Fitch Ratings rebajó la calificación de El Salvador a B desde B- con perspectiva estable, debido al alto nivel de polarización política y la falta de entendimientos en la Asamblea Legislativa que limita seriamente las opciones de financiamiento del gobierno.

“La perspectiva negativa refleja los riesgos persistentes para satisfacer las necesidades de financiamiento para 2017 en ausencia de un acuerdo político que desbloquee el endeudamiento externo adicional”, apunta Fitch Ratings.

Las negociaciones de la política fiscal entre los dos partidos políticos principales se interrumpieron en enero de 2017 por desacuerdos respecto al presupuesto de este año, recordó Fitch.

El Salvador necesita 1,300 millones de dólares en financiamiento en 2017, excluyendo lo que se necesita para cancelar sus deudas de corto plazo.

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Fitch Ratings supone que el gobierno finalmente recurrirá a la deuda externa y a las colocaciones locales para financiar la brecha arriba mencionada.

El Salvador no tiene amortización de largo plazo de deuda comercial externa sino hasta 2019.

Las medidas de reforma tributaria y de pensiones requieren del voto por mayoría simple del poder legislativo y podrían ayudar a reducir las necesidades de financiamiento, aunque el ciclo electoral podría dañar la expectativa de que el Congreso aprobara dichas medidas.

 

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