El mensaje era breve, conciso: Alan Faena, el célebre empresario argentino y coleccionista de arte, hacía una invitación formal al Grand Opening del Faena Festival: The Last Supper, evento realizado en el marco de la Semana del Arte, en Miami. El objetivo de la cita, atendiendo al programa presentado, iba mucho más allá de ser una pasarela artística, y se perfilaba para zurcir, por segundo año consecutivo, los bordes del arte y la buena mesa, pero añadiendo a su agenda matices de exploración cultural, además de los cuestionamientos y reflexiones que sólo pueden emerger en el universo del arte contemporáneo.

El encuentro gourmet, de acuerdo con el mensaje, apuntaba al Faena Beach, espacio natural alojado en el corazón de Miami Beach y arropado por la atmósfera de lujo contemporáneo que desprende el mítico Faena Hotel, epicentro, a su vez, de un vecindario multicultural que se aloja al pie de Collins Avenue.

¿Cómo surgió el impulso creativo para establecer un festival que se mueve entre la reflexión y el disfrute de los sentidos? Alan Faena, creador del Faena Festival, identifica tres aspectos centrales para sustentar la explosión de ideas que emana de una reunión artística que consigue su consolidación en la competida escena artística de Miami.

Alan Faena

CREATIVIDAD INNATA. La influencia de Alan Faena (al centro) trasciende la industria de la hospitalidad y permea con éxito en los bienes raíces y el arte. Su personalidad acoge una comunión de talentos y empuja los sueños que se gestan en este argentino protagonista en la narrativa del arte contemporáneo. Foto. Faena Festival.

“Creé el festival para ser una incubadora de nuevos talentos e ideas que me inspiren, un espacio para la conectividad
y para apoyar a los artistas en la realización de sus proyectos soñados, superar los límites y difuminar las fronteras a través de las disciplinas artísticas y, en última instancia, para generar nuevos diálogos, narrativas y experiencias”. Tal es la visión de Alan Faena, el mismo hombre detrás de la invitación a una cita gourmet que daría inicio a la segunda edición del Faena Festival con una cena al pie del mar, a cargo de los chefs Francis Mallmann y Paul Qui, quienes, bajo el concepto Open air, open water, open fire, iluminaron la mítica estampa del Faena Hotel Miami Beach con los destellos que desprendía una fogata anclada en la arena.

Faena Festival, Miami Beach

Los chefs Francis Mallmann y Paul Qui, bajo el concepto Open air, open water, open fire, iluminaron la mítica estampa del Faena Hotel Miami Beach. Foto. Faena Festival.

Todo en el espacio exaltaba la calidez de una anfitrionía especialista en satisfacer apetitos epicúreos al nivel del mar. Y, a partir de ese momento, bajo la mirada especializada de Zoe Lukov, curadora en jefe de Faena Art (división artística del complejo empresarial que diseña experiencias por cielo, mar y tierra), se abrieron paso múltiples voces artísticas para expresarse con fuerza durante la Semana del Arte, celebrada en el glamoroso Miami Beach.

Una de las presentaciones, a cargo del artista chino Zhang Huan, capturó la atención de los convocados al encuentro. “Miami Buda”, instalación que integró a dos Budas monumentales para disparar una reflexión en torno a la fragilidad de la vida (abordando temas como la reencarnación), presentó una estampa imponente en las orillas del mar de Miami.

Muy cerca de ahí, pero esta vez en el mar, un bote en movimiento alojó una selección de instalaciones de video, con el trabajo a bordo de, entre otros artistas, Janine Antoni, cuya obra expuso una cuerda floja que la misma Antoni instaló en la playa frente a la casa de su infancia. También el de Ana Mendieta, quien exploró las relaciones entre la naturaleza y el cuerpo humano, en la cadencia del movimiento del barco.

La fuerza creativa de Osías Yanov y Lulo Demarco también alzó la voz al mostrar un vídeo que inicia con el descubrimiento de un mar creado a partir de lágrimas de sal que habrá de dar paso, gradualmente, a una criatura híbrida, tras experimentar una poética metamorfosis. Las obras de los artistas mencionados compartieron espacio con las de otros creadores para surcar las aguas de la urbe en un bucle continuo de imágenes que se proyectaba sin prisa entre el mar y el cielo.

TIERRA FIRME

De regreso al confort del Faena Hotel, dos artistas tomaron las áreas comunes de la propiedad para exponer propuestas impregnadas de matices étnicos y espirituales. Una de las colecciones fue firmada por la artista haitiana Myrlande Constant, comisionada para hacer una instalación inmersiva de banderas vudú de gran complejidad.

Faena Festival

Obra de Myrla De Constant. Foto. Faena Festival.

Las piezas de Constant dotaron de un matiz espiritual el acceso a la propiedad, iluminando con su colorido la vista de los convocados a las actividades del Faena Festival. En tanto, el argentino Gabriel Chaile presentó una colección de seis tótems que dieron forma a criaturas fantásticas, materializadas gracias a las bondades del adobe. Las piezas emulaban figuras precolombinas y, además, resultaron ser hornos, y en ellos se preparó pan en el momento, lo cual sorprendió a los espectadores. Al final de la Semana del Arte en Maimi, The Last Supper consolidó al Faena Festival como el foro artístico disruptivo por excelencia.

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