El dinero invertido en empresas con potencial se duplica cada año y la meta en cuatro años es canalizar cerca de 5,000 mdd. Para ello hay que vencer la desconfianza de los negocios familiares y convencerlos de que acepten la profesionalización.

 

Por Enrique Torres Rojas

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Nicole Towned entró al set del programa estadounidense de televisión Shark Tank (Tanque de Tiburones) para ofrecer su producto: una bolsa de algodón con zipper en la que se meten osos de peluche para su limpieza en lavadora.

Frente a ella se encuentran los multimillonarios inversionistas que aparecen en la lista de millonarios de Forbes: Mark Cuban, dueño de los Mavericks de Dallas; Daymond John, de la firma de ropa Fubu; el inversionista Kevin O’Leary; Lori Grenier, experta en patentes, y Robert Herjavec, desarrollador de tecno­logía, quienes escuchan atentos la presentación.

Los posibles inversio­nistas lanzan preguntas y cuestionan la viabilidad de su empresa, una buena señal, pues significa que se interesan en el producto. Luego de analizar las posibilida­des, Towned se decide por la oferta del dueño del equipo de basquetbol Mavericks, Mark Cuban. Él ofrece 100,000 dólares por 30% del negocio de bolsas lavapeluches, además de una regalía de 10% hasta que consiga su inversión de vuelta.

Además de ser un espectáculo te­levisivo, este tipo de reality shows son una manera de capitalizar negocios en Estados Unidos a través de Fondos de Inversión.

Pero en México las cosas funcionan distinto. Un buen ejemplo es la exhibidora cinematográfica Cinemagic, que tuvo que salir a tocar puertas en busca de inversionistas. Así es como Roberto Quintero Vega, director general y fundador, llegó a la aceleradora de negocios Endeavor a presentar su proyecto: establecer salas cinemato­gráficas en poblaciones de entre 50,000 y 150,000 habitantes.

Con la premisa de regresar las salas de cine a pequeñas comunidades que no interesan a los grandes comple­jos, llegó a un acuerdo de inversión, a través de Endeavor, con el Grupo Agersa, un desarrollador inmobiliario que dirige Adolfo Del Valle Ruiz, quien lo apoyó con poco más de 3 mdd para la construcción de las salas.

Con ese soporte financiero y ase­soría de los inversionistas, Cinemagic pasó en 14 años de ser una incipiente exhibidora con dos salas en comuni­dades de Puebla y Veracruz, a una em­presa con 70 cines. Ahora Quintero tiene un plan de inversión por 245 mdd para los siguientes tres años, cuando estiman llegar a 350 salas en operación en 70 comunidades.

Los fondos de capital privado son firmas dedicadas a invertir recursos de terceros (individuos, familias, inversores institucionales o fondos de pensión) en compañías privadas que tienen potencial de crecimiento que les pueda proporcionar un retorno que regularmente van de siete a 10 años.

En Estados Unidos y Europa los fondos de inversión funcionan desde hace más de 25 años, y se han conver­tido en el motor generador de riqueza y crecimiento. Ejemplos de negocios globales que se gestaron con la ayuda de fondos de inversión son las estadounidenses FedEx, Dell, Microsoft, Yahoo! y Starbucks, por mencionar algunas.

En México, la figura de los fondos de capital privado entró en juego hace unos 10 años. En 2009, esta fórmula recibió un importante impulso, cuan­do el gobierno federal permitió que dinero de las pensiones administradas por las Afore se pudiera emplear en inversiones de fondos de capital.

Poco a poco, estos fondos se han ido constituyendo en una fuente importante de financiamiento, incluso para compañías grandes como Homex (hoy en concurso mercantil), Cinemex, Genomma Lab y Duty Free, entre otras.

“En 2002 había 1,500 mdd bajo la administración de seis fondos de capital privado, y hoy se tienen 75 fondos y más de 22,000 mdd bajo su administración”, señala Antonio Ruiz, presidente de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap).

Y pronostica que para 2018 las inversiones de los fondos podrían alcanzar 4,900 mdd en un año.

