Una directora teatral se muda a Nueva York (Agustina Muñoz) para traducir Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. Ése es el punto de partida del nuevo trabajo detrás de la cámara del argentino Matías Piñeiro, Hermia & Helena (2017).

Al igual que en sus trabajos más recientes, la cinta plantea un juego entre la vida personal del cineasta sudamericano, su gusto por el cine y los diálogos de la leyenda inglesa. Es una propuesta que lo ha convertido en una de las voces más interesantes y de mayor proyección en su país.

El director charló con nosotros sobre los elementos que componen su obra, la manera en que estos dialogan y su experiencia detrás de la cámara al filmar su primera película fuera de Argentina.

Llevas unos años viviendo en NY, al principio no tenías interés de filmar allá. ¿Qué cambió?

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Matías Piñeiro (MP): Sucedió que entre la mudanza y ponerse a pensar la película, pasaron cuatro años. En ese tiempo conocí a un grupo de personas con los que me sentí así, listo, para ponerme a hacer una película. En un sentido, yo tenía un grupo de colaboradores en Buenos Aires con el que, al venir a Estados Unidos, tomé distancia natural, cuando llegué acá no tenía a nadie. Si hago algo es porque tengo ganas de trabajar, con gente que quiero trabajar. Al pasar el tiempo encontré personas con las que no fuera forzado hacer una película aquí (NY), al mismo tiempo mantenía el contacto con los amigos de Buenos Aires. Me parece natural que queden las marcas del trabajo que sigo haciendo. Las dos no se separan una de la otra.

Sigues con los juegos de la obra de Shakespeare, sin embargo, aquí, el personaje principal pasa por un proceso muy similar al tuyo.

MP: Sí, hay puntos de contacto, pero todas las películas los tienen. En La princesa de Francia (su película anterior), el protagonista regresa a Buenos Aires para montar una obra, se parece a Matías regresando para hacer la cinta. Siempre hay juegos así, son cosas muy biográficas que son superficiales, generan la ficción. Yo no tengo un padre norteamericano, por ejemplo. Hay cosas que me interesan, sin embargo no quiero forzarlo. Me parece más productivo poner cosas cercanas y partir de eso la ficción, no empezar en la nada.

Eso le da un toque íntimo a las películas…

MP: La cámara permite que aparezcan pequeños elementos de las personas que están siendo fotografiadas. También filmó donde me gusta, una esquina, un lugar. Son cosas muy personales. Las películas quedan como un álbum de un momento de la vida de uno. Siento que soy alguien que estampa aquello que tiene alrededor. Trabajo en una economía que no me permite hacer cualquier cosa, me limita, pero encuentro bastante satisfacción dentro de esos límites.

Hermia & Helena presenta actores nuevos dentro de tu círculo. En alguna de tus visitas a México dijiste que te gustaba encontrar gente que te gustaría fotografiar. ¿Qué buscas en una persona?

MP: Es uno de los grandes desafíos. Con mis amigos de Buenos Aires, ya tengo un código compartido, aquí tuve que generarlo un poco más rápido. Más que ver su trabajo anterior de los protagonistas, era más checar el momento, vivir cosas parecidas, pensar en los actores argentinos con ellos, intuir la continuidad entre uno y otro. Con cada actor es diferente. Hay algo de imaginarme, cuando los encontraba, hablar con ellos, pensar en Agustina Muñoz y checar como sería al estar con ellos. Afortunadamente no fue una catástrofe.

Tus películas anteriores están llenas de movimiento, incluso parecen ir acelerando. La nueva tiene un ritmo más melancólico, muy diferente.

MP: Porque las películas tienen puntos en común, me gusta la continuidad. Al mismo tiempo me gusta encontrar las diferencias, puntos de partida diferentes. Elementos que me empujan a otro lado. Llega la idea de que ya hicimos un movimiento de cámara, busco probar otra cosa. El cine tiene muchas opciones, tampoco el algo psicótico. Es probar, pensar qué puede darle esa forma al cine.

En este caso hay un énfasis en los fundidos entre Nueva York y Argentina.

MP: Sí, porque la película tiene esa estructura elíptica. Esos cambios temporales. Para mi había que subrayarlo, hacer esos fundidos. Elementos que llaman la atención, algo que marque el cambio. Después pienso otras cosas, me gusta esa imagen impura al fundir dos cuadros. Es lo más cercano a una metáfora dentro de la película.

Eso le da la sensación de ser un recuerdo lleno de cariño.

MP: Es un vaivén, el ir a un lugar a otro. Está aquello que no ves. En Buenos Aires hablan de cosas que vendrán después o se dieron antes. Eso da la sensación de que siempre falta algo. Es una sensación de no estar del todo completo.

 

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