Las competencias de vela son una de las aficiones de mayor tradición por parte de los magnates. La inversión en su tripulación, sus embarcaciones y sus viajes para llevarlas a cabo es tan grande como su deseo de ser los primeros en cruzar la meta y obtener el tiempo record. Por ello, recordamos una de las más emblemáticas, la Rolex Sydney Hobart.

Por Patricia Erroz

Cada diciembre tiene lugar en aguas australianas la regata Rolex Sydney Hobart, donde magnates de las finanzas compiten por llevarse el trofeo. Es una cita ineludible para integrantes del mundo de la vela y los negocios. Forbes Life cuenta la aventura en exclusiva. Bienvenidos a la batalla de los poderosos ‘lobos de mar’.

Es 26 de diciembre, un día después de Navidad, a las 13:00 horas. Todo está listo en la bahía de Sydney. En el Boxing Day cientos de miles de personas  están pendientes de televisores y redes sociales para no perderse la salida de la 70a edición de la Rolex Sydney Hobart Yacht Race.

Desde 1945 ha sido ‘la cita del  año’ para los amantes de las regatas y el encuentro más esperado para importantes magnates de los negocios, siempre atentos a los movimientos de  su tripulación y del barco en el que tanto han invertido. La carrera es una leyenda como competencia en el mar y el evento deportivo más visto de Australia. La ciudad se paraliza para rendir homenaje a los valientes que se enfrentan al legendario recorrido  oceánico de 628 millas náuticas (1,163 kilómetros) hasta la histórica ciudad portuaria de Hobart (Tasmania).

Su importancia no sólo reside en el destino, sino en un recorrido en el que las condiciones meteorológicas y del mar pueden cambiar de manera drástica y, a menudo, son extraordinariamente duras. Por eso le llaman el “Everest de la vela”.

Y allí están importantes empresarios, liderando sus yates de 100 pies de eslora (30.5 metros), entre las 117 embarcaciones que compiten por llevarse el trofeo. Hay barcos con esloras entre los 9.1 y los 30.5 metros, fabrican así un magnífico mix de tripulaciones estrictamente profesionales a bordo de máquinas de pura competición junto a apasionados amateurs en modestas embarcaciones de recreo. Sólo uno de ellos será el barco más rápido de la flota, el primero en cruzar la meta del Hobart para llevarse la victoria en tiempo real.

Cualquiera de ellos, teóricamente, tiene la misma oportunidad de victoria. En 2009  ganó un barco con 12.2 metros de eslora; mientras que en 2011 uno  de 18.3 metros y en 2012 el Wild Oats XI, con 30.48 metros. Desde el estreno de la regata, hace 70 años, más de 50,000 navegantes y cerca  de 6,000 barcos se han sentido cautivados por su magnetismo. A lo largo de los años ha atraído a políticos, magnates de los negocios, leyendas del deporte y a los mayores talentos de la vela. ¿El objetivo final de todos? Hacerse de la Tattersall’s  Cup y del Rolex que acreditan al ganador.

Dos barcos y una victoria

Sinónimo de superación y de esfuerzo, dos embarcaciones se repartieron la gloria: el imponente Wild Oats XI, del magnate del vino Bob Oatley, y el pequeño Wild Rose, del armador y  patrón australiano Roger Hickman. Oatley hizo historia al conseguir su octava victoria en tiempo real, tras dos días, dos horas, tres minutos y 26 segundos durante un magnífico duelo con el colosal Comanche de Jim Clark, que finalizó con un tiempo real de dos días, dos horas, 52 minutos y 44 segundos. Así, 29 horas más tarde el Wild Rose cruzaba en un tiempo de tres días,  10 horas, 47 minutos y 43 segundos, en la categoría de ganador absoluto de la regata.

El Comanche protagonizó la salida más rápida en la historia de la regata, marcando un nuevo récord en el tramo hasta la primera baliza.  El supermaxi estadounidense lideró la batalla en las primeras horas mientras la flota avanzaba contra un duro viento del sur. El Wild Oats XI supo aprovechar el pronosticado cambio de condiciones y defender su ventaja hasta la meta.

Eso sí, la incógnita sobre el nombre del ganador absoluto se desvelaría  prácticamente al tiempo que el último barco de la flota cruzaba la línea de meta en Hobart, recién cumplidas las cuatro jornadas de competición. Pese a la potencia y experiencia de los equipos profesionales, sería el amateur Wild Rose, con sólo 13.19 metros de eslora, quien se llevara la gloria, confirmando la posibilidad de que cualquier barco puede ganar la regata en tiempo absoluto.

