Andre Agassi quebró los paradigmas del deporte blanco, sin embargo es uno de los tenistas que más millones ha obtenido por jugarlo. Su larga relación amor-odio lo hizo romper todas las ideas preconcebidas de cómo debería ser el tenista perfecto. Ahora, después de haber dejado todo eso atrás, se centra en la filantropía, un tema que le apasiona y en el que ha invertido su esfuerzo.

29 años entrenando con la raqueta, 20 años como jugador profesional y 175 millones de dólares (sólo un poco más de 30 millones de premios de torneo) acumulados entre torneos y patrocinios. Andre Agassi se encuentra en el top de los tenistas mejor pagados de la historia. Su presencia en la cancha nunca pasó desapercibida, su nombre daba siempre de qué hablar y su comportamiento continuamente era polémico.

Con una apariencia poco común entre los tenistas —no podemos olvidar su gran melena y coloridos atuendos por su larga relación con Nike—, él tenía un talento innato envidiado por muchos, despreciado por él mismo. La razón de ser de su extraño comportamiento en el deporte despertaba cuestionamientos entre los críticos y fanáticos. Finalmente el extenista, que ganó ocho torneos de Grand Slam y estuvo en la posición número uno del mundo con regularidad, abrió su historia sin censura en un libro publicado en 2009 y que el primer año vendió más de 100,000 ejemplares, colocándose como una de las más polémicas autobiografías deportivas, algo que no resulta ajeno a la carrera del tenista.

Una oscura pasión

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«Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión y siempre lo he detestado», narra en la primera página de su libro Open: an autobiography. Forbes Life conversó con el campeón sobre aquello que dejó atrás y lo que lo impulsa hacia delante en una entrevista realizada en el marco del Longines Global Champions Tour, marca de la cual Agassi es embajador desde hace 10 años por sus esfuerzos filantrópicos que se relacionan con la filosofía de la marca.

Originario de Nevada, Estados Unidos, nos cuenta que para él, el tenis se trata de una resolución de problemas constante. Tal como lo narra en su libro no era tanto sobre cómo golpear la pelota —un arte que podía dominar hasta con los ojos cerrados después de entrenamientos tan fuertes como tener que pasar 2,500 pelotas diarias desde los 7 años de edad— sino de estrategia, de pensar en el estado personal y en el oponente, en encontrar la solución a un partido en el momento en el que se está jugando.

No obstante, considera que el mundo del tenis es una industria que ha crecido mucho globalmente a comparación de cuando él era un tenista activo. Destaca que no tanto en Estados Unidos, pero que en el mundo en general ha aumentado su impacto e importancia. El juego en sí mismo, aclara, también ha cambiado. «El juego se ha modificado en efecto (spin), control y movimiento. El poder, la velocidad y el dominio de ahora es impresionante. Y es que es el efecto el que cambia el juego, porque cuando lo modificas cambian también las reglas de relacionarte con el deporte, por lo que el juego es ahora muy distinto de lo que solía ser», cuenta Agassi. Ante esta nueva manera del desarrollo del tenis le preguntamos si preferiría haber jugado ahora o en la época en la que lo hizo. «No. Ahora son demasiado buenos», bromea. No obstante, a pesar de haberse separado del tenis durante un largo tiempo a finales de mayo anunció un pequeño retorno, trabajando con Novak Djokovic para el Grand Slam Roland Garros.

A lo largo de su libro comparte con los lectores los sentimientos encontrados que tuvo siempre con respecto a la carrera —y modo de vida— que no necesariamente eligió, sino que se vio empujado a realizar por el talento con el que nació y la persistencia de su padre. Frases como «por favor, que acabe todo esto»; «no estoy preparado para que acabe todo esto»; y «el dolor de perder, el dolor de jugar» se entremezclan entre sus casi 500 páginas. Ante ello le preguntamos si es que extraña algo del tenis, qué es lo que más echa de menos y lo que más le costó trabajo dejar ir. «No fue difícil dejarlo, lo más difícil fue despedirme de la gente, las personas que conoces desde hace tantos años», explica a Forbes Life.

