Checo Pérez tuvo que salir de México con 14 años para triunfar en las pistas como piloto de Fórmula 1. A unos meses del gran premio de México, regresa a su hogar con un sueño: ser el mejor.

Soñar es fácil, convertir los sueños en realidad no; siempre hay que pagar un precio. A veces, muy alto. Sergio «Checo» Pérez lo sabe. No ha necesitado que nadie se lo cuente: lo aprendió cuando aún era casi un niño. «Me fui muy pronto de casa, a los 14 años, una edad muy temprana para tomar esa decisión.

Pero no me arrepiento: ha sido mucha entrega, mucho trabajo, mucho sacrificio, pero la recompensa ha merecido la pena», asegura con voz firme mientras se acomoda en un sillón y el brillo del nuevo AMG GT de Mercedes-Benz —que más tarde pilotará— se refleja en su mirada. Una de sus características más acusadas es que clava sin vacilar los ojos en su interlocutor, como si fuese ese punto de la pista que todo piloto jamás pierde de vista.

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En su caso, ese punto era —y es— el pódium. Para llegar a lo más alto tuvo que renunciar a muchas cosas: «Me costó muchísimo porque soy una persona muy apegada a mi país. Amo México, mi familia, mis amigos, mi hogar, todas mis costumbres… Me costó y me sigue costando. Son ya más de diez años desde que dejé atrás mi país y cada año cuesta; pero vale la pena», afirma durante nuestra conversación.

Es el primer mexicano que compite en la F1 después desde Héctor Alonso Rebaque, hace 30 años. A los 15 años, Carlos Slim apadrinó su carrera mediante el patrocinio de Telmex, aunque su pasión por la velocidad le viene en los genes. Su padre, Antonio Pérez Garibay, es un ex piloto y preparador de autos de carreras. Su hermano Antonio también es piloto, actualmente compite en el serial Nascar México y también está vinculado con la Escudería Telmex.

Su carrera comenzó en 1996, a los seis años en competiciones infantiles de karting. En 2010, Sauber lo fichó para debutar un año más tarde, en 2011, con su primera temporada en la Fórmula 1. Repitió con esta escudería en 2012, de la que pasó el año siguiente a McLaren y en 2014 al equipo Force India, con quien sigue corriendo —ha negociado una extensión de contrato hasta 2016—.

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En la actualidad, tal y como confiesa en exclusiva para Forbes Life, su objetivo es «hacer mi mejor temporada en Fórmula 1, quedar por delante de mis compañeros y regresar a un equipo más grande». Una carrera meteórica que le ha valido por parte de la prensa especializada el apodo de The Mexican Wunderkind (El niño prodigio mexicano).

En esta temporada, tal y como él mismo admite, «los inicios han sido muy difíciles, pero vamos a más». Su agenda, eso sí, es complicada. Le esperan los premios de Austria (del 19 al 21 de junio), Silverstone, en el Reino Unido (3-5 de julio), Hungría (24-26 de julio), Bélgica (21- 23 de agosto), Monza, en Italia (4-6 de septiembre), Singapur (18-20 de septiembre), Japón (25-27 de septiembre), Rusia (9-11 de octubre), Austin (23-25 de octubre) y, finalmente, su gran desafío: México (del 20 de octubre al 1 de noviembre).

«Hace diez años que no corro en casa, en mi país, y va a ser muy especial. Voy a disfrutar muchísimo, más allá del resultado. No porque sea el Gran Premio de México, sino porque como en toda carrera siempre trato de dar lo mejor de mí mismo, cada fin de semana», sostiene.

Y es que, como piloto, considera que ese es su gran triunfo: antes de salir a la pista, su principal objetivo es ganar; sí, pero sobre todo bajarse del coche. «Mi último pensamiento es que pueda regresar. Más allá del resultado, sabes que como piloto el hecho de regresar a tu casa significa que ha sido un gran fin de semana», admite.

Hace falta mucha sangre fría —la misma que para salir a la pista— para confesar que, como piloto de élite, él también tiene que enfrentarse a sus miedos cada vez que se monta en  un auto capaz de superar los 300 kilómetros por hora. No se trata de máquinas, sino casi de cometas. Son desafíos técnicos que, para Checo Pérez, explican el millonario baile de cifras que gira siempre en torno a este deporte: «Para mí la tecnología es la verdadera razón del dinero que mueve la Fórmula 1.

