cintillo

Solidaridad y confianza son las bases de esta iniciativa social, que día  a día va creciendo en México.  Consiste en pagar anticipadamente un café o un platillo para que alguna persona en situación de calle o en extrema pobreza pueda recibirlo después.  

 

 

Una taza de café es sinónimo de sabores, recuerdos o simplemente el pretexto perfecto para compartir un momento con alguien. En Nápoles, Italia, durante el siglo XVII, en medio de la crisis por la que atravesaba la población napolitana, a causa de las constantes guerras bajo el dominio del reino de Aragón y la devastación de la peste negra, surgió la tradición del caffé sospeso.

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Esta costumbre inició con el propósito de revertir el panorama negativo de Nápoles y celebrar cuando algo bueno ocurría. Consistía en que las personas ordenaran un café y, al momento de pagar, en vez de dejar dinero para uno colocaban sobre la mesa el monto de dinero equivalente a dos cafés, esto con la intención de compartir el gesto con otro cliente de manera anónima.

Con el paso de los años la iniciativa se mantuvo con un perfil bajo en Nápoles. En 2008, gracias a un cuento del escritor y guionista italiano Tonino Guerra, se dio a conocer de manera oficial el movimiento filantrópico Café Pendiente, pero no fue hasta 2013 que se instauró en países como Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Francia, Japón y México, sólo por mencionar algunos.

“Descubrí que nadie había hecho esto en México y me pregunté: ‘¿Por qué nadie se ha atrevido a hacer algo  tan sencillo que puede traer un gran beneficio?’ Por lo tanto, decidí solidarizarme con esta iniciativa sin imaginar hasta dónde me llevaría”, cuenta a Forbes México Fabiola Kun, promotora de Café Pendiente México.

Foto: Facebook Café Pendiente México

Café Pendiente México comenzó el 12 de septiembre de 2013. Es una iniciativa social basada en la solidaridad y en la confianza. Se invita a las personas a que después de consumir un café o un platillo en alguno de los restaurantes que son parte de la red de esta filantropía realicen un acto de solidaridad y dejen algo pagado, para que posteriormente el establecimiento lo entregue a personas en situación de calle o en pobreza extrema.

Las cafeterías y restaurantes llevan un registro en pizarrones a la vista de los comensales, donde se anota los alimentos que están pendientes y los que se han entregado.

Cadena de favores

La idea es ir sumando cada vez más personas a la iniciativa y que éstas a su vez le hablen a sus conocidos sobre Café Pendiente, a fin de crear una cadena de favores con un solo propósito: ayudar.

Actualmente la red cuenta con más de 340 voluntarios, 30 coordinadores por estado o ciudad y al menos un establecimiento en cada estado de la República Mexicana que en su conjunto suman 310 restaurantes o cafeterías que pertenecen a la iniciativa.

Aproximadamente se sirven 9,000 cafés pendientes mensualmente y Kun espera que para el cierre de 2014, Café Pendiente México llegue a 1,200 establecimientos.

“El café es un símbolo porque así empezó en Italia, pero se pueden dejar pendientes todos los alimentos que estén disponibles en el menú”, detalla la iniciadora.

A la iniciativa se pueden sumar todas las cafeterías y restaurantes sin costo alguno siguiendo tres pasos:

  1. Mandar correo. Los establecimientos deben enviar un correo a [email protected] solicitando el ingreso a la red de Café Pendiente México.
  2. Envío de material. A los interesados se les enviará por correo electrónico el manual con los antecedentes de la iniciativa, logo, instructivo y un contrato moral donde se indica que es un movimiento apartidista y 100% social, con el cual los establecimientos se comprometen a entregar los pendientes.
  3. Enviar pruebas. Los particulares deben enviar fotografías de los materiales impresos y el pizarrón ya colocado, con esto son añadidos a la red de Café Pendiente México.

