Valérie Messika no se considera una visionaria, pero lo es. En sólo 10 años ha revolucionado la industria de la alta joyería con piezas minimalistas que han traído un nuevo aire a los diamantes, plenamente contemporáneo. El rock llega a la caja fuerte.

Cuando era pequeña, Valérie Messika se divertía con unos compañeros de juegos insólitos para una niña de su edad: los diamantes que su padre le traía para que no sólo jugase con ellos, sino también para que se familiarizase con estas gemas, conociese su brillo, su origen y su poder. Aquel comerciante de piedras preciosas llamado André Messika era uno de los más importantes de Francia, una figura muy conocida en París por su expertise, ética y, por supuesto, por la increíble calidad de sus diamantes.

Su hija creció entre las historias y los  cuentos que él le narraba: “Siempre le he descrito como un hombre sabio con la energía de un adolescente y la sabiduría de un anciano. Mi padre no sólo me explicó el origen de estas piedras, sino que me transmitió su pasión por ellas a través de los años”, explica la ceo y fundadora de Messika, una firma joyera que ha revolucionado el panorama de la alta joyería en sólo 10 años.

En apenas una década, ha transformado estas piedras —ligadas durante mucho tiempo a una mujer madura de altísimo poder adquisitivo— en codiciadas piezas de espíritu mucho más joven, con un diseño asociado casi a la estética rock, que ha conquistado a celebrities como Beyoncé y Rihanna. Frente a aquellas joyas impresionantes que se guardaban en una caja fuerte,
Messika propone anillos articulados o aretes de diseño plenamente contemporáneo, que se pueden llevar con jeans y un blazer, de la mañana a la noche.

“La innovación y el movimiento son de los pilares de la marca. He inventado una tecnología llamada Skinny, un concepto hecho con nanoresortes que permiten a las joyas moverse y ser totalmente elásticas, flexibles, de modo que pueden adaptarse al cuello o la muñeca como una segunda piel”, afirma. “Nuestras piezas son siempre extremadamente modernas y femeninas. Además, tengo acceso a las piedras más bellas, lo que me permite crear colecciones únicas”.

Para celebrar su décimo aniversario,  la joyera y directora creativa se ha enfocado en el savoir faire que aprendió desde niña para crear 10 sets de la más exquisita alta joyería. Sus inicios fueron, como en muchos casos dentro de esta industria, estrictamente privados, casi amateur. “Comencé creando piezas para mí misma cuando era muy joven. Entonces, a muchas de mis amigas les gustaron e insistieron en que crease más piezas; así comencé a diseñar para ellas también. Así fue como
empezó todo”.

Hoy, sin embargo, Valérie Messika es una de las figuras más poderosas dentro de la industria —la entrevistamos en exclusiva en BaselWorld, en su propio stand, uno de los más exclusivos de la feria—, pero también de las más imitadas. Su anillo Glam’Azone ha sido copiado hasta la saciedad. “Si tuviese que aconsejar a alguien que empieza en esto le diría: ‘Nunca copies, céntrate en ti mismo’, ese sería mí adagio. Una vez dicho esto, tengo que añadir que aunque en Messika no podemos detener las copias que se hacen alrededor del mundo, jamás las perdemos de vista”.

En muchas ocasiones, el plagio es una forma de homenaje. ¿Se considera ella una especie de visionaria? “No, para nada. Somos
una marca joven y todavía tenemos muchísimas cosas que conseguir, esto es sólo el principio. Estamos creciendo muy rápido y abriendo nuevos mercados. Es increíble lo veloz que va todo. Sin embargo, eso forma parte de nuestro ADN, siempre tratamos de responder a las necesidades de la mujer moderna”, afirma.

En su caso, no existe un perfil único de clienta, sino que Valérie Messika piensa en términos mucho más amplios: “Nuestro rango de productos es tan amplio que podemos ofrecer clases de diseños muy diferentes. Nuestras clientas son como nuestra joyería: multifacéticas. Vendemos a mujeres muy jóvenes, como el primer diamante que recibe una chica a sus 18 años, pero también a una mujer de 60 años que busca una pieza muy especial para un evento. Nuestras joyas están hechas para diferentes tipos de mujer: nuestra clientela puede ser romántica, pero también rockera, incluso un poco osada”.

Aunque su filosofía en netamente francesa, casi podría decirse que es el epítome del chic parisino, su visión —y su mercado— es netamente global. “Actualmente, tenemos distintos puntos de venta en México, Venezuela, Perú… El mes pasado, abrimos nuestra primera oficina en Miami. El nuevo equipo va a estar a cargo de aumentar la visibilidad de Messika tanto en Estados
Unidos como en Latinoamérica.

También queremos desarrollar nuevas áreas de negocio con inauguraciones de nuevos puntos de venta”, señala. A corto
plazo, sus planes son celebrar su décimo aniversario con la apertura en París de su primer atelier de alta joyería. “Este
paso es muy importante para la historia de Messika, porque de ahora en adelante mi equipo y yo vamos a poder trabajar bajo un mismo techo”. Eso sí, en un plazo más largo, de tres a cinco años, sus prioridades son internacionalizar aún más la marca en nuevos mercados alrededor del mundo. “Queremos ser una referencia en la joyería de diamantes”, profetiza.

A su juicio, la alta joyería se encuentra en un frenético proceso de revolución interna “muy similar al que ha experimentado la industria de la moda en el pasado”. La velocidad a la que se están aplicando estos cambios —no sólo en el diseño de las piezas, sino también en la manera de comercializarlas— es vertiginoso. La clave está en un cambio de filosofía absolutamente radical, tal y como ella misma constata. “En general, la alta joyería es bastante tradicional.

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Los diamantes con espiritú contemporáneo

En 2005 nace Messika como firma de joyas y, desde entonces, múltiples colecciones avalan la maestría de Valérie tanto a la hora de elegir las piedras como en diseños que han cambiado de manera radical la visión de una industria que data de siglos, pero que aún no se había adaptado al nuevo milenio. Con ella, los diamantes cobran un aire plenamente contemporáneo.

“Siempre he tenido la suerte de trabajar con diamantes desde una perspectiva muy libre y muy audaz. Desde la pureza de las piedras hasta los diseños más limpios para realzar su brillo, siempre me he decantado por lo esencial”. La joyera no cree que la inspiración venga de una musa, sino que es casi “una gimnasia visual” que ejercita en sus viajes, especialmente a través
de la arquitectura y el diseño de interiores, pero también de la gente: “Al final, la actitud es lo más importante”.

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