¿Se han dado cuenta de la cantidad de noticias sobre arte que aparecen en los medios de comunicación en secciones distintas a la de Cultura?

Mencionaré dos relativamente recientes: la primera se produjo un par de días después de los atentados de París. Un periodista en busca de testimonios acerca el micrófono a un niño japonés que está en brazos de su padre. No tiene más de cinco años.

El periodista, conmocionado, le pregunta al pequeño si comprende lo que ha pasado en París. El niño responde: “Sí, hay personas muy muy malas y ahora tendremos que cambiarnos de casa”. El padre, ante la inquietud del hijo, dice que toda Francia es su hogar. Pero el niño insiste:

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—“Papá, son muy muy malos”.
—“Hijo, gente mala hay en todas partes”.
—“Pero Papá, tienen pistolas”.
—“Y nosotros tenemos flores” (señalando las flores que inundaban la zona del atentado).
—“Papá, ¿nos vamos a defender con flores?”.
—“Sí…”

En el maravilloso El libro del té, Kakuzo Okakura relaciona el amor a las flores con el nacimiento de la poesía y dice algo hermoso: “El día que el hombre primitivo le regaló a su amada una flor se elevó sobre la bestia, se hizo humano, y con este gesto nació la poesía y el hombre se adentró en el arte”.

“Todo arte nos lleva a un mismo destino: el alma”.

La segunda noticia se refiere a un bullicioso mercado que se convirtió de repente en una tumba masiva. Para los habitantes del este de Bagdad, bombas y masacres forman parte de su cotidianidad. Es la forma que tiene el ISIS de recordarles que la muerte es inminente. Sin embargo, mientras se cubre la noticia, se escucha de pronto una ‘explosión’ de música, triste y apasionada, una música que les saca de la deprimente rutina de la violencia.

Desconcertados, y a la vez curiosos, se acercan al lugar del que proviene la música y descubren encima de unos escombros quemados a un hombre acariciando el arco de un chelo. Es el director de la Orquesta Sinfónica de Iraq, Karim Wasfi, interpretando un triste vibrato que él mismo ha compuesto. En su rostro se dibuja una sonrisa. Poco después, la gente, emocionada, comienza a abrazarse de forma espontánea.

¿Cuándo fue la última vez que te emocionó una melodía, una película, una novela o una escultura? Qué sensación más maravillosa. Frente al arte nos sentimos tan vivos, tan próximos a un estado de plenitud, que quisiéramos que la sensación no acabase nunca. Decía George Orwell que lo importante “no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”. Y para librar esta batalla, no hay arma más poderosa que el arte. Porque el arte es un arma de futuro.

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