«Disciplina, claridad y paciencia» son las tres claves de Agassi para ser exitoso en los deportes, pero si algo deja en claro en su autobiografía es el deseo de la perfección. Sus compañeros lo consideran un verdadero obseso que, por su meticulosa forma de pensar, es considerado una leyenda viva del deporte; un tenista que marca un antes y un después en las canchas. «Legado para mí es encapsular el impacto que ha tenido tu vida. Para mí, en el tenis es pensar que he dejado al deporte mejor de lo que estaba por mi participación en él. Y así me siento en la vida también, con suerte el mundo habrá sido un poco mejor por mi tiempo en él», comparte.

Un guerrero con alma humana

Andre Agassi Foundation for Education es el gran proyecto en el que está trabajando desde 1994, el cual inició en Las Vegas —su ciudad natal, donde aún vive— y pretende transformar el sistema de educación pública de Estados Unidos. Desde entonces ya ha reunido más de 180 millones de dólares para la construcción de escuelas públicas para niños en riesgo.

El problema que se vive en las escuelas públicas es que el nivel de fondos que se le da a estas por parte del estado es demasiado bajo para los requerimientos reales. Por lo tanto, lo que la fundación realiza es nivelar los fondos para que sean apropiados y tengan la calidad educativa correcta.

La fundación abarca un amplio espectro educativo, desde preescolar hasta preparatoria. Los cambios principales que proponen son: salones de clases más pequeños, dos horas adicionales de clases cada día, dos semanas más de clases al año, un programa de preescolar de día completo y capacitación constante a los profesores. «Vi un episodio de 60 minutes acerca de un operador de preparatorias que estaba cambiando la vida de los chicos y se quedó en mí como algo que deseaba perseguir. Como una epifanía supe que eso es lo que quería hacer», comenta quien entró al Salón de la Fama del tenis en 2011.

«Ha crecido mucho en impacto, encontré la manera de escalarlo y llevarlo al resto del país. En lo últimos cuatro años ya hemos construido 79 escuelas y aún hay mucho por hacer», explica sobre sus planes de expansión, aunque aclara que se mantendrá dentro de Estados Unidos, ya que se trata de conocer el sistema educativo y este resulta muy diferente en este país respecto al resto.

Su personalidad competitiva, perfeccionista y tenaz no se retiró cuando se alejó de las canchas, se nota aún en su trabajo en la fundación que no deja de crecer. Agassi comenta que lo que lo inspira ahora es lo mismo que siempre lo ha hecho: «Hacerme un poco mejor cada día, en todo lo que hago. Creo que la manera en la que te comprometes con tu vida es lo más importante para mí, y para mí eso significa enfocarme en hacer todo un poco mejor cada vez».

El legado de las personas

Quien fue campeón del mundo en 1995 y obtuvo la medalla de oro en la Olimpiadas de Atlanta en el año 1996 —una meta más que había heredado de su padre, como cuenta en su libro— revela a Forbes Life que para él lo más importante es la gente. Son las personas que dejó atrás lo que más extraña del mundo del tenis, lo que lo motiva y quienes han marcado su vida. «El mayor impacto que puedes tener en tu vida son las personas. Debo de empezar con mis padres, porque nutren gran parte de quien eres; mi entrenador Gil, quien le proporcionó mucho a mi vida; por supuesto mi esposa y, probablemente, también diría que mis hijos», expresa.

showman vs champion

Nacido en Estados Unidos, con origenes iraníes, Agassi debutó como jugador profesional con sólo 16 años en 1986 y se retiró al finalizar el US Open en 2006. Durante el tiempo que pasó en el mundo deportivo ganó ocho Grand Slams y obtuvo 61 títulos.  Perteneció al equipo de Estados Unidos de Copa Davis hasta 2005 y ganó el ATP World Tour Championship en 1990.

Una de las razones por las que entró al Salón Internacional de la Fama del tenis en 2011 es porque consideraban que a finales de los años 80 se necesitaba una dosis de energía que reviviera el tenis y él fue justo ese empuje. Verlo en la cancha no era atractivo únicamente por su meticulosa manera de jugar, sino por el espectáculo que resultaba en el juego, donde destruía con fuerza cada bola que llegaba de fondo.

Su presencia en la cancha llamó la atención de Nike, con quien mantuvo un contrato millonario e introdujo en el deporte blanco llamativos tenis y atuendos que añadían extravagancia al espectáculo.

Desde hace 10 años es embajador de Longines, junto con su esposa, tras el lanzamiento de sus relojes sport.

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