Por Felivia Mejía

La ley que en el año 2000 creó la superintenden­cia de valores también le otor­gaba carácter legal a las Administra­doras de Fondos de Inversión (Afis), pero fue una década después que esa figura adquirió la formalidad y las condiciones necesarias en el marco legal para que las empresas pudieran conformarse.

Con la promulgación de la ley 189-11 se crea la figura del fideicomiso y del patrimonio separado y se esta­blecen las pautas para que funcionen en el mercado de valores los adminis­tradores de fondos de terceros.

De un par de años a la fecha se ha percibido un auge de Afis. Hoy en día se han registrado 14 fondos, a los cuales se le han aprobado en total 8,700 millones de pesos de República Dominicana (a un tipo de cambio de 45 pesos de RD por dólar), con la modalidad de fondos abiertos o fondos cerrados.

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El presidente de la Asociación Dominicana de Sociedades Adminis­tradoras de Fondos de Inversión (Adosafi), Marcos Troncoso, explica que un fondo de inversión es una alternativa que consiste en reunir los aportes de varias personas para formar un gran patrimonio común, el cual es ges­tionado por una administradora que cobra una comisión.

“Las administradoras son entida­des integradas por expertos en inver­tir. Lo único que hacen esos señores es identificar oportunidades y luego crean una estrategia para ver de qué manera hacen esa oportunidad renta­ble. La figura de Fondos de Inversión existe hace más de 300 años, eso no es nuevo en el mundo”, sostiene.

Troncoso define a los fondos de inversión como un instrumento de democratización del ahorro basado en la unión de fuerzas, lo que permite entonces al administrador poder ne­gociar a una tasa más alta ese monto acumulado.

Un ejemplo de fondos cerrados lo encontramos en la AFI Popular, que forma parte del grupo financiero Popular. Su gerente, María Isabel Pérez Sallent, explica que la característica de esos fondos es que se emite una cantidad limitada para vender. “Para tu obtener un cupo en ese fondo, luego que se ha vendido todo, tienes que esperar a que alguien salga. De igual forma, si quieres salir, debes esperar a que otro quiera entrar”, apunta.

Son fondos que se negocian a tra­vés de la bolsa de valores y los puestos de bolsa, que son instituciones en­cargadas de centralizar en su sistema tecnológico todas las transacciones de compras y ventas de certificados del Banco Central, de cuotas de fondos cerrados y de instrumentos que emi­ten las compañías.

“Para vender tu participación en un fondo cerrado tienes que ir a un puesto de bolsa. Todo el manejo de inversión y desinversión se hace a través de un puesto de bolsa, que es quien te compra y te vende las participaciones”, sostiene.

AFI Popular tiene aprobado dos fondos cerrados con un valor de 1,500 millones de pesos de República Dominicana (a 45 pesos de RD por dólar) cada uno. Por un lado está el Pago Recurrente Popular, que paga dividendos de manera men­sual y que para el cierre de 2015 conta­ba con 53 clientes, con un patrimonio de casi 100 millones de pesos de República Dominicana (a 45 pesos de RD por dólar). Mientras que el Fondo de Inversión Capitali­zable Popular obtiene ingresos de los intereses, ganancias de capital o la venta de los valores en los que invier­te. Los aportantes recibirán ingresos al vencimiento del acuerdo de plazo. Ese fondo para el cierre de 2015 contaba con 109 participantes y un patrimonio de cerca de 105 millones de pesos de República Dominicana (a 45 pesos de RD por dólar).

En cuanto a los fondos abiertos, su descripción bien se ilustra en la propuesta de AFI Universal, que administra cerca de 130 millones de pesos de República Dominicana (a 45 pesos de RD por dólar) de 245 aportantes. El gerente de esa entidad, Santiago Sicard, indica que los fondos abiertos permiten a las personas ahorrar y retirar cuando quieran, sin la intermediación de un puesto de bol­sa, como ocurre en el fondo cerrado.

“En el país los fondos abiertos admi­nistran cerca de 1,100 millones de pesos de República Dominicana (a 45 pesos de RD por dólar) y tienen cerca de 1,200 aportantes, eso apenas es el ini­cio de una explosión muy importante que va a tener esta industria”, indica.

Sicard señala como una ventaja que como son fondos que están a la vista tienen bajo riesgo, ya se invierten en activos muy líquidos, es decir, que se pueden vender o comprar fácil­mente para garantizar a los clientes la devolución de sus recursos cuando lo requieran.

Activos muy líquidos son aquellos que se pueden comprar o vender fácilmente, como un título del Banco Central, porque hay un mercado a través de la bolsa de valores donde se compra y se vende ese título; y un depósito financiero a plazo, porque tiene muy corto tiempo y los bancos regularmente tienen la posibilidad de redimirlo anticipadamente.

En tanto que se denomina activos ilíquidos a las propiedades e inmue­bles, que son poco riesgosos pero no se venden rápidamente.

“Tenemos un producto que es flexible, de bajo riesgo, de una renta­bilidad muy atractiva y que tiene una disponibilidad de recursos inmediata. La diferencia con un fondo cerrado es que ese nace con un plazo determi­nado, los inversionistas que ponen su dinero ahí deben dejarlo hasta cum­plir un tiempo específico que desde un comienzo se fije”, detalla Sicard. En el caso del fondo abierto las cuotas son ilimitadas.

