El prestamista global es inflexible en sus demandas sobre recortes en pensiones, facilitar el despido masivo de trabajadores en empresas y en su oposición para subir el salario mínimo.

 

Reuters

Las amplias diferencias existentes sobre la reforma laboral y de las pensiones complicaban el lunes las negociaciones entre el Gobierno griego y sus acreedores, mientras la disponibilidad de efectivo del país heleno es cada vez más crítica.

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El portavoz del Gobierno, Gabriel Sakellaridis, hizo saltar las alarmas el lunes, al asegurar que aunque Atenas pretende cumplir con todas sus obligaciones de pago, incluidos cerca de 1,000 millones de euros (mde) para el Fondo Monetario Internacional (FMI) en mayo, necesita nuevos fondos antes del fin de mes.

“La liquidez es un asunto que presiona”, dijo Sakellaridis en una conferencia de prensa. “El Gobierno griego no está esperando hasta fines de mayo para una inyección de liquidez. Espera que esa liquidez sea ofrecida a la economía griega lo más pronto posible”, agregó.

El ministro del Trabajo, Panos Skourletis, dijo que el FMI, el segundo mayor acreedor de Grecia después de los gobiernos de la zona euro, está insistiendo en duras condiciones para lograr un acuerdo interino que desbloquee ayuda del rescate.

El prestamista global se estaba mostrando inflexible en sus demandas sobre recortes en las pensiones, reglas para facilitar el despido masivo de trabajadores del sector privado y en su oposición a un plan del Gobierno para subir el sueldo mínimo, dijo Skourletis al canal Mega TV.

“Nos están pidiendo que no toquemos nada (de las medidas de austeridad) que arruinaron las vidas de los griegos en los cinco últimos años”, comentó.

“El FMI es el más inflexible (…) las voces más extremas del Grupo de Bruselas”, afirmó el ministro. “Pero también hay voces más moderadas”.

Grecia debe afrontar pagos al FMI que totalizan 970 millones de euros para el 12 de mayo, y estuvo tomando dinero prestado de municipalidades y entidades gubernamentales para cumplir con sus obligaciones.

Las conversaciones intensivas sobre un acuerdo interino entre un renovado equipo negociador griego y representantes de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, bautizados como el “Grupo de Bruselas”, se celebran desde el pasado jueves.

Un portavoz de la Comisión Europea dijo que los negociadores trabajaron durante el fin de semana y que las reuniones fueron “constructivas”, aunque sigue quedando trabajo por hacer.

El objetivo es alcanzar un acuerdo a nivel técnico que permita a los ministros de Finanzas de la zona euro declarar, cuando se reúnan el 11 de mayo, que hay posibilidades de cerrar de forma satisfactoria la revisión del rescate.

Esto podría dar espacio al BCE para permitir que los bancos griegos compren más bonos a corto plazo, suavizando los problemas de liquidez del Ejecutivo.

El domingo, funcionarios griegos y de la zona euro reportaron progresos en algunos asuntos y pronosticaron un resultado para el miércoles, cuando el BCE celebra su revisión semanal del préstamo de emergencia a los bancos helenos.

El ministro Skourletis dejó claro que las políticas sociales declaradas como “líneas rojas” por el primer ministro, Alexis Tsipras, están siendo el principal escollo.

Tsipras cedió algo de terreno la semana pasada en las privatizaciones y en la reforma del IVA, al tiempo que reformó su equipo negociador, apartando al polémico ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, que representará a Atenas en la crucial reunión del Eurogrupo de la próxima semana.

“Hay más competencia, más voluntad para comprometerse y más preparación -datos, números, etc-“, dijo un funcionario europeo conocedor de las reuniones. Pero afirmar que habrá un acuerdo para el 11 de mayo sería una “especulación”, agregó.

 

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