“La Rolex Sydney Hobart es algo  que tienes que hacer. Ya sea por su consideración como ‘Everest de la vela’, por su camaradería o por la soledad del océano. Es maravilloso que tanta gente siga disfrutando de ella, desde los maxis hasta los barcos de madera”, subrayó Hickman.

De los 117 barcos que tomaron salida en Sydney, 103 cruzaron la línea de meta y 14 no consiguieron completar el recorrido de 628 millas. El último en llegar fue el Southern Myth de Meter Riddell, que paró el crono en cuatro días, dos horas, dos minutos y 44 segundos.

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El rey del vino

El Wild Oats XI partió como favorito, enfrentándose a tres rivales con 30.48 metros de eslora y prácticamente las mismas posibilidades. Se trata de los siguientes adversarios: Anthony Bell, director general de la consultora Bell Partners, a bordo
de su Perpetual Loyal, que tuvo que abandonar desde el comienzo por daños en el casco; la leyenda australiana de la vela y magnate inmobiliario de 87 años, Syd Fischer, con 45 participaciones en la Rolex Sydney Hobart capitaneando su Ragamuffin 100; el norteamericano y cofundador de Netscape, Jim Clark abordo del Comanche; y el estadounidense de origen iraní, Manouch Moshayedi, fundador de STEC, empresa dedicada a sistemas de mantenimiento de memoria SSD, que navega el Río 100.

Oatley posee una de las mayores  fortunas de Australia (la 33 según Forbes), con 700 millones de euros en sus haberes. Tras comenzar en  el mundo del café, hoy cuenta con negocios principalmente del sector vitivinícola (Robert Oatley Vineyards),
aunque abarca desde criaderos de caballos purasangre a resorts de lujo. Es propietario también de la isla de Hamilton, en la costa noreste de Australia, en plena Barrera de Coral. Hombre de acción, más que de palabras, a su avanzada edad (86 años) ya no compite a bordo, aunque sí invierte su capital en el barco.

“Hace años intenté retirarme, pero no duró mucho. Tras unos días en casa con Val —su esposa—, llamó a la oficina y le dijo a nuestra hija: ‘Sandy, llévate a tu padre  que me está volviendo loca’. Creo firmemente que es crucial tratar de disfrutar todo lo que haces en la vida, incluso tu trabajo, el cual veo como el deporte: un esfuerzo en equipo en el que se busca el éxito”, reconoce el armador australiano que ha participado en ocho ediciones, pero nunca a bordo del Wild Oats XI.

Bob deja la responsabilidad a Mark Richards, encargado de elegir a la tripulación desde 2005, año en el que se produjo la botadura del barco. “El mar siempre ha ejercido una atracción magnéticasobre mí. Hasta mediados de los años 70 la vela era una parte importante de mi vida, pero a medida que iba teniendo éxito en los negocios fui quedándome sin tiempo para navegar, hasta finales de los 90 que pudimos centrarnos de nuevo en el placer de la vela. Recuerdo especialmente la Admiral’s Cup de 2003, cuya final disputamos con el equipo español liderado por el rey Don Juan Carlos”, cuenta como anécdota el propio Oatley.

A pesar de reunir y entrenar a una gran tripulación, le ha sido imposible competir de nuevo por su salud. “Era como ser el dueño de un purasangre y ver desde las gradas cómo corría la Melbourne Cup”, lamenta Oatley. En cambio, su hija Sandy recalca que entrar en ese maravilloso mundo de la competencia es lo que le ha mantenido joven.

“Ha pasado tanto tiempo desde que navegaba siendo niño con mi canoa por Balmoral… Pero, qué viaje más fabuloso ha sido. Todo lo que podemos hacer ahora es seguir disfrutando, reír mucho y preguntarnos, ¿qué más?”, añade tras ganar el pasado 28 de diciembre la 70a edición de la Rolex Sydney Hobart y celebrar el hecho de tener el mejor barco del mundo.

“Lo ha demostrado. Es un milagro.  Volveremos el año que viene”, avisó a sus contrincantes. Para continuar siendo el más rápido, Oatley ha tenido que invertir anualmente y, hoy, el barco es conocido con el apodo de “navaja suiza”, por la cantidad de apéndices que han ido incorporando a su casco para mejorar sus prestaciones. Ha invertido casi 10 millones de euros para cumplir su gran sueño.

Wild Oats (“avena salvaje”) es el nombre que ha puesto siempre a sus barcos, y es el mismo de uno de sus mejores vinos. Al día de hoy, ostenta también el récord del recorrido de esta regata, establecido en 2013, en un día, 18 horas, 23 minutos y 12 segundos.

Comanche Clark

Aunque no fue el ganador, las expectativas de la carrera de este año estaban puestas en el Comanche de James Clark (371 fortuna de Estados Unidos, según forbes). Un supermaxi de alta competición considerado el más caro y tecnológicamente más avanzado del mundo. Este estadounidense de 70 años es uno de los cofundadores de Netscape. No obstante, el grueso de su fortuna viene de sus inversiones en firmas como Apple, Facebook o Twitter. Oficialmente retirado, está casado con la exmodelo australiana Kristy Hinze Clark, a quien responsabiliza de su participación en esta regata.

“La gente gasta dinero en el deporte y yo no juego al golf pero adoro la vela y el aspecto tecnológico”, explica al ser preguntado por las razones que le llevaron a construir el Comanche. “Compré mi primer barco a finales de la década de los 80 y una vez que empiezas siempre buscas tener esloras más grandes. El primer objetivo del Comanche es romper récords. Si hubiera querido un barco para ganar la Sydney Hobart habría copiado el diseño del más laureado en la historia del evento, el Wild Oats XI. Es como un Volvo 70 con esteroides: un diseño muy inusual, muy radical”, cuenta Jim Clark.

El Comanche llegó a Sydney sin apenas entrenamiento. “Lo más difícil en este barco es frenarlo porque tiene tanta potencia que cuando el viento es fuerte alcanza demasiada velocidad y eso puede ser peligroso”, señala el magnate que no pudo participar como miembro de la tripulación por limitaciones físicas. El yate de impresionantes velas negras ha sido uno de los más comentados en esta 70a edición. El barco es la culminación de un proyecto de dos años, construido en Maine (EU). Clark reconoció que la Sydney Hobart no era la mejor carrera para empezar a competir este supermaxi, pero al estar casado con una australiana y ser retado por uno de sus mejores amigos no pudo decir que no.

El veterano y el tecnológico

A pesar de que la abrumadora experiencia de Syd Fischer era clave para vencer en esta batalla, el Ragamuffin 100 se quedó a la cola. lamante hombre de negocios, Syd hizo fortuna en el sector inmobiliario, incluyendo la propiedad de varios edificios y apartamentos. A sus 87 años ostenta el récord de ser el regatista de mayor edad y ésta es su 47º Sydney Hobart. Ha invertido gran parte de su fortuna en dotar a su barco de un nuevo casco y de modificaciones para luchar frente a sus rivales.

Preguntado sobre cuándo dejará de competir, Fischer reconoce que, a su edad, la mayor parte de las personas están en zapatillas y viviendo en asilos. “En el barco ya no tengo el equilibrio como para llevar el timón, así que tengo que tomarme las cosas con más calma, pero eso no evita que siga atento a lo que ocurre. No me gusta decirle a la gente lo que debe hacer, refiero hacerles preguntas y dejarles pensar en ello”, señala.

El estadounidense de origen iraní, Manouch Moshayedi, es cofundador de STEC y su mayor pasión es la vela. Según explica, para esta carrera quería tener el barco más grande. Manouch empezó a navegar en 1997 cuando se mudó desde California a Nueva York. El Río 100, según detalla, se construyó a partir de una embarcación anterior porque su equipo de colaboradores pensó que así podrían cumplirse las expectativas.

“Si hubiera querido uno nuevo, habría sido mucho más costoso”, agrega al mismo tiempo que reconoce que participar en esta competición en aguas australianas ha sobrepasado sus expectativas. “No sólo las mías, sino también las de mi mánager y principales colaboradores. Las personas que construyeron el barco hicieron un trabajo excelente, tanto por dentro como por fuera.

Es la perfección absoluta”, celebra el millonario que tuvo que conformarse con la tercera posición. La próxima cita de Rolex Sydney Hobart tendrá lugar el 26 de diciembre de 2015. ¿Volverá a conquistar las aguas australianas Bob Oatley con su Wild Oats XI?

 

 

 

 

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