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Sinergia con los puestos de bolsa

El presidente de Alpha Sociedad de Valores, José Yude Michelén, considera como muy positiva la apertura de las Afis, porque juegan un rol esencial en el desarrollo de los mercados de capitales.

“Estos son los vehículos de inver­sión más utilizados a nivel mundial para el excedente de ahorro que no es pensión. La sinergia se produce por un lado para la AFI, porque los Puestos de Bolsa distribuyen buen volumen de sus productos, y por el otro en Alpha Valores nos beneficiamos al poder tener un inventario mayor de produc­tos buenos para distribuir a nuestros clientes. A todas luces, esto genera un círculo virtuoso”, expone.

Y agrega que “el único que podría pensar que las afis compiten con los Puestos de Bolsa, es el insensato que piense que la Coca-Cola compite con el ron. En mi opinión, es todo lo contrario”.

Desde su experiencia, Michelén pone como ejemplo que cuando se percataron de que la AFI GAM Capital ofrecería un fondo de energía, único en el mercado local, no dudaron en formar parte de esa propuesta. Ese fondo está pagando a la fecha alrededor de 5.7% en dólares, tasa que junto al subyacente de este fondo se constituye en una opción interesante para ofrecer a los clientes.

Michelén agrega que los mercados de capitales se inventaron como una alternativa para que el sector privado pueda calzar emprendedores buscan­do capital y por el otro inversionistas buscando maximizar la inversión de sus ahorros. “Nosotros tenemos el deber de buscar alternativas de inver­sión a nuestra clase media y debemos luchar por que los que invierten en las AFP puedan diversificar su inversión. No debería de ser que las AFP tengan una concentración del 90% en un emisor. No es sano”.

 

Diferencia con una fiduciaria

Una administradora de fondos de inversión en nada tiene que ver con una fiduciaria. Ambas herramientas se crean como un patrimonio autó­nomo, pero funcionan de manera diferente.

Jaime Dunn, consultor de la Super­intendencia de Valores que participó en la elaboración de la nueva ley que regirá al sector, explica que un fideico­miso se constituye con activos, inmue­bles, bienes o cartera, por ejemplo. “Después viene todo un periodo de aprobación de ese fideicomiso y luego se emiten valores y los inversionistas los compran. El fideicomiso se crea primero y después se hace la emisión de los valores. El fondo de inversión es exactamente al revés, primero emite y con la plata que ha ganado del mer­cado recién compra los bienes”, indica Dunn, que reside en Bolivia.

Los fondos de inversión a diferen­cia del fideicomiso tienen la particu­laridad de la diversificación. Un fidei­comiso puede invertir todo en bienes inmuebles, pero un fondo de inversión tiene que invertir un porcentaje en bonos, otro porciento en acciones de empresas, en certificados, mantener una parte en efectivo, etcétera.

La nueva ley está en manos del Poder Ejecutivo desde hace alrededor de seis meses, a la espera de su evalua­ción y aprobación para luego enviarla al Congreso.

Dunn considera que esa normativa que sustituiría a la actual ley 189-11 be­neficiaría bastante a la figura del fidei­comiso, que actualmente está limitado para funcionar a toda capacidad.

Cita que un “gran error” que comete la Ley 189-11 en su artículo 25 es que con­siente que cualquier entidad financiera funcione como fiduciario, lo que crea, a su juicio, un conflicto legal. “La ley de Valores dice que las Afis I son de objeto único, o sea, que no pueden ser más que un fondo de inversión, pero la norma de fideicomiso establece que las Afis pue­den funcionar como fiduciaria también, entonces eso confunde. La nueva ley corregirá todas esas falencias”, apunta.

Dice Dunn que la normativa que está en el escritorio del presidente del país pondrá a la República Dominica­na legalmente en el mercado de valo­res con los estándares internacio­nales más altos que existen en el mundo. “Eso tiene dos ramifica­ciones: que crea un mecanismo de transparencia muy grande y un mecanismo de protección al inversionista muy importante”, concluye Dunn.

 

Expectativas

Para este año se estiman entre 10 y 15 nuevos fondos de inversión y dos administradoras nuevas, de acuer­do con el presidente de Adosafi, Marcos Troncoso.

Entre esos nuevos fondos, enume­ra Troncoso, tres o cuatro se destina­rán al desarrollo de empresas y varios fondos inmobiliarios, que hasta ahora no existen. Además, habrá disponi­bles alrededor de cuatro nuevos fon­dos abiertos en pesos y dólares. “Los fondos de inversión están en etapa de crecimiento, son un instrumento ne­cesario para el desarrollo económico del país porque canaliza recursos a sectores productivos a la vez que le da opciones, sobre todo a pequeños y medianos ahorrantes le da acceso a oportunidades de inversiones que si no es a través de ese medio no lo podrían lograr”, concluye Troncoso.

En tanto que María Isabel Pérez Sallent, gerente de AFI Popular, señala que hace falta el apoyo de todos los reguladores de valores —seguros, bancos y pensiones- para que el mercado se desarrolle con mayor rapidez, lo cual espera que avance en los próximos meses. “Los fondos no sobreviven únicamente con el público de banca al detalle, de personas, tienen también que acudir a los flujos que pueden proveer inversionistas institucionales como los bancos, seguros y Administradoras de Fondos de Pensiones. Hoy en día las Afis no lo tienen ni fácil ni claro para acceder… hay que afinar un poco más el marco regulatorio”, dice.

 

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