Entre coros, arpas, violines, timbales y clarinetes, el Auditorio Ángela Peralta se envolvió en una oda a la Navidad con un concierto en el que Alondra de la Parra conmovió a los asistentes ofreciendo melodías que recorrieron distintas culturas del mundo, unidas en el mismo espíritu de celebración.

Con la sonrisa cálida y amigable que la caracteriza, Alondra salió al escenario dorado para dar inicio a la Golden Symphony. El proscenio parecía estar al interior de un Ferrero Rocher, una media luna cubierta con tela y luces doradas, haciendo alusión a la característica envoltura de uno de los chocolates más apreciados. En su interior se instalaron los músicos de la Orquesta Internacional de las Artes y el Coro Internacional de las Artes liderados por la mexicana que ha puesto el nombre de su país en alto en la industria de la música internacionalmente.

Foto: Ferrero Rocher

Foto: Ferrero Rocher

Jauchzet Frohlocket del Oratorio de Navidad de Johan Sebastian Bach fue el tema elegido para iniciar la noche. Un conmovedor juego de clarinetes y violines cautivó al público de inmediato. Con esto dio inicio un recorrido navideño a través del tiempo y del espacio, presentando piezas antiguas – como ésta – junto con algunas contemporáneas, como White Christmas.

Un poco de la cultura británica, alemana y estadounidense se mezcló con la mexicana en una curaduría musical que abarcó distintas facetas de la celebración navideña. Acercándose a la mitad del concierto, la Mtra. Alondra de la Parra hizo una selección del ballet El Cascanueces, de Piotr Ilich Chaikovsky, la cual fue presentada con absoluta perfección, transmitiendo emociones que quedaron a flor de piel. El Vals de las Flores fue el momento cúspide, pues su interpretación fue creciendo poco a poco, envolviendo todos los oídos con gran expectativa, hasta llegar a un cierre potente que dejó a los asistentes al borde de sus asientos sintiendo la música en la piel y las lágrimas en los ojos.

Foto: Ferrero Rocher

Foto: Ferrero Rocher

Después de una pieza con fuerte carga emocional, el concierto se movió hacia un ambiente más festivo en el que se abordó una faceta de las festividades menos solemne y más alegre. Piezas como We Wish You a Merry Christmas, Noche de Paz y Sleigh Ride pusieron al público a cantar y a bailar, claro con la dirección de Alondra. La maestra se puso un gorrito de Santa Claus y comenzó a dirigir no sólo a la orquesta, sino a la audiencia, volteando del escenario para animarlos a aplaudir al ritmo que iba dictando, a cantar con más potencia o a hacerlo de manera suave e incluso a hacer una invitación para unirse a una pequeña coreografía.

Foto: Ferrero Rocher

Foto: Ferrero Rocher

Después de pasar por obras características navideñas de distintas partes del globo, con las letras en sus idiomas correspondientes, el cierre del concierto fue un tributo a la celebración mexicana. La Posada Mexicana se entonó con las melodiosas voces de sopranos y tenores en un final festivo y cuyo entusiasmo fue aumentando exponencialmente hasta el final, el cual culminó con una ovación de pie de todo el auditiorio. Alondra de la Parra nuevamente demostró su gran talento y su versatilidad para pasar de una pieza cargada de melancolía a una fiesta que deja a los espectadores con una sonrisa en el rostro.

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