Pero aún son pocas las compañías que hasta ahora apuestan por los fon­dos de inversión. De un universo de 5.1 millones de empresas que registra el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), sólo 300 han sido aceleradas o impulsadas por fondos de capital privado.

Hay desconocimiento de muchos empresarios mexicanos sobre la forma en que operan los fondos de inver­sión, de acuerdo con especialistas, y eso se traduce en desconfianza ante la posibilidad de compartir un porcentaje de la empresa con un inversionista. Otro obstáculo es que en buena parte de los casos hay falta de una cultura corporativa.

De acuerdo con cifras de la Asocia­ción de Capital Privado de Mercados Emergentes (EMPEA, por sus siglas en inglés), en 2011 la actividad de fondos de capital privado representó 1% del PIB en Estados Unidos, mien­tras que en México fue de 0.01%.

Lecciones básicas

Entre los fondos internacionales hay una percepción de que México está dominado por un puñado de empresas muy grandes. Aun así se estima que hay 48,000 negocios que tienen buen rango de crecimiento y son aptas para recibir fondos de capital de riesgo, indica el estudio Capital Privado en México. Preparado para un creci­miento significativo, de la firma Bain & Company.

México es el tercer destino más atractivo para inversiones en Améri­ca Latina, debajo de Brasil y Colombia en 2014, según una encuesta realizada por Latin American Private Equty & Venture Capital Assotiation (LAVCA).

“Hay un potencial importante en la creatividad del empresario mexicano, pero debe quitarse esa parte emocional que lo liga a su empresa”, comenta Vincent Speranza, director de Operaciones de Endeavor México. “Menos del 4% de las 70 empresas seleccionadas cada año por Endeavor terminan con el sello de emprendedor.”

Mucho de ello se debe a la falta de cultura corporativa y al bajo nivel de conocimiento administrativo para llevar una empresa, de ahí que a muchas empresas que buscan capital se les manda a capacitación, comenta Speranza.

Parte de esa falta de cultura em­presarial se explica porque 95% de las compañías registradas en la Secretaría de Economía son micro y pequeñas que se han formado por la necesidad de la población de generar un empleo para mantener a su familia, no con el objetivo de for­mar un negocio para crecer, ni para generar empleos ni riqueza, dicen en Endeavor.

El emprendedor mexicano carece frecuentemente de proyectos visio­narios con innovación, le falta llegar con un producto probado, tampoco tiene un mercado medido, en donde se pueda dimensionar un volumen de sus ventas, dice José Enrique Tellaeche Torres, director general de Tellaeche Consultores.

Tellaeche ha detectado que al mexicano le faltan modelos de negocio y capacidad de ejecución, así como cultura de la formalidad en la toma de decisiones.

Tampoco son muy claros los de­rechos legales de las empresas como registro de marca y procesos, además de que no hay mucha disposición para dejarse ayudar y permitir el coaching.

“Hemos tenido varias empresas que nos llegan a preguntar sobre el monto de la tasa de interés, cuando la descripción de capital de riesgo se lleva en la palabra”, agrega Roberto Terrazas, director de la firma Nexxus Capital.

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Nueva generación

Pero la cultura empresarial en Méxi­co está en proceso de cambio, gracias a que llegan a dirigir las empresas una segunda o tercera generación, más preparada, refiere Carlos Men­doza, director general de Discovery Américas México, un fondo de inver­sión privada que entre sus clientes tiene a Volaris, Transportes Lipu y AMCO, entre otros.

Los inversionistas normalmente son conservadores y más cuando se trata de un fondo nuevo, pero esto cambiará conforme los propios fondos maduren y se conozca más sobre su funcionamiento, señala Luis Perez­cano, de Capital Privado, firma dedicada a la búsqueda de empresas con potencial y susceptibles de intere­sar a los fondos de inversión.

En México hay 5.1 millones de em­presas, de las cuales cerca de 15,000 son medianas y otras 10,000 son con­siderados grandes corporativos, según datos del INEGI.

“De acuerdo con el estimado de Endevor, 6% del total de empresas tienen el potencial para la inversión de fondos privados”, señala Speranza.

