Para aquellos amantes de esta imposible tentación, en cualquiera de sus modalidades ya sea, dulce, semi-amargo o amargo, vale la pena considerar que en ocasiones a la hora de darle gusto al paladar no sólo se prueba el cacao y sus ingredientes, sino una toda historia detrás de cada uno de los chocolates… claro, si es que viene de alguna de estas chocolaterías. 

Las chocolaterías más antiguas del mundo narran la magia y la historia de los países en los que se encuentran. Cada una de las piezas que crean están cubiertas de su legado, mismo que se disfruta tanto como los bocados que se desgustan.

Jolonch, España

 

Fotos del sitio oficial www.xocolatajolonch.com/es

Uno de estos chocolates fue la última voluntad de un hombre antes de ser fusilado. Esta anécdota no es sacada de un libro o incluso un halago a este chocolate, se trata de una historia real, que la misma marca cuenta como parte de su pasado. En la década de los 40s, el presidente Lluis Companys en Cataluña, pidió como última voluntad probar un trozo de chocolate a la piedra de Agramunt.

Probablemente se ha escuchado mucho acerca de que la cuna de los mejores chocolates del mundo está en Suiza, pero el país vasco contradice esta afirmación. En un lugar remoto de España llamado Agramunt, su historia data desde finales del siglo XVIII. Rondando 1770 esta fábrica de chocolate ha pasado por varias generaciones, una de ellas, Marià Jolonch la trasladó entre un lugar y otro, hasta llegar a aquella zona en la que aún se ubica y convertirla en un legado. Esta mujer no sólo se distingue por su aportación al mundo chocolatero, sino que además ayudó a mejorar el suministro eléctrico para esta localidad.

Esta fábrica destaca entre su competencia por su elaboración del chocolate a la piedra. Esta expresión no se refiere a que el chocolate tenga tal dureza, sino porque los artesanos desde ese entonces, utilizaban la piedra de granito para calentar el cacao gracias a las altas temperaturas pudieran triturarlo y convertirlo en una masa líquida. Una característica exclusiva de Jolonch, además de su alta calidad, es que un chocolate creado mediante un proceso artesanal.

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Sprüngli, Suiza

Fotos del sitio oficial Sprüngli: www.spruengli.ch

Esta chocolatería data del año 1836, cuando David Sprüngli funda esta confitería de lujo ubicada en Marktgasse, Zurich, la cual llamó “Sprüngli & Fils“. Para el año de 1845, comenzó a ser uno de los pioneros en la producción de chocolate y uno de los que logró elevar la reputación del chocolate suizo, la cual se conserva hasta el día de hoy.

Años más tarde, David, en conjunto con su hijo Rudolf, adquirieron una propiedad en Paradeplatz, ahí mismo en Zurich. Este era un lugar poco concurrido pero ellos confiaban en que se planeara una construcción de tren en este sitio y así su local tendría éxito. Lamentablemente su deseo fracasó, ya que sucedió totalmente lo contrario. Esta familia pasó noches enteras sin dormir por su angustia acerca de tal situación, pero poco tiempo después la historia cambió. No fue un tren, pero comenzaron una construcción a los alrededores de Paradeplatz, lo cual produjo un incremento en su clientela y permitió que mantuvieran viva la empresa, que aún sobrevive.

Fotos del sitio oficial Sprüngli: www.spruengli.ch

Bahnhofstrasse se convirtió en un lugar comercial muy famoso en todo el mundo. En la actualidad es la calle más famosa de todo Zurich, aquí se encuentran ubicadas las mejores marcas, lo que posiciona a Sprüngli, en conjunto con restaurantes y bares, volviendo a este lugar un verdadero atractivo en Suiza. Actualmente opera 14 tiendas en lugares como Ginebra, Berna, Basilea, entre otras localidades.

Amattler, España

 

Fotos del sitio oficial www.chocolateamatller.com/es

La historia inunda a esta chocolatería. Gabriel Amatller, dentro de un poblado de Barcelona llamado Santa María del Mar, instaló una fabrica artesanal de chocolate procedente de Molins de Rei. Gabriel tuvo descendencia, y entre sus 3 hijos lograron ampliar el comercio de frutos coloniales. De esta forma pudieron asegurar las cosechas de cacao, vainilla y azúcares para la producción del mismo.

Su nieto, Antoni Amatller Costa tomó la ya ‘afamada fábrica’ dentro de España, él tuvo la visión que ha hecho que prevalezca hasta nuestros días gracias a su innovación en el arte plasmado en su publicidad. A muy corta edad pudo viajar alrededor de Europa para conocer las nuevas tecnologías que inundaban al continente y pudiera replicarlo en su país para potenciar al máximo su chocolatería.

Pero esta historia no culmina tan feliz como se esperaba. Teresa, la hija de Antoni, al no tener descendencia decidió vender la fábrica en el año de 1972 a una familia de apellido Coll, con una reputación impecable desde 1840 en la industria chocolatera que ha prolongado a la fábrica de ‘Chocolates Amatller’ ininterrumpidamente desde su adquisición.

Estos chocolates se distinguen por su cuidada selección de ingredientes, innovación en tecnología en el proceso de la fabricación del chocolate y toda la historia aquí citada, que se encuentra detrás de cada producto. Un dato curioso es que ha tenido aproximadamente 50 logos distintos desde su creación hasta la fecha.

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