Escuderías como Ferrari o Mercedes quieren ganar para poner a su marca lo más arriba posible y tienen que invertir mucho dinero para que los modelos sean cada vez más eficaces». Para Pérez, esta es también la razón por la que la Fórmula 1 conecta con un público tan mayoritario: «Una vez que lo entiendes, comprendes que es un espectáculo increíble donde confluyen muchísimos factores que hay que controlar, tanto pilotos como equipos, tecnología, competencia… Por eso resulta tan  pasionante y por eso es el deporte que es».

En efecto, es una mezcla de deporte, espectáculo y glamour que viene siempre aderezado de cifras millonarias: desde el canon que hay que pagar por albergar uno de los Grandes Premios —que van desde cero euros que le cuesta al Principado de Mónaco a los 50 millones que tienen que abonar sedes más modernas, como Singapur, Malasia o Abu Dhabi— al monto total facturado el año pasado por este deporte, valorado en 1,400 millones de dólares, según datos del Business Book GP (se trata de cifras aproximadas, ya que en torno al gran circo de la Fórmula 1 todo es tan hermético como la financiación del Pentágono).

Checo Pérez sabe que este es un deporte muy demandante, donde resulta difícil justificar que no eres el primero. «En Fórmula 1, cuando tienes 19 o 20 carreras, todo cambia muy rápido. Es difícil explicar que hiciste una buena carrera y llegaste el nuevo o el décimo. Como piloto tienes que ser el primero y creer en ti», explica. La condición física, la fortaleza —también la mental— y la perseverancia son los tres pilares sobre los que pivota la formación de un piloto de élite. Checo lo sabe y por eso prefiere fijarse objetivos a largo plazo: «Hay que ser realistas y no crear una ilusión falsa, pero en tres años me veo como campeón».

Como en todo deporte de élite, la clave está en la disciplina: «Es muy difícil llegar, pero es aún más difícil mantenerte. Siempre tienes que tratar de ser el mejor en todos los sentidos, no sólo físicamente; de ponerte metas muy altas para poder seguir.  Tienes que probar cosas nuevas y métodos para mejorar, ya que vienen nuevas generaciones más preparadas».

Mientras estas nuevas generaciones miran al futuro, Checo prefiere buscar inspiración en el pasado: en un referente como Ayrton Senna. «Siempre ha sido una inspiración y, en el automovilismo, ha sido para mí un modelo: lo que logró, cómo se comportaba…». Eso es lo que él también querría ser para muchos jóvenes: un ejemplo. «Me gustaría dejar un legado similar, inspirar a los futuros pilotos en la forma en que me comporto, cómo me enfrento a mis carreras, cómo nunca me doy por vencido; eso es justo lo que espero, que el día de mañana motive a muchos jóvenes».

El futuro, a pesar de la presión, no le asusta. También ve con mirada optimista el futuro de la Fórmula 1, no sólo como disciplina deportiva, sino como espectáculo de masas. «No tengo la menor duda de que va a seguir siendo lo que es: el top del automovilismo. Es un deporte que involucra demasiadas cosas como para que lo desbanque otro.

Más allá de los millones que mueve, los verdaderos aficionados que lo conocen en profundidad lo aman y van a seguir haciéndolo en el futuro». ¿El mejor ejemplo? No hay que irse muy lejos, Checo Pérez lo encuentra aquí, en México: «Es impresionante la cantidad de afición que hay, las ganas con las que la gente está esperando el Gran Premio de México, y eso es algo que me ilusiona mucho: haber puesto mi granito de arena para que la Fórmula 1 regrese aquí. Espero poder darles una excelente carrera y quiero que la gente lo disfrute tanto como yo. Y por muchos años».

Tantos como los que han pasado desde que aquel niño de 14 años lo dejó todo para perseguir su sueño. «Nunca pude imaginarme que llegaría hasta aquí», reconoce mientras se sube al AMG GT. «A pesar de lo que me ha costado, volvería a hacerlo porque se trata de un deporte que me ha dado unas oportunidades increíbles en todos los sentidos. Eso es lo que más valoro hoy: que me ha puesto en niveles que nunca imaginé que podría llegar a alcanzar».

Como en las pistas de carreras, en la vida no vale hacer un buen tiempo. Hay que ser el mejor, el número uno. Y está dispuesto a serlo.

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