Fue Miss Europa, pero ahora es la custodia de la tradición artística de la familia Thyssen-Bornemisza. La baronesa comenzó a coleccionar confiando en su intuición y animada por su marido. Sin embargo, algo ha cambiado. Hoy The New York Times le apoda «la astuta negociadora».

Por Patricia Erroz

El empresario estadounidense Warren Buffett lamentaba —en un acto organizado por Forbes Estados Unidos— que la filantropía, en muchas ocasiones, podía entrar en conflicto con el gobierno, ya que se podía malinterpretar el hecho de que alguien se vea obligado a donar porque las autoridades no están haciendo bien su trabajo. En el arte sucede lo mismo. Coleccionistas privados temen que los museos públicos no tengan la visión estratégica para aumentar su acervo del modo más adecuado.

La baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza, la «dama del arte» de España, ha sabido buscar las vías para que una de las colecciones privadas más importantes del ámbito internacional se convierta en uno de los museos más importantes del mundo y, al mismo tiempo, le ha dado a la colección una función de servicio público.

En la actualidad, Carmen es vicepresidenta del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Es una de las coleccionistas de arte más importantes del mundo. Nació en Barcelona hace 71 años en el seno de una familia que propició su amor por el arte. Su padre, ingeniero industrial y hombre de negocios, era aficionado a pintar y coleccionaba cuadros de artistas españoles. Carmen recibió una educación internacional, estudiando en diversos colegios en España para después culminar sus estudios en Inglaterra y Suiza.

Su trayectoria personal es muy interesante y tiene diversas facetas, aunque muchos lo desconozcan. En 1961 se atrevió a escapar de la estricta educación recibida y ganó el certamen de Miss España. Poco después logró el título de Miss Europa y posteriormente se quedó en tercera posición en el certamen de Miss Universo. En 1965 se casó con el actor estadounidense Lex Barker —protagonista de las películas de Tarzán—, con quien vivió en California, Italia y Suiza hasta su repentina muerte en 1973 por un ataque al corazón en Nueva York. Lo había conocido en 1962 al pedirle un autógrafo.

Durante unas vacaciones en la isla italiana de Cerdeña, a finales de la década de 1970, Carmen Cervera conoció al barón Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza, hombre de negocios e importante coleccionista de arte con quien se casó en Inglaterra en 1985 y de quien fue inseparable compañera hasta que él falleciera en abril de 2002. «Carmen Thyssen compartió siempre con el barón el deseo de que la colección de arte estuviera al alcance de todo el mundo. Junto a él, con su apoyo y asesoría, comenzó también su andadura como coleccionista de arte, continuando de esta forma la tradición artística de la familia Thyssen-Bornemisza», destacan desde el museo.

Así, la labor fundamental de la baronesa en la consecución del acuerdo entre la colección privada Thyssen-Bornemisza y el Reino de España —primero para su préstamos y luego para la adquisición definitiva por el Estado español— ha sido muy reconocida. Un total de 775 piezas de la colección del barón Thyssen permitieron la apertura del museo. «Supuso un hecho histórico para España y es la garantía de que la colección permanezca unida en el futuro y que sea exhibida y contemplada en las mejores condiciones», añade desde la pinacoteca española.

¿Pensaba en España como destino final cuando hacía su colección privada?, preguntaron a la Baronesa en una entrevista en uno de los principales periódicos nacionales por aquel entonces. «¿Quieres saber la verdad? Yo pensé en España al poco de conocer a mi marido, cuando me enseñó la colección de Villa Favorita, en Lugano.

Yo jamás había visto un museo privado en una casa privada. Al contemplar tanto arte maravilloso reunido me quedé sin aliento. Recuerdo clarísimamente que miré un Ribera precioso que estaban limpiando en la sala de restauración y pensé: “Algún día estarás en España”». Y así fue. Dieciocho años después de aquella visita, el Ribera —junto con la colección Thyssen, calificada por los expertos como la mejor colección privada del mundo— se marchó al recién inaugurado museo madrileño.

«Por un lado al tener todos los cuadros reunidos en un solo museo se respetaba el deseo de mi marido. Lo último que no quería era que […] estuviera desperdigada. Él sabía que sus hijos no tenían ningún interés en mantener unida la colección iniciada por su abuelo, continuada por su padre y que luego él había hecho crecer a lo largo de toda su vida. Tampoco quería verla fuera de Europa, como pretendía su hija Francesca, que prefería como destino los Estados Unidos. La baza de España, además de que se trataba de mi país, es que ofrecía el mejor de los espacios posibles para la colección, a pocos metros del Museo del Prado y del Reina Sofía. Era el sueño de cualquier coleccionista. Y eso no se podía rechazar», añade la baronesa.

Joyas de la colección Paul Gauguin, Mata Mua 1891.

Joyas de la colección Paul Gauguin, Mata Mua 1891.

La colección personal

En 1999 Carmen Thyssen hizo público su deseo de ceder gratuitamente también su colección particular durante 11 años para que fuera expuesta en las nuevas salas del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, poniendo de manifiesto una vez más su constante dedicación y empeño por hacer que fuera accesible a todos. La firma del acuerdo con el Ministerio español de Cultura tuvo lugar en 2004. Comprende más de 600 obras. Y no sólo eso, el objetivo fue fusionar ambas colecciones, la Thyssen clásica y la de la baronesa, en una única exhibición tasada en 800 millones de euros.

Paralelamente, en 2011, se negoció e inauguró el Museo Carmen Thyssen Málaga, que alberga la colección de pintura andaluza de la baronesa en el sur de España. Asimismo, al norte, el pueblo de Sant Feliu de Guíxols (Cataluña) acogerá otra futura selección de sus obras. Como curiosidad, la exposición Carmen Collection en Beijing y Shangái figura ya en el libro Guinness
World Records debido a la masiva asistencia del público.

Por todo ello, en 1988, a Carmen le fue concedida la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y en marzo de 1999 la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, que recibió de la mano del rey Juan Carlos. Además es Académica de la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz desde el año 2000 y ha recibido, entre otros, el galardón Melvin Jones de la Fundación Lions Club (2009) y el premio Alfiler de Oro de la Asociación “Mujer siglo xxi” en 2010.

Ribera, San Jerónimo penitente. Uno de los pintores favoritos de la baronesa.

Ribera, San Jerónimo penitente. Uno de los pintores favoritos de la baronesa.

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