Es un destino que ha visto cambiar el curso de la historia, Córcega, isla del emperador Napoleón Bonaparte. Un amalgama cultural que se debe a piratas y presidiarios.

Córcega, seguido conquistada pero jamás sumisa. Tierra Cuya bandera es símbolo de independencia nacional, donde el lujo no es negociable, donde el paraíso se dibuja mediante montañas de caminos sinuosos y las distancias no se miden en kilómetros, sino en tiempo. Es la tercera isla más grande del mar Mediterráneo y forma parte del territorio francés desde 1768.

Su riqueza natural es infinita. Un litoral privilegiado de aguas azules, arena blanca y aire fresco, viñedos auténticos y pequeñas ciudades medievales llenas de personalidad, carácter y fortaleza. En Marine de Negru se percibe la historia marítima de la isla: una playa pedregosa de asbesto negro y mar azul que puede ser admirada desde lo alto de una torre genovesa, edificada entre el siglo XIII y XVII para proteger a la isla de invasores.

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Napoleón aún juega un papel importante en Córcega, pero aún más en Ajaccio, su ciudad. Ahí se encuentra su casa, un edificio amarillo de tres pisos con ventanas largas de madera color verde. El estado la nombró Propiedad Nacional y Monumento Histórico de Francia y está abierta al público como museo.

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Ajaccio es famoso por sus costas. Durante mucho tiempo jugaron un papel defensivo para la isla. La ciudad tiene forma hexagonal y está compuesta por seis bastiones. Uno de los lugares más pintorescos y emblemáticos es la ciudadela, construida en cuatro fases entre el siglo XIV y el XVII por la República Genovesa. El barrio genovés de Ajaccio presume de elegante arquitectura de colores cálidos, del naranja al rosa palo con ventanas que se abren de abajo hacia arriba en callejones soleados pero frescos. Ahí mismo se encuentra la catedral, de color salmón y estilo renacentista, radicalmente original.

Nabulione —nombre corso de Napoleón— era un militar dominante y de gustos refinados que no sólo gozaba de las grandes conquistas, sino del buen vivir. Sus estrategias son aún estudiadas. Este personaje aristocrático es un ícono actual para empresarios exigentes que gustan del protagonismo, el lujo y la conquista.

La magia surge al conectar con la esencia del ambiente. La Signoria, en Calvi, es elegante y moderno con toques conservadores. Data del siglo XVIII y perteneció a Luis XV como su lugar de descanso. En ese entonces, contaba con tres hectáreas de viñedos, pero estas tierras fueron cedidas a los famosos ‘pies negros’ que provenían de Argelia. Los dueños de la guía Michelin también fueron propietarios del hotel hasta que en los años 80 la familia Ceccaldi adquirió la propiedad. Las piezas decorativas, así como los muebles del bar, fueron seleccionados personalmente por el actual dueño. Incluso las luminarias datan de la época de Bonaparte.

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En Port de Saint-Florent se encuentra uno de los hoteles cinco estrellas más elegantes y conservadores de Córcega, La Dimora, una cálida construcción que brinda un ambiente medieval pero, al mismo tiempo, provoca un espectáculo visual al mezclar madera maciza, mármol, piedra caliza y pigmentos viejos.

Todo gran conquistador debe cuidar sigilosamente sus estrategias y próximos pasos. El amanecer es digno de disfrutarse en paz y decido asomarme a la terraza del jardín frente a la playa para sentir la brisa del mar Mediterráneo. Es el momento de jugar una partida de ajedrez, juego de mesa favorito de Bonaparte.

Placeres mundanos

«Seis horas los hombres, siete las mujeres y ocho los tontos», fue la respuesta de Napoleón sobre cuántas horas debían dormir las personas. La realidad es que él era adicto al trabajo y pensaba que dormir era para los débiles. Durante la guerra luchaba insaciablemente junto a sus tropas, sin requerir horas de sueño durante días. Dice la leyenda que cuando lograba conciliar el sueño era capaz de no despertarse pese al ruido de los disparos y cañonazos.

Sería interesante conocer su opinión sobre los Relais & Chateaux de cinco estrellas que están su tierra natal. Dormir no es suficiente, el descanso para cualquier empresario (emperador) moderno, es fundamental y no negociable. La buena noticia es que el descanso es mejor amigo del lujo en este destino.

