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Cada año, las fundaciones en México destinan grandes recursos para diversos tipos de programas de desarrollo social, y aunque su labor es meramente filantrópica, las organizaciones que conforman el llamado “tercer sector” trabajan bajo una sombra de duda que es cuestionada por diversos sectores de la sociedad. 

 

En el año 2010, en una clínica de salud pública en el municipio de Nezahualcóyotl, en el Estado de México, la madre de una estudiante de secundaria de 14 años deambulaba desesperada por los pasillos del hospital buscando que alguien le diera una esperanza para curar a su hija que había sido diagnosticada con leucemia.

Lo que para muchos pudiera ser el destino o un milagro, en aquel centro de salud de uno de los municipios con los más altos índices de pobreza en el país se encontraba una voluntaria de la Fundación Unidos por el Arte contra el Cáncer Infantil (Unac), quien ofreció pagarle los boletos de avión a la madre y a su pequeña para que fuera atendida en la ciudad de Monterrey por uno de los mejores médicos de la Universidad de Nuevo León.

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Pero pareciera que el trajín de la vida moderna tiene que ver con la falta de solidaridad y “uno de los motivos por los que la gente prefiere no involucrarse en el altruismo es la falta de claridad y transparencia al hacer donativos”, señala el doctor Roberto Tapia, director general de la Fundación Carlos Slim, quien afirma que en otros países la gente dona porque está segura de que el dinero llegará a su destino; “en Latinoamérica esa seguridad no está dada”.

El informe “Firmas filantrópicas” revela que 69% de las fundaciones participantes utiliza recursos propios para sus programas de desarrollo social, mientras que otro 29% son aportaciones recibidas de particulares y/o otras organizaciones de la sociedad civil (OSC) y empresas. Durante 2013, este grupo de instituciones destinaron algo así como 4,370 millones de pesos (mdp) a programas de desarrollo social.

Aunque la filantropía tiene una larga trayectoria en México, su labor y práctica siempre habían sido exclusivas de las empresas y de las familias prominentes del país. Hoy todos los niveles de la sociedad se involucran en programas de desarrollo social, a través de las empresas o de las fundaciones. En México operan alrededor de 23,500 fundaciones a las que se deben sumar las empresas que aplican programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y que no tienen una fundación; todas ellas, con el objetivo de aliviar los rezagos sociales que aquejan a la sociedad.

 

Inversión social

¿Pero qué ganan las empresas que están detrás de una fundación? Quizá, es poco tangible el beneficio que las compañías obtienen de sus programas altruistas y tal vez sean escasos los programas de desarrollo que pueden ser medibles en cuanto a beneficios para quienes realizan tareas de inversión social.

“La filantropía, es una inversión social con un gran deseo de contribuir a la superación de las personas. Si vas a invertir debes tener un retorno que no es dinero; ese retorno se ve en las personas, menciona Roberto Tapia.

El objetivo es convertir y hacer más productivas a las comunidades, menciona Bertha Merikanskas, directora de responsabilidad social para Latinoamérica de la agencia Edelman, quien trabaja junto con la Clinton Global Initiative en el programa Edelman+ enfocado a disminuir la deserción escolar a nivel secundaria en comunidades marginadas.

Inroads es una organización social que lleva el tema de la filantropía un paso más allá. La institución se dedica a impulsar laboralmente a jóvenes de bajos recursos que cursan una carrera profesional. El programa se basa en el compromiso de las empresas para ayudar a formar y aprovechar el talento de estudiantes con promedio de 8.5, quienes trabajan durante un año en la compañía que les brinda la oportunidad de desarrollarse.

“El plan, a diferencia de las becas que sólo ayudan a terminar los estudios del alumno, busca desarrollar el talento de los estudiantes en el ámbito laboral, quienes en un 80% consiguen quedarse a trabajar contratados por la empresa en la que realizaron su proceso formativo”, afirma Javier Delgado, director general de Inroads México.

A pesar de ello, todavía queda duda sobre cuál es el beneficio de las grandes compañías al invertir millones de pesos en causas filantrópicas. “La satisfacción de las organizaciones, al crear fundaciones o apoyar instituciones altruistas, es contribuir a la superación de las personas y tener esa conciencia social. La intención es una mejora en el entorno social, en los individuos, aumentar la autoestima de las personas y que la suma de esos beneficios impacten al país”, afirma Florencia Infante, presidenta de Unac..

“La única manera de lograr que las personas crean en las instituciones y en las fundaciones es demostrar con hechos y acciones que, en verdad, se usan los recursos de manera adecuada, que sientan el impacto”, comenta Roberto Tapia, quien agrega que en obras como el fomento cultural, es complicado mostrar resultados tangibles, pero en temas de salud y educativos se puede manifestar un antes y un después en la implementación de los programas.

