Por Dolia Estévez

WASHINGTON, DC. Poco antes de la 8 de la mañana, Hillary Clinton y su esposo Bill Clinton acudieron a las urnas en el estado de Nueva York donde tienen su residencia. La candidata demócrata, que hoy tiene una cita con la historia, se fue a dormir a las 3 de mañana luego de un mitin maratónico en Filadelfia donde cerró su campaña al lado del Presidente Barack Obama, la Primera Dama, su esposo e hija.

Lucía cansada, pero satisfecha de haber hecho todo a su alcance a lo largo de 18 intensos meses de campaña en los que perdió la voz y muchas horas de sueño. Hoy se informó que los médicos le diagnosticaron pulmonía.

“Haré lo mejor de los mejor por el país si tengo la fortuna de ganar la elección”, dijo a la prensa después de sufragar.

Por su parte, Trump cerró su campaña anoche en Michigan donde nuevamente arremetió contra su rival, llamándola “ladrona”. “Estamos a unas horas de un cambio histórico”, dijo el republicano. “Hoy volveremos a hacer grande a Estados Unidos”, insistió por Twitter.

Después de una larga y frustrante campaña, les toca a los votantes decir la última palabra. ¿Hillary o Trump? Un desafiante electorado finalmente decidirá entre lo que podría ser la primera mujer presidente de la historia de Estados Unidos y el candidato menos preparado para dirigir la nación más poderosa del orbe.

Las urnas abrieron a las 7 de la mañana hora de la costa este. La gente empezó a formarse ordenadamente desde las 6 de la mañana. Se anticipa la afluencia de votantes más alta de la historia. Si el margen entre Clinton y Trump es amplio, podríamos conocer los resultados a través de las encuestas de salida cuando cierren las urnas en la costa este a las 8 pm.

Los testimonios dan cuenta de un electorado con fatiga electoral, harto del lodazal en que cayó la contienda y ansioso de regresar a la normalidad, de que termine la indignación, los gritos e insultos entre la clase política.

“Me siento cansado y desmoralizado. Aún no decido por quién voy a votar. Me sacude ver lo bajo que hemos llegado”, me dijo un votante que pidió reservar su nombre en el centro electoral donde yo sí supe por quién votar.

En algunos estados, donde el voto latino es alto, se imprimieron boletas en castellano. “Pida su Ballot en español”, decía el letrero en el centro del norte de Virginia al que acudí.

La contienda electoral presidencial más turbulenta que se tenga memoria toca fin sin un claro pronóstico sobre el vencedor.

Como pocas veces, las encuestas sobre la tendencia electoral pronostican una elección muy cerrada, en la cual los votos del Colegio Electoral de un puñado de estados, empezando con Florida, determinarán si la demócrata Clinton o el republicano Trump reemplazarán a Obama en la Casa Blanca.

Si bien Clinton llega con una ventaja promedio de 2.9 % y con mayores probabilidades de ganar, no es posible predecir su victoria pues su margen de ventaja es mínimo o recae en el margen de error.

El mapa político sugiere que Clinton podría perder algunos estados clave que se creían asegurados para alcanzar el numero mágico de 270 votos del Colegio electoral, necesarios para ganar. Trump, por su lado, llega al día de la verdad con cierto optimismo pues las encuestas de los últimos días indican que un número de estados parecen estar políticamente a su alcance.

De ahí que la disputa de la jornada de hoy se desenvuelva principalmente en los estados que se cree definirán la contienda: Florida, Pensilvania, Michigan, Carolina del Norte, Colorado, Virginia, Arizona y Nevada. Con sus 26 votos en el Colegio electoral, Florida se presenta como el más codiciado del grupo pues, como ocurrió en 2000, podría definir la elección.

Los candidatos están contando con el respaldo de electores demográfica y socialmente opuestos. Clinton busca que las mujeres, los afroamericanos, latinos, independientes y republicanos moderados la lleven a la victoria.

En Florida, Arizona y Nevada el voto latino podría ser decisivo para Hillary. De acuerdo con una encuesta del The Washington Post y Univision, Clinton lleva una ventaja de 65% contra 19% de Trump, es decir una diferencia del 48%.

Por su parte, Trump confía en que el apoyo de los electores blancos de clase media, sin educación superior y de independientes inconformes con el statu quo, hagan realidad su ambición de ser el próximo inquilino de la Casa Blanca.

En unas horas sabremos.

 

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