Doña Natalia, una marca de mezcal muy femenina se propone el rescate de una especie y la capacitación de una generación de maestras mezcaleras en Durango.

En una franja de tierra en la Sierra de Durango, entre Nombre d eDios y la zona de el Mezquite, el hijuelo de un agave sagrado comienza a crecer. Aislado, incluso de los que se le asemejan, a 3,000 metros de altura sobre el nivel del mar, ese maguey tardará 15 años en convertirse en adulto, tiempo en el que absorberá los nutrientes de una tierra boscosa y llena de manantiales, conocerá el rigor del sol y la fría caricia del viento.

El agave sagrado, una subespecie subendémica del duranguensis o del americano (los especialistas aún no se ponen de acuerdo), es un maguey silvestre que a lo largo de miles de años se ha adapatado evolutivamente a su entorno y ha logrado sobrevivir a la rápida depredación que muchas especies han visto de la mano de la moda mezcalera.

“El agave es una plata que vive durante 12 o 15 años en lugares  agrestes, perdidos; vive de la supervivencia, del silencio, del sol, de la adversidad, tiene que ver con la esencia de México profundo”, dice Natalia Gil Torner, una de las fundadoras de Doña Natalia. “Cuando bebes un mezcal, te tomas la espera, el silencio, el sol, el sacrificio, la dulzura; te estás tomando la vida de una planta, una de las más sabias y la planta madre de este país”.

Si el agave en sus múltiples presentaciones (tequila, mezcal, bacanora, etc.) se relaciona con la esencia de México, el maguey sagrado y el mezcal que se hace con él, lleno de dulzura, elegancia y carácter, se presta como la analogía perfecta para describir el espíritu de esta empresa fundada por Rosa Isela de la Rocha, Marcela Bolaño y Natalia Gil, quienes han vivido adversidades y sacrificios que conlleva el ser mujer en un país como éste.

Natalia y rosa se conocieron hace ya algún tiempo en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, mientras estudiaban sus respectivas maestrías, y desde entonces se convirtieron en amigas inseparables; años más tarde conocieron a Marcela y entre mezcal y mezcal, se hicieron una cofradía de luchadoras.

En una industria aparentemente tan masculina como la de las bebidas alcohólicas, estas tres amigas se han plantado con firmeza, haciendo de Doña Natalia una empresa en la que 90% de la fuerza laboral es femenina. “Son muchas mujeres las que están involucradas, directa e indirectamente en la producción del mezcal”, comparte Rosa, duranguense orgullosa, encargada de la producción.

 

Esta es la botella negra que tendrá un costo de $7,000 pesos.

Esta es la botella negra que tendrá un costo de $7,000 pesos.

 

“Ahora queremos que sean puras mujeres, jovencitas, quienes nos apoyen a la siembra, porque tú sabes que las mujeres tenemos dedos verdes y el agave como que entiende”, dice Rosa haciendo referencia a más reciente reto que se ha propuesto la marca: el rescate del agave sagrado.

Porque a un par de años del lanzamiento de Doña Natalia, estas tres amigas no sólo se han empeñado en poner el mezcal duranguense en los reflectores mundiales (ya venden en Australia y en España), educar a los consumidores con respecto al valor que tiene  esta bebida y apoyar a la mujeres de Durango, el más reciente proyecto de la compañía es iniciar con el rescate de las especies endémicas y subendémicas de agave de Durango que están siendo exterminadas, como es el caso del agave sagrado.

Con las ganancias de la edición limitada de sagrado que saldrá a la venta el próximo otoño y apoyos de programas federales, se comenzará la reforestación de un terreno a dos horas de la capital del estado.

Y es que Natalia, rosa y Marcela están dedicadas a plantar batalla. Juntas se han apoyado para sobrevivir a las injusticias y frustraciones que muchas veces puede traer ser mujer en un país como México y han demostrado que el poder se encuentra también en la solidaridad lo que las inspira para ayudar a otras mujeres. “Es muy duro porque también somos las mujeres las que atacamos a las mujeres en México, creamos estereotipos de lo que una debe ser y te los transmiten”, dice Rosa.

La edad en la que una mujer “debe” casarse, cómo “tiene” que vivir su sexualidad, donde “está bien” que trabaje (si lo hace), de quién “puede” estar acompañada, los chismes, el juicio social sobre si decide o no ser madre y los sacrificios que ello conlleva son sólo algunos de los obstáculos que han encontrado de una u otra forma en sus historias de vida y en las de las mujeres con las que trabajan.

“Todo viene desde tiempo atrás”, afirma Marcela, “siempre la mujer se ha asumido que es la que se queda en casa, la que cuida a los niños, mientras que el hombre es el que trabaja; pero en el tema del mezcal, rosa te lo dirá mejor, las mujeres tienen un gran papel importantísimo”.

Más si hablamos de la elaboración de los destilados Doña Natalia, donde las mujeres están involucradas en roles clave, como darle el punto al conocimiento de las piñas de agave o a la cata previa en la que se decide si se embotella un mezcal o no.  Si bien de momento solamente cuentan con las hijas de los maestros mezcaleros, esperan en el futuro cercano capacitar a la primera generación de maestras mezcaleras de Durango.

“Hemos vivido tantas cosas juntas, tener todos esos sueños, aunque se nos caigan cien veces; estar en el hoyo y ayudarnos y la verdad es que para nosotros esta marca representa el decir, sí se puede, sí se puede a pesar de la Revolución, a pesar de que te destruyan todo, puedes volverte a levantar”, dice Natalia y Rosa concluye: “Tienes que luchasçr”. Siempre.

Doña Natila 02

 

 

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