Inroads que nació como una inquietud a partir del discurso histórico “Tengo un sueño” de Martin Luther King en 1970, movió al periodista Frank C. Carr a dejar su trabajo corporativo para crear un organismo que ayudara a los jóvenes afroamericanos, latinos y demás minorías raciales de la unión americana para terminar sus estudios e insertarse en la vida laboral. “Hace 40 años la organización dio el primero paso de la movilidad social, concepto que enmarca la movilidad ascendente del joven y su familia a partir del esfuerzo de los estudiantes que deciden integrarse al programa de la institución”, menciona Javier Delgado.

“La inversión social está vinculada a la inversión productiva, a la mejora de la sociedad, a tener mejores individuos, a cambiar los entornos, los valores y la autoestima de las personas. Por lo tanto, se genera un impacto positivo en el país. De esta manera, estás coadyuvando a que se tenga un crecimiento sustantivo y de calidad en la sociedad”, afirma Roberto Tapia.

Pese al pragmatismo que se vive en el mundo hoy en día, donde los resultados es lo más importante para la consecución de objetivos, las empresas que trabajan con fundaciones y realizan labores filantrópicas tienen un papel importante para resarcir los tejidos sociales. El listado del informe de Forbes México está compuesto por un 60% de empresas que cuentan con una fundación propia, 10% son fundaciones independientes y 30% empresas que a través de sus programas de responsabilidad social realizan trabajos de desarrollo social.

 

Impacto social

“Vivimos un México con muchas carencias y con necesidades tangibles por resolver, que no serán subsanadas, si no se trabaja en función de los requerimientos que la sociedad necesita para desarrollarse y para ello, el papel de las fundaciones es un granito de arena en el humanismo que se le debe imprimir a cada acción social”, señala Florencia Infante.

En México, la educación y el acceso a los servicios de salud siguen siendo dos factores que marcan la brecha de la desigualdad social, aspectos en los que las organizaciones que forman el listado “Firmas filantrópicas” concentran 33% de su presupuesto para educación y 18% para temas de salud. Cuidado del medio ambiente y reforestación es el tercer rubro con 8.7% de los apoyos recibidos de parte de las 38 organizaciones del informe, seguido de alimentación con 8% y apoyo a proyectos productivos 6.9%.

Los programas de las fundaciones se dirigen principalmente a las comunidades urbanas marginadas con 53.5%, mientras que las comunidades rurales concentran 30.8% y las comunidades indígenas reciben 15.7% de los proyectos de trabajo que realizan las organizaciones que aparecen en el listado.

Las niñas y los niños son la población más atendida: prácticamente 80% de las organizaciones participantes tiene al menos un programa dirigido a la población infantil, que va desde educación, salud y alimentación, hasta deporte y cultura, principalmente. El segundo grupo en importancia es el de las mujeres y hombres adultos, hacia donde se canalizaron 32.9% de los recursos de las organizaciones durante 2013.

Y aunque la inclusión social es uno de los temas que más se ha buscado impulsar en los últimos años por parte de las empresas y las organizaciones de la sociedad civil, aún son pocos los recursos y programas dirigidos a los adultos mayores (3.1%) y a personas con capacidades diferentes (8.4%). Tan sólo 1.9% de las organizaciones cuenta con un programa de equidad de género, al menos eso reflejan las fundaciones del listado “Firmas filantrópicas”.

“Una tarea pendiente por parte de las organizaciones de la sociedad civil es promover la cultura de la solidaridad y la ayuda a quienes más lo necesitan. En muchas ocasiones, la necesidad se mide únicamente como el hecho de poseer o no un bien tangible, pero en realidad lo que se debe considerar es la capacidad de servir a los demás y ésa tarea debe empezar desde la niñez, esa es parte de la tarea de Unac”, menciona Florencia Infante.

“En el caso de Inroads que trabaja con jóvenes, el objetivo es que éstos a su vez se comprometan con sus comunidades realizando tareas comunitarias o replicando, de alguna manera, lo aprendido durante su paso por el programa”, señala Javier Delgado. “Todas las tareas y programas de desarrollo social son de largo plazo”, menciona Bertha Merikanskas que, en el caso del programa de enfoque educativo tendrá su primera evaluación de resultados hasta 2018.

“La filantropía no es un asunto de paternalismo, es coadyuvar, dar elementos de desarrollo y cuidar con quién se hace para que no existan conflictos de interés. Aprovechar las ventajas de otras instituciones y organizaciones, su infraestructura, sus herramientas y sus programas, para enfocarlos a las comunidades que se desean atender. La fundación Carlos Slim no necesariamente aporta recursos financieros”, comenta Tapia.

Hoy, Alejandra Soriano, la joven del municipio de Nezahualcóyotl, luego de cuatro años y seis trasplantes de médula ósea, cursa la preparatoria y trabaja como voluntaria para ayudar a que sean tratados más niños enfermos del padecimiento hematológico.

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