Gastón Acurio es mucho más que un cocinero: ha sido el gran promotor de la gastronomía peruana y se ha convertido en una figura clave  para entender el auge de la alta cocina en América Latina.

Por Mariana Castillo

El que gana debería llevarse el premio a su casa y no poder competir nunca más. Al siguiente año sería su deber entregárselo al nuevo galardonado y así más restaurantes podrían tener oportunidades de aparecer. Esta última sería la dinámica que Gastón Acurio preferiría en los 50 Best. Astrid y Gastón, un hito no sólo gastronómico, sino empresarial, que comenzó en Lima en 1994 como proyecto de vida con  Astrid Gutsche —su esposa y socia—, ocupó este año la tercera posición, con el chef Diego Muñoz al frente. En 2013, fue el número uno; en 2014, el dos.

Los escaños no le preocupan a este  gigante, pues él tiene otros objetivos ideológicos y, sobre todo, éticos. Eso sí, estaba contento de ver a los jóvenes sobresalir. “La hermandad se siente”, confesó. Con esta declaración es natural pensar en la “Pandilla Leche de Tigre”, creada por él y Héctor Solís, Virgilio Martínez y Mitsuharu Tsumura, pues ejemplifica su camaradería. “Tenemos la oportunidad de conquistar los corazones del mundo y eso implica que estos eventos no deben convertirse en momentos de egos, sino en ocasiones para construir esta fraternidad de América Latina”, dijo.

Gastón demuestra su orgullo no sólo por nacer peruano, sino por ser latinoamericano. Piensa que la cocina es un grito de independencia emocional que nos hace perder el miedo en un planeta conectado. Es un escaparate para mostrar lo que había estado escondido durante siglos por la falsa creencia de que lo bueno es lo extranjero. “Hemos sido premiados 50 de una lista que debería tener mil, pero los que están representan a los demás. Y no es porque cuenten historias de Europa, sino porque hablan de su tierra”.

En su opinión, el cocinero latinoamericano es una figura que tiene que ser un activista bsolutamente comprometido, tanto con los agricultores “históricamente olvidados” como con la biodiversidad. Quien se dedica al oficio y tiene premios no puede dormir en paz si  quienes le proveen sus productos no llevan dignidad a sus familias.

Aseguró que estos premios son importantes porque llevan ilusión a quienes empiezan. “Que se reconozca su trabajo ayuda. Coloca a Latinoamérica en un gran nivel y rompe con 300 años de historia de una región que compró marcas y vendió commodities”, agregó.

“Es muy subjetivo y difícil decir quién hizo mejor trabajo que otro”, expresó este líder, quien también celebró que por fin se hiciera justicia al darle a Astrid el reconocimiento como Latin America’s Best Pastry Chef Award. “Ella puede viajar tres días en balsa para llegar a un pueblo en medio del Amazonas, salvar una especie de cacao y conectar a una comunidad nativa con el exterior. De eso no se sabe mucho, pero es la verdad”.

 

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