Volaris

Cuando en 2004 el fondo Discovery Americas se acercó a los dueños de la aerolínea salvadoreña TACA con la propuesta de abrir una aerolínea de bajo costo en México y ofrecerles un fondo de inversión con capital priva­do, a los centroamericanos les pareció una idea un tanto volada.

Sin embargo, el proyecto se susten­taba en dos razones: estas aerolíneas operaban con un alto precio en el bo­leto, 40% por encima de su valor real, algo que daba una buena oportunidad a vuelos de bajo precio.  Además, se le podía quitar a los autobuses un porcentaje de los 2,800 millones de pasajeros que transporta­ban al año.

Discovery convenció e invirtió 40 mdd a cambio de 50% de participa­ción en la nueva empresa, Volaris.

Tiempo después compartió su por­centaje con Televisa, que invirtió cerca de 50 mdd más.

Luego Volaris ingresó a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), y a ocho años de distancia es la segunda aerolínea en el país y ostenta 22% de participación del mercado nacional, con la afluencia de más de 8 millones de pasajeros al año.

“Fue un startup en la que nos correspondió hacer desde el plan de negocio y estudio de mercado, obtener la concesión para el espacio aeroes­pacial en el aeropuerto de Toluca y obtener las aeronaves”, señala Carlos Mendoza, director general de Disco­very Americas.

Las empresas que reciben inver­sión de los fondos de capital privado incrementan sus ventas en promedio 4.5 veces, 42% las utilidades y los em­pleos se duplican, señala un estudio de Amexcap con la consultora KPMG.

“Los fondos no apoyan únicamente con capital, sino con transferencia de conocimiento a las organizaciones con el objetivo de lograr incrementar su competitividad”, afirma Óscar Silva, de Estrategia Global de KPMG México.

La mayoría de los fondos que operan en el país se concentra en las empresas grandes y consolidadas. Se han ubi­cado en compañías que tienen ingresos de 500,000 a 5 mdd y en las grandes que generan más de 10 mdd, añade, pero en las empresas que se ubican en medio hace falta capital de inversión.

“Nuestra estancia promedio en una empresa es de entre cuatro y siete años, y si vamos por una empresa pequeña se complica un poco más la opera­ción”, refiere Terrazas, de Nexxus Capital. Esta firma tiene actualmente un fondo de 550 mdd para invertir en México en seis o siete empresas consolidadas, con ingresos de entre 75 y 400 mdd.

Si no se ajusta, ese eslabón faltante en el ecosistema de la inversión de capital privado hará peligrar a algu­nas empresas medianas en el mediano plazo. “Hoy las compañías que tienen inversión no tendrán una estrategia de salida a un fondo de inversión de mayor ingreso”, confirma Vincent Speranza, de Endeavor.

Lo que es un hecho es que cada vez llegan más fondos de inversión al país y que han propiciado el naci­miento de un nuevo modelo: el de los search funds (Fondos de Búsqueda), empresas que permiten a empren­dedores buscar, adquirir, manejar y hacer crecer una compañía para después venderla.

De 2008 a la fecha han llegado siete de estas empresas al país, de cuales cuatro ya hicieron compras de empresas mexicanas y trabajan en hacerlas crecer.

“Después de Estados Unidos y Canadá, México es el país de mayor actividad en América”, refiere Luis Perezcano. En Estados Unidos ya hay unas 250 empresas de Fondos de Búsqueda.

A diferencia de los fondos de capi­tal privado, los de búsqueda adquieren empresas con ventas de entre 10 y 50 mdd anuales y las ope­ran en su totalidad. En cuatro años deben hacerlas duplicar sus ventas, para que los fon­dos de capital las adquieran y las lleven a una siguiente fase de crecimiento.

La regiomontana Vestige es una de esas siete empresas. En 2009 adquirió Bomi, una firma de logística médica, especializa­da en almacenar y distribuir el stock de laboratorios, con varios almacenes y equipo de transporte.

Hoy Bomi crece a un ritmo de 15% promedio anual y seguramente pronto será adquirida por un fondo. Quizás en algún tiempo, México también tenga su estanque de tiburones.

 

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