A pesar del contexto económico global complejo, las empresas mexicanas e internacionales muestran con firmeza su respaldo hacia la reforma.

 

Por Rubén Cruz

La reforma energética está en marcha, y los primeros indicadores aseguran su viabilidad en el corto y largo plazo. La prueba más contundente de esta solidez es que, a pesar de la caída en el precio internacional del petróleo, los operadores, contratistas e inversionistas siguen interesados en participar en esta apertura histórica.

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Para llevar a cabo este gran proyecto de desarrollo nacional se publicaron 21 leyes secundarias, que configuran las instituciones que regularán y promoverán la industria, y se inició la primera fase de licitaciones: las rondas Cero y Uno.

También se hicieron del conocimiento general las reglas que definen el mercado mayorista eléctrico, y se han abierto espacios para que los particulares puedan generar y comercializar energía eléctrica de manera competitiva.

¿Es bueno este momento para realizar una reforma de tal calado?

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De México y EU

Uno de los temas centrales del Foro Económico Mundial sobre América Latina, celebrado en la Riviera Maya, México (WEF Latam 2015), fue el papel del sector energético en México y otras latitudes. Y es que a pesar del contexto económico global complejo, las empresas mexicanas e internacionales muestran con firmeza su respaldo hacia la reforma.

Así lo muestran los números: de acuerdo con información dada a conocer por la Secretaría de Energía, 47 compañías nacionales y extranjeras declararon su interés por participar en la Ronda Uno, lo que es un reconocimiento a la solidez y transparencia que se espera del proceso de licitación.

De acuerdo con el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018 (PNI), en este periodo en el sector energético se requerirán inversiones estimadas en 3.9 billones de pesos.

Tan sólo en materia de transporte de gas natural, en ese mismo lapso se prevé que la red de gasoductos crezca 6,400 km, con una inversión cercana a 13,000 millones de dólares (mdd).

 

Una oportunidad con carácter histórico

Inversión

Inversión

Poner en marcha la reforma energética es un esfuerzo monumental en un sector que venía sufriendo rezagos. El tamaño de la transformación destaca aún más si consideramos que el PNI 2014-2018 contempla inversiones de alrededor de siete billones de pesos.

De ese monto, la mitad será destinada a proyectos energéticos, incluyendo la recuperación de la producción petrolera a mediano y largo plazo, y la construcción de obras de infraestructura petrolera; una red de gasoductos; sendas terminales de licuefacción-compresión y de regasificación de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) para proveer de este recurso al sur de Baja California, así como redes de distribución y almacenamiento de gasolina y diesel, destinados al mercado de consumo.

Aunado a esto se prevén proyectos de generación de electricidad inmediatos, que sumarán 17,092 megavatios (MW), a lograr en 2020, lo que representa un incremento de 26% respecto a la capacidad instalada actual de 67,000 MW. Más a futuro, entre 2019 y 2027, la Secretaría de Energía estima incorporar hasta 30,855 MW[1].

 

Momento de ponerse en marcha

Aunque hay mucho camino por recorrer, hoy se conocen la forma en que operará la estructura del sector, el papel de las ahora llamadas empresas productivas del Estado (Pemex y Comisión Federal de Electricidad), y las oportunidades que tendrán las compañías petroleras internacionales (IOC, por sus siglas en inglés), las compañías petroleras nacionales (NOC, en inglés), y las empresas que han sido parte de la cadena productiva o que quieran incorporarse a ella.

Las primeras etapas de las rondas Cero y Uno fueron bien recibidas por los industriales mexicanos y extranjeros, lo que se interpreta como un respaldo hacia el modelo de regulación y transparencia de las negociaciones.

Estos antecedentes muestran que la apertura del sector es viable y rentable, a pesar de bajos precios en los commodities, y brinda grandes oportunidades a las empresas mexicanas que estén interesadas en sumar esfuerzos.

En este sentido, el espectro se abre para quienes tienen experiencia en la industria petrolera o eléctrica, y también para actores de otros giros: desde ingeniería avanzada y procura, hasta construcción, integradores de tecnología informática, servicios de transporte y personal, proveedores de insumos (cemento, acero, tubería, maquinaria pesada) e inmobiliarias.

En el marco del capital humano, la reforma no deja de ser un reto y oportunidad para el país, ya que esta ambiciosa transformación, en todas sus vertientes, requerirá personal capacitado y especializado en todos los niveles de madurez profesional.

Con una fortaleza económica y financiera reconocida en todo el mundo, y una gran experiencia en la asociación con empresas petroleras internacionales, México ofrece un entorno geopolítico privilegiado: cercanía con Estados Unidos y acceso a puertos en el Atlántico y el Pacífico, además de una fuerza laboral con calidad reconocida mundialmente, y un ambiente de negocios ventajoso cuando se compara con el de otros países petroleros.

Radicará en el talento de empresarios y gobierno capitalizar todos estos factores; es momento de que México lleve a cabo todas las reformas legales que se han puesto en marcha, para completar las transformaciones estructurales y que el país comience a ver los beneficios de lo que se ha escrito en papel y que ahora debe ser llevado a la realidad.

 

[1]Fuente: Prospectiva del Sector Eléctrico 2013-2027, p. 150.

 

Rubén Cruz es socio líder de Energía y Recursos Naturales de KPMG en México.

 

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