 

Solidaridad, el primer paso para ayudar  

“Honestamente nunca me imaginé la aceptación que tendría Café Pendiente en esta cultura. Muchos me dijeron que México no estaba listo para una iniciativa como ésta, especialmente por la desconfianza que existe en el país. A pesar de todo eso, decidí aportar un granito de arena para crear una sociedad más incluyente hacia las personas de escasos recursos y afortunadamente he palpado la calidad que tiene el mexicano para ayudar”, expresa Kun.

El desperdicio de alimentos representa un grave problema dentro de las sociedades y, al no ser destinados a personas de escasos recursos, se acrecienta la brecha para erradicar la inseguridad alimentaria. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), anualmente se desperdician alrededor de 1,300 millones de toneladas de comida para consumo humano. Tan sólo en México, según cifras de la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos (AMBA), al año, 6.3 millones de toneladas de alimentos que son producidos en el campo se desechan.

Si se rescatará la mitad de esos alimentos, se podría atender a los 3.4 millones de mexicanos que viven en situación de inseguridad alimentaria en México.

“Es injusto que en el mundo se desperdicien tantas toneladas de comida cuando hay personas que ni siquiera pueden acceder a la canasta básica. Creo que Café Pendiente no es solamente un acto de brindar un alimento a alguien, es dar un poco de esperanza e incluir a estas personas a la sociedad que normalmente los hace invisibles. Se genera un cambio social para los beneficiarios que reciben el pendiente, los comensales que lo brindan y los establecimientos que conectan ambos mundos”, explica.

Ganar-Ganar

Al unirse a la red de Café Pendiente, los establecimientos ganan porque generan más consumidores y, al donar un pendiente, se crean mayores ingresos. Sin embargo, ellos también aportan al reducir los costos de los productos.

Cuando los comensales acuden a los restaurantes y piden un pendiente, se les cobra el precio normal del primero, pero el segundo es a mitad de precio, con el propósito de incentivar a las personas a que se unan a esta iniciativa.

En caso de que se cobre el mismo precio que un café regular, el establecimiento aporta un acompañamiento (cualquier alimento del menú) al pendiente del beneficiario.

Otra opción para aportar un pendiente es cuando éstos se adaptan a cada persona dependiendo del lugar, es decir, los comensales dejan cierta cantidad de dinero. Si llegan niños se les brinda un licuado con un postre, a una persona de la tercera edad una sopa y así sucesivamente.

Foto: Facebook Café Pendiente México Cada semana se unen entre 20 y 25 establecimientos a la red de Café Pendiente México. A nivel franquiciatario, la iniciativa ya comienza a ver la luz. El grupo de restaurantes 100% Natural en Mérida y seis sucursales de Café Punta del Cielo en lugares como Torreón, Mexicali, Durango y Puebla ya cuentan con esta opción.

Kun detalla que le gustaría acercar esta iniciativa a grandes cadenas, como Starbucks y Cielito Querido Café, tiendas de conveniencia y en un futuro llegar a destacados restaurantes.

A pesar de que la iniciativa es local, las franquicias que pertenecen a la red reúnen determinado número de pendientes y los entregan a personas en situación de calle por medio de cupones canjeables en la sucursal.

Los voluntarios son una parte fundamental de Café Pendiente, ya que se encargan de informar a las personas de escasos recursos sobre el proyecto indicándoles los establecimientos participantes e invitando a más personas y lugares a que se sumen a la iniciativa.

La promotora asegura que cambiar la mentalidad de las personas ha sido un proceso complicado, pero hay un reto que considera mucho mayor: “Quiero que esto no se quede como una moda, quiero que Café Pendiente se mantenga vigente entre los mexicanos y que se convierta en una costumbre dentro de la sociedad sin necesidad de que las personas tengan que ver el logotipo para saber que ahí pueden dejar su pendiente”.

Fabiola Kun jamás se imaginó el impacto que tendría Café Pendiente en México y, aunque no percibe ningún ingreso con esta iniciativa, asegura que su pago es la solidaridad de las personas que ayudan. “Sabemos que esto no va a eliminar la pobreza o el hambre de las personas en situación de calle, pero saber que su día mejora, nos incentiva a seguir adelante.”

 

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