En un mundo cada vez más pequeño, ¿cuál es la esencia del viaje? ¿En qué radica el verdadero lujo de emprender una travesía? Nos sumergimos en estudios recientes sobre la psicología de viajar y hablamos con algunos expertos trotamundos para responder a ésas y otras preguntas.

 

Por Analía Ferreyra

Contrario a lo que muchos podrían pensar, la mayoría de la gente no viaja para consen­tirse, recuperar el equilibrio y la armonía o, en caso opuesto, tener una experiencia excitante. Como residuo de nuestra existencia nómada, como el fantasma de lo que un día fuimos como especie, la mayoría de nosotros viaja para conocer, ampliar horizon­tes, enfrentarse con lo diferente y consigo mismo.

A finales del año pasado, Trip­Advisor realizó un estudio sobre la psicología del viaje, el cual ha revelado los motivos por los que comúnmente emprendemos diversas travesías. Está claro que todos podemos ser varios viajeros en un punto de nues­tras vidas, incluso en un mismo año, y podemos combinar experiencias y motivaciones en cada travesía. Pero, en general, ¿qué buscamos al viajar?

De acuerdo con el análisis de Ipsos, compañía de estudios de mercado, la mayoría de nosotros busca tener experiencias inte­resantes y únicas que amplíen nuestro conocimiento y enriquez­can la visión de mundo. Cualquier viajero experto sabe cuánto puede impactar en la vida un destino, una experiencia, una comida; cómo cada traslado te esculpe, cambia y transforma en otro ser. Por eso cada vez más los trotamundos expertos buscan experiencias a la medida muy lejanas de lo que un turista podría buscar en sus vacaciones.

“Los viajes de lujo se están ale­jando de lo estandarizado. Incluso el lujo puede ser estándar, pero ten­go la impresión de que esto es cada vez es menos atractivo”, explica Debbie Pappyn, autora de Remote Places to Stay (Lannoo Publishers, 2014) y consultora en viajes de lujo. “El viajero de lujo quiere explorar más, ver más rincones desconocidos del mundo y hacerlo con estilo”, dice. Aunque, aclara, estilo puede significar muchas cosas de acuerdo con cada viajero: hay quien se hospeda en hostales y come únicamente en restaurantes con estrellas Michelin o quien sólo duerme en hoteles de lujo pero prefiere comer en locales pequeños donde se ofrece la sazón tradicional del destino.

Para Jaime Gorozpe, CEO de International Travel Group, esto se traduce en viajeros que buscan ren­tar propiedades en distintas partes del mundo, o rentar barcos, “desde una goleta en la costa turca hasta un súper yate en el Mediterráneo”, así como hacer viajes especializa­dos en sus intereses (culinarios, artísticos, deportivos) en los que la experiencia se centra en llevar una vida más cercana a la del destino que un recorrido turístico.

Tomando como base las motivacio­nes psicológicas propuestas por el estudio de TripAdvisor, así como las últimas tendencias en viajes de lujo, nuestros expertos proponen travesías confeccionadas especialmente para los trotamundos más profesionales.

1. Viaje intensivo

En busca de… ampliar perspectivas

“Soy fan de combinar experiencias y destinos”, dice Pappyn, quien viaja alrededor de 240 días por año. “Regresas a casa con tantas impresiones distintas que tienes la sensación de haberte ido mucho más tiempo”. Pappyn propone, por ejemplo, explorar Calcuta en la India, principal centro cultural del este del país, y volar luego a Bután —a una hora de distancia— para ver un diminuto reino enclavado en los Himalayas.

2. Especializado en ti

En busca de… liberación

Como observa Jaime Gorozpe, de itg, cada vez más viajeros empren­den aventuras especializadas en sus gustos e intereses que pueden ir desde tomar un curso de cocina italiana en una escuela en Flo­rencia hasta hacer el recorrido de los castillos del Valle del Loira en bicicleta; viajes que no sólo dan a conocer destinos, sino otra forma de emprender caminos.

“Correr se parece mucho a via­jar”, explica Verónica Velázquez, maratonista y viajera profesional, “te ayuda a desconectar de lo cotidiano y viajar ayuda a conec­tar con nuevas realidades. Cuando viajo nadie me conoce, cuando corro, tampoco. Sólo yo sé hasta dónde llegaré. Tal vez correr es la mejor forma de conocer nuevos lugares, de ‘aprovechar el tiempo’ y de ver más en menos tiempo. Lo que un maratonista ve al conocer una ciudad a través de 42 kiló­metros nunca lo podrá olvidar”, concluye Velázquez.

3. Slow-travel

En busca de… inmersión

“Todavía soy gran fan del slow-travel; tomarte tiempo para explo­rar lugares, para experimentar la esencia de un destino. Me encanta hospedarme en hoteles de lujo, especialmente en las cadenas asiáticas como Shangri-La, Mandarin Oriental y Peninsu­la, pero a veces puede ser muy divertido rentar un departamento con servicios de lujo en una ciudad para que puedas absorber la rutina del lugar y tener más privacidad”, dice Pappyn.

De esta forma no sólo se conoce más un destino, sino que también se abre la posibilidad de hacer nuevos amigos y así, por medio del contac­to con los locales, extraer otras cosas del lugar que visitamos. “Cada vez más los viajeros de cierto nivel optan por rentar villas o casas en diferentes spots del mundo: desde una playa en el Pacífico hasta una villa en la Tosca­na”, comenta Gorozpe.

4. Remoto

En busca de… disfrutar con los seres queridos

Cuando queremos restaurar nuestras relaciones o crear recuerdos imbo­rrables con la gente que queremos, un lugar remoto alejado de todo puede ser el escenario ideal.

“Viajar en busca de espacio, silencio, soledad y aire limpio y fresco. La sensación de ser el único allí, tener el lujo de enfocarse en cosas pequeñas y esenciales que ignoramos muchas veces en la vida normal. Un lugar remoto significa que puedes salir del mapa por un tiempo y da la sensación de que está bien no estar conectado con el mundo. Algunas viajeras le pregun­tan a sus agentes si conocen hoteles donde no funcione el BlackBerry del esposo. Switch off. Los lugares remotos le permiten a la gente no hacer nada”, explica Pappyn.

Ella sugiere hospedarse en Budir (hotelbudir.is), en la costa islan­desa, en invierno. Mientras una tormenta de nieve sopla sobre el Atlántico lo único que puedes hacer es sentarte junto al fuego a charlar de todo y nada, sentirte muy, muy lejos de tu frenética vida cotidiana; desconectar del mundo para conec­tar el uno con el otro.

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