La mesa del emperador

Napoleón solía comer rápido y en silencio. Era un emperador de placeres culinarios sencillos. Su plato favorito era el pollo al horno con papás y cebolla. Los corsos no se limitan a la hora del buen comer. La mesa es para disfrutar y, de preferencia, con un tinto en la mano. El gran secreto de la cocina corsa se encuentra en el acertado uso de las hierbas aromáticas. Los productos de la gastronomía corsa proceden de la agricultura local. Su charcutería es una de las más renombradas en el mundo por la alta calidad de las carnes que proceden de razas locales que son alimentadas con leche, bellotas y castañas. También son frecuentes los pescados y mariscos frescos acompañados de hortalizas de temporada y aceite de oliva de la región. Y, claro, queso y vino son obligatorios.

Las montañas que se funden en el mar de Port de Saint- Florent al atardecer son el marco perfecto para la cena en La Gaffe, restaurante recomendado por la Guía Michelin 2016 por su cocina de alta calidad y una buena carta de vinos con más de 700 referencias. Su especialidad es la langouste grillée à notre facon o el mezclum champêtre bio. Christophe Chiorboli, dueño de La Gaffe, suele guardar botellas especiales en su cava personal. El lujo llega a Calvi al anochecer acompañado de una estrella Michelin. Accedo al restaurante del chef Laurent Renard, La Table, dentro del hotel La Villa. Renard es un chef a quien le gusta de contar historias gastronómicas a través de sus platos.

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Un espacio para perderse en la inmensidad de la naturaleza y dejar que el aire fresco sea el protagonista es Le Frère en Casalabriva. Sostenible, 100% natural, cómodo y acogedor. La especialidad de la casa es carne de ternera lechera y pasta. El maridaje únicamente se puede hacer con vinos de Domaine Comte Abbatucci.

Los corsas son de carácter fuerte pero también se caracterizan por su nobleza y hospitalidad. En Auberge A Pignata en Levie primero aparece un aperitivo burbujeante y, después, se cena comida corsa con toque casero. Es el escenario perfecto para admirar la tranquilidad de las montañas, a la luz tenue del salón y la calidez del fuego de la chimenea.

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Uvas de la abundancia

El vino en Córcega tuvo una época difícil durante la Segunda Guerra Mundial. La cantidad de hombres fallecidos provocó que los viñedos fueran abandonados. Desde hace 20 años comenzaron a trabajar con uvas endémicas de la isla. Los viñedos son tradicionalmente negocios familiares. En estas tierras impera la calidad, no la cantidad, y sus producciones no rebasan las 200 mil botellas anuales.

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Descubro la historia de Jean-Charles Abbatucci, propietario de Domaine Comte Abbatucci en Casalabriva. Innovar en una industria que tiene las reglas escritas y definidas es un gran reto. El riesgo valía la pena: crear un vino biodinámico con el mínimo de sulfitos. Rompió las reglas del vino tradicional, apostó por equilibrar y armonizar sus creaciones con la naturaleza. La factura quizá salió alta. Esta innovación llevó a Abbatucci a quedar fuera de la Academia Francesa del Vino, de la apelación y de la denominación de origen. Decisiones fuertes que únicamente reforzaron sus certezas. El año pasado fue nombrado el mejor viñedo de Córcega.

Cuenta con una vieja colección de cepas, once para blanco y siete para tinto, cada una con más de 60 años de edad. Sus tierras se trabajan cuidadosamente con el agua de la tierra y a caballo desde hace cuatro años. Abbatucci tiene la certeza de que cuando se da un paso hacia la naturaleza, ella da diez a nuestro favor.

Otro viñedo que merece una visita es Domaine Gentile. Se extiende a lo largo de 30 hectáreas con uva orgánica y cepa auténtica en la región de Patrimonio. Producen vino tinto, blanco y rosado. Recientemente fueron clasificados por el paisaje como sitio notable por la UNESCO. Jean Paul Gentile es su propietario y forma parte de la segunda generación al frente del viñedo.

En Calvi se encuentra el viñedo de Pierre Acquaviva, Domaine d ́Alzipratu, con una extensión de 40 hectáreas. Es particular: se encuentra a 200 metros sobre el nivel del mar y al pie de una montaña verde de dos kilómetros de altura, algo muy benéfico para el equilibrio de la uva. Acquaviva trabaja con cepas autóctonas de nombres italianos: Vermentinu produce vinos blancos fuertes y secos con notas de manzana y almendra, que están considerados como los mejores de la zona mediterránea; Sciacarellu brinda vinos tintos suaves con aroma a frutos rojos; Niellucciu da un tinto profundo, de cuerpo denso con notas de madera y especias.

Se dice que los habitantes de Córcega son franceses hasta la muerte pero corsos hasta la eternidad. Firmes defensores de la justicia y amantes de la naturaleza. Un paraíso del buen vivir que no deja de sorprender en cada curva de sus caminos sinuosos y en cada sorbo a sus caldos hedonistas

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