el año pasado) es minúscula en comparación con la de otras industrias.

Sin embargo, ninguno de sus competidores está interesado ​​en unir fuerzas, sobre todo ahora, cuando la industria disfruta de ventas casi récord. Recientemente, el New York Times informó que Marchionne envió un correo electrónico privado a la CEO de General Motors, Mary Barra, exponiendo su necesidad de consolidación y por qué una fusión entre GM y FCA ahorraría a ambos fabricantes de automóviles miles de millones de dólares. En ese momento, GM aún trataba de recuperarse de una crisis de retiro de vehículos por motivos de seguridad y enfrentaba una posible lucha de poderes entre un grupo descontento de inversionistas. Marchionne, como otras tantas veces antes, olió la oportunidad.

Pero Barra, quien rechazó la sugerencia de Marchionne, tenía otros planes. GM, sentía, era lo suficientemente fuerte como para comprometerse a pagar no sólo 10,000 mdd a los accionistas a través de recompras de acciones y dividendos más altos, sino a obtener otros 5,400 mdd en sus fábricas de Estados Unidos en los próximos tres años, sin afectar el balance recién restaurado de GM.

¿Dónde deja eso a Marchionne y a Fiat Chrysler? Pues siguen buscando un socio.

En realidad sólo hay un candidato potencial para una fusión que tiene sentido: Volkswagen AG. La automotriz alemana es el segundo fabricante de automóviles más grande del mundo, detrás de Toyota Motor, pero no es un jugador importante en Estados Unidos, debido a que carece de los SUV y camionetas que los estadounidenses aman.

Coincidentemente, es ahí donde Fiat Chrysler es fuerte. Su marca Jeep crece como loca, y sus camionetas Ram le han robado constantemente participación de mercado a Chevrolet y Ford.

Imaginen al gigante norteamericano que resultaría: autos europeos de pasajeros con un marcado espíritu deportivo (VW), el líder tecnológico de los autos de lujo (Audi), todo terrenos icónicos (Jeep) y resistentes camionetas de carga (RAM). (Lo siento, Chrysler y Dodge: ustedes probablemente no son lo suficientemente buenas.)

Al menos desde una perspectiva norteamericana tiene todo el sentido del mundo que Volkswagen se asocie con Fiat Chrysler.

Sin embargo, al otro lado del Atlántico, es una ecuación diferente. VW ya es fuerte en Europa y no tiene ningún interés en sumar a su oferta los compactos de Fiat. Además, en un continente donde ya existe un exceso considerable de capacidad de producción, las plantas de Fiat son ineficientes y obsoletas, y sus relaciones laborales son un desastre. Alfa Romeo, a pesar de las promesas de Marchionne de un renacimiento, aún no va a ningún lado, y Ferrari se escindió. Eso deja a Maserati, que está creciendo muy bien, pero cuenta con una base muy pequeña.

Y desde un punto de vista tecnológico, no hay nada que Fiat Chrysler pueda ofrecer a Volkswagen que no tenga ya.

Es más, Volkswagen tiene sus propios problemas, sobre todo tras el reciente problema entre el CEO Martin Winterkorn y Ferdinand Piëch, ex presidente y miembro de las familias que controlan Porsche-Piëch. Piëch desafió públicamente la capacidad de liderazgo de Winterkorn, pero el resto del consejo de supervisión de VW respaldó a Winterkorn, y Piëch renunció. Sin embargo, algunos observadores de la industria especulan que VW aún no ha visto el final de ese caso, especialmente desde que la familia Porsche-Piëch aún controla 50.7% de la compañía.

Mientras tanto, Winterkorn también se enfoca en la consolidación, pero dentro de su propia compañía. Tras su reciente adquisición del total de Porsche, motocicletas Ducati, y los camiones de carga MAN y Scania, la compañía tiene ahora 12 marcas bajo el Grupo Volkswagen. Para los próximos años, sus esfuerzos se enfocarán en intentar reducir costos y aprovechar las sinergias entre las marcas.

Sirva todo lo anterior para decir: no den por sentada la fusión de FCA y Volkswagen, al menos por el momento.

En cambio, Marchionne tendrá que encontrar una manera de limpiar su propia casa y esperar hasta la próxima crisis para hacer su movimiento.

 

Siguientes artículos

Sin miedo al conflicto postelectoral
Por

Es momento de aplicar sin miedo la Ley Electoral si queremos que el país sea verdaderamente democrático y los políticos...