Quien conoce Costa Careyes coincidirá en que se trata de un destino con un encanto perdurable. En él, se conjuga la sensualidad de la arquitectura mediterránea con el diseño orgánico y emblemático colorido del Pacífico mexicano. Es un lugar donde la devoción por la naturaleza se materializa de formas diversas.

Para Giorgio Brignone, director de Costa Careyes, la razón se sustenta en un factor medular. Desde el inicio fue proyectado como con un concepto residencial pensado en los grandes viajeros, dotado de autenticidad y pasión por la “dolce vita”. Tal como lo imaginó su fundador, el banquero italiano Gian Franco Brignone, cuando sobrevoló por primera vez los terrenos que habrían de formar parte del complejo.

Han pasado 50 años de aquel momento y Giorgio Brignone, hijo mayor de ese hombre visionario, mantiene el entusiasmo que le produjo involucrarse en la creación de Careyes en la costa sur de Jalisco. Una labor llena de desafíos a la que se refirió en entrevista con Forbes Life como una “aventura extraordinaria”.

Careyes

Ocean Castle Villa “Mi ojo” creada por el arquitecto Marco Aldaco

Giorgio testificó la apertura de rústicos caminos y la intervención de arquitectos de reconocimiento global. Entre ellos, Marco Aldaco, Alberto Mazzoni, Luis Barragán, Diego Villaseñor y Jean Claude Galibert. También estableció el Club de Polo a finales de los ochenta. Además, a lo largo de los años, al igual que su padre y toda la familia, se asegura que el destino progrese de una manera controlada de cara al futuro.

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Con el ánimo de trascender

“Estamos creciendo en un promedio de cuatro a cinco residencias al año. Siempre procurando la intimidad de los residentes y arrendatarios. Nos comprometimos a utilizar menos del 3% de las tierras con el fin de preservar el ambiente para las generaciones venideras”, explicó.

En su opinión, este esquema es la carta ganadora del mañana. Porque cada vez son más los viajeros en busca de destinos que sean responsables ecológica y socialmente.

Hace algunos años, recuerda Giorgio, sólo una decena de tortugas marinas desovaba en las playas del legendario destino. Hoy en día más de 2,000 se dan cita para poner sus huevos, convirtiendo gran parte del litoral en un verdadero santuario natural. Lo anterior, como resultado de la labor de conservación de las especies que realiza el centro dirigido por la Fundación Careyes.

Careyes

Muchas de las playas de Careyes se han convertido en santuarios de tortugas

A través de programas de educación, deporte, ecología y arte, la organización también contribuye al desarrollo de 1,200 niños de 11 comunidades aledañas. “Al impartir clases de inglés, aseguramos que la infancia tenga un mejor porvenir y que con el tiempo puedan incorporarse a la dinámica turística de la región”.

La meta de Giorgio y la familia Brignone es fortalecer estas iniciativas al igual que el arte y la cultura con sus ya icónicos festivales. Así como velar por la trascendencia de Costa Careyes como un destino de carácter único en el que tema culinario, decantado en siete espacios gastronómicos, juega un papel esencial.

“Porque el lujo para nosotros es poder disfrutar de la naturaleza en las mejores condiciones posibles. Donde tengas la oportunidad de comer muy bien, presenciar una luna llena en compañía de los amigos y una copa de buen vino. Tener la suerte de contar con todos los ingredientes necesarios para celebrar la vida”, finaliza Giorgio.

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