Con su mirada azul intensa y una sonrisa que es su mejor seña de identidad, Giovanna Ferragamo, vicepresidenta de Salvatore Ferragamo, nos desvela las claves para dirigir una empresa líder a través de las generaciones y llevar una vida balanceada al mismo tiempo.

Por Regina Rocha

Empresa de moda, en la que ahora trabaja la tercera generación, que inició actividades produciendo puramente calzado y fue creciendo hasta vender todo tipo de accesorios, fragancias y ropa para hombre y mujer, se ha convertido en una leyenda dentro del universo de la alta gama. La historia de la marca no se puede contar por separado de la vida del fundador y las enseñanzas que dejó a su familia.

Todo lo inició Salvatore Ferragamo, diseñador de zapatos que después de montar una pequeña tienda de calzado en la casa de sus padres, decidió emigrar en 1914 a Boston para alcanzar a su hermano, que trabajaba ahí en una fábrica de botas. Al poco tiempo, lo convenció para mudarse a Hollywood, California, para abrir inicialmente un negocio para reparar calzado y confeccionar zapatos a la medida; pronto empezó a elaborar zapatos para las primeras estrellas del cine mudo. Al mismo tiempo, estudió anatomía en la Universidad del Sur de California para poder lograr que sus zapatos, además de bonitos, fueran cómodos para los pies.

Salvatore Ferragamo dedicó su vida a la búsqueda de un secreto: el zapato que ajuste bien. Cuando empezó a estudiar la anatomía humana en Estados Unidos, encontró la primera pista hacia el problema en la distribución del peso corporal sobre las articulaciones del pie: “Descubrí —escribió— que el peso de nuestros cuerpos cuando estamos parados cae directamente sobre el arco del pie. Construí mis hormas revolucionarias, las cuales al sostener el arco, hacen al pie actuar como un péndulo invertido”, declaró.

Después de 13 años decidió regresar a Italia y fundó en Florencia su compañía epónima, que producía calzado hecho a mano, dirigido a las mujeres más ricas y poderosas de su época, como la Maharaní de Cooch Behar o Eva Perón. Ferragamo expandió sus operaciones durante los años 1950 con un personal de casi 700 artesanos expertos, quienes producían 350 pares de zapatos hechos a mano cada día. Su enfoque científico y creativo generó diversas innovaciones en la industria del calzado, como los tacones de cuña.

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Cada nueva colección presenta zapatos que hacen que quien los lleve se sienta cómodo y seguro. La alta calidad y originalidad en sus productos, aunado a que sus zapatos los utilizaban estrellas de cine como Ingrid Bergman, Audrey Hepburn, Rita Hayworth, Judy Garland y Marilyn Monroe, por mencionar algunas, convirtieron a esta marca en un imperio de lujo conocido por todo el mundo.

El sueño de Salvatore fue expandir la empresa en muchas áreas, para que en cierto punto pudiera convertirse en una marca de moda completa que incluyera ropa, accesorios, telas y géneros; entonces toda la familia fue en esa dirección y cada integrante ha contribuido a eso desde sus capacidades y preparación; cada uno al unirse a la compañía inició en un nuevo departamento como diseño de moda, administración, finanzas o distribución, por cierto, como nos aclaró Giovanna Ferragamo en exclusiva, este último muy importante para expandirse y explorar nuevos mercados y países.

Giovanna está segura de que la fortaleza de su empresa son las raíces de la compañía y el compromiso que siente toda la familia a la hora de cumplir el deseo de su padre de expandir la compañía. Salvatore Ferragamo murió en 1960, a los 62 años de edad; al fallecer, su esposa Wanda y sus seis hijos —Fiamma, Giovanna, Fulvia, Ferruccio, Massimo y Leonardo— se hicieron cargo de la empresa Ferragamo y continuaron con sus ideales y metas para la empresa. Cada uno de los seis hijos encontró su propia manera de explotar sus talentos, como ellos lo dicen, y se complementan el uno al otro.

En la foto: Salvatore Ferragamo.

En la foto: Salvatore Ferragamo.

La alta calidad sigue garantizada por la atención prestada a la construcción de los modelos y el fuerte componente manual que caracteriza el ciclo de producción. Y, sobre todo, la compañía sigue el legado de estudios anatómicos realizados por su fundador.

Además, siguen funcionando según la filosofía de su padre: trabajar cada uno desde sus responsabilidades por un mismo objetivo, con una misma estrategia, buscando siempre calidad e innovación. Y Giovanna se tomó el tiempo para aclarar que no entienden la innovación en el sentido de locura, sino en la mejora de los materiales, las herramientas y la expansión.

Esta visión coincide completamente con la de su hermano Ferruccio, presidente del grupo, quien nos comentó que “Salvatore Ferragamo es una empresa con una historia fuerte, patrimonio y ADN y esto, definitivamente, subraya las fortalezas de la marca gracias a los valores Hecho en Italia como la creatividad, la atención al detalle, la artesanía y la calidad, que definen cada una de nuestras creaciones”.

En cuanto a la posible debilidad que identifica Giovanna Ferragamo sobre su empresa, diciendo que probablemente haya más, pero que es difícil encontrar los propios defectos, es que el proceso interno para la toma de decisiones requiere demasiado tiempo y reuniones.

Las decisiones las toman siempre recordando su meta familiar, que es mantener la armonía entre ellos, y por eso realizan muchas reuniones porque son tantos y realmente necesitan coordinarse para trabajar cada uno desde sus responsabilidades, pero yendo todos en la misma dirección y hacia un mismo objetivo; entonces en sus reuniones tienen la regla de que cada decisión necesita ser tomada de total acuerdo, o si no dejan la decisión para una siguiente reunión, antes de que se empiecen a caldear los ánimos. Esto toma mucho tiempo, aunque mantiene la buena relación entre ellos.

Si bien esa es la meta familiar, también tienen un plan bien definido; ya que ellos siempre han visto a su compañía como una marca que vive a través de los años y que traspasa generaciones, no sólo la suya. “Nosotros no disfrutamos todo para el corto plazo. Estamos buscando una marca de largo plazo; y esto es también la razón por la que hacemos todo de esta manera; no presionamos, nos movemos de manera consolidada, buscando un crecimiento seguro. Y ahora estamos dejando paso a las nuevas generaciones de la familia y observamos sus movimientos de manera muy cercana. Es momento de darle confianza a las nuevas generaciones para que actúen y decidan; y me doy cuenta de que soy muy afortunada de poder disfrutar esta nueva etapa, me faltaba estar de este lado también, la de observadora”, comenta Giovanna.

Disciplina familiar

Ellos realizan las reuniones en su palacio Spini Feroni, ubicado en Florencia, en una sala de juntas con dos puertas (para mayor comodidad, ya que la sala es grande, como aclara Giovanna), permitiendo