Para David Rothenberg, compositor y jazzista estadounidense, escuchar los sonidos de los animales como música y compartirlos tiene sentido. En su visita a República Dominicana hizo vibrar a niños sordos al ritmo de las ballenas acompañadas de su clarinete.

 

Por María Batlle

“Ten un gran día todos los días”, me dijo mientras admiraba el ambiente peculiar de las calles de Las Galeras en Samaná, luego de tener un largo día en el bote.

Conocí a David Rothenberg en Vermont (Estados Unidos) durante el verano de 2014. Compartimos como artistas en residencia en el maravilloso Marble House Project. Yo le pre­gunté: “¿qué tipo de música haces?”, me respondió —“hago música con animales”. Luego me hizo la misma pregunta, “hago música con niños sordos”, le respondí y ahí comenzó automáticamente nuestra amistad y también el plan de nuestra colabo­ración para llevar a los niños sordos a sentir la música de las ballenas en República Dominicana.

10 meses después de nuestra primera conversación, David llegó al aeropuerto de Las Américas, el pasado 5 de marzo, en un vuelo que se había retrasado por más de nueve horas a causa de las tormentas de nieve en Nueva York. Aun trasno­chados por la larga espera, estába­mos ansiosos por comenzar nuestro proyecto, así que partimos a Samaná directamente junto a nuestro equipo de filmación (Víctor Cantisano y María Victoria Hernández).

Presenciar a David desde un bote a las 6:00 de la mañana cuando echa al mar un micrófono para escuchar el canto de las ballenas jorobadas es inesperado, impredecible, impactan­te; no tienes tiempo de pensar, estás ahí, en el presente con los todos sentidos enfocados y sorprendidos, y justo cuando piensas que no existe nada más majestuoso que eso, David cierra los ojos y comienza a tocar el clarinete acompañando estas melo­días inusuales.

La experiencia es una conexión total con la madre naturaleza y automáticamente te vuelves testigo y partícipe de la impresionante labor de David: explorar la relación entre el ser humano y la naturaleza a través de la música.

David Rothenberg es llamado por sus colegas “el músico entre especies”. Investigador y escritor, el artista ha publicado libros sobre la relación entre la humanidad y la naturaleza. Es autor de ¿Por qué las aves cantan?, que relata su aventura sobre componer música con aves y que sirvió de inspiración para un documental de la BBC. Su siguiente libro, Canción a miles de millas trata sobre la música con las balle­nas, y también tuvo su réplica para un film para la televisión francesa. Como compositor y jazzista, David ha lanzado 11 CD’s bajo su propio nombre. The New Yorker describió su último álbum Bug Music (música de insectos) como “música que es, en todos los sentidos, salvaje”.

Rothenberg está constantemente imitando los sonidos provenien­tes de otras especies según los va escuchando a su alrededor. Es completamente normal que se vuelva miembro de una orquesta de grillos en medio de la noche. Cierra los ojos y mueve la cabeza al ritmo de los sonidos de los insectos, luego (aun con los ojos cerrados) sonríe extasiado y seducido.

Después de dos días con David, te vuelves consciente de absolu­tamente todos los sonidos a tu alrededor, pero no es solo que ahora los escuchas, sino que identificas ritmos e involuntariamente te verás imitando los sonidos y bailando al ritmo de la naturaleza. De repente, te comienzas a sentir acompañado todo el tiempo, como dice Björk: “no sé lo que es la soledad, siempre me he sentido en medio de una gran orgía con la naturaleza”.

El tercer día de nuestra explo­ración, llegaron nuestros invitados especiales: los jóvenes sordos y junto a ellos el comienzo de un mo­mento único en la historia gracias a SubPac, una tecnología audio-táctil que transfiere las frecuencias bajas al cuerpo, brindando una experien­cia física de la música. El equipo, que cuesta cerca de 400 dólares cada uno, es mucho más que “un dispo­sitivo que vibra”. Las vibraciones que transmiten los SubPacs son tan fieles que nuestros invitados especiales, tres jóvenes sordos, co­menzaron a imitar los cantos de las ballenas con sus voces, acción que inmediatamente inspiró a David a acompañarlos con su clarinete.

Hoy, SubPac es uno de los alia­dos más importantes de The Muse Seek Project, su diseño único per­mite que los niños sordos se sientan cómodos y disfruten no solo de la música, sino de una película, una conferencia o cualquier sonido que quieran que sea representado en la forma de vibración.

Luego de nuestra gran investi­gación en Samaná, posible gracias a una colaboración con el Ministerio de Cultura de la República Domi­nicana y la Fundación PropaGas, David y yo presentamos esta expe­riencia en el auditorio del Centro León en Santiago frente a una audiencia de estudiantes sordos de la localidad y sus alrededores, también contamos con la presencia de la pionera en estudios marinos y fundadora de Fundemar, doña Idelisa Bonelly.

Es increíble lo mucho que puede cambiar tu vida luego de tener una experiencia tan íntima con la naturaleza y al final, el gran legado de David es demostrarnos que junto a ella es más fácil tener un gran día todos los días.

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Foto: Thirza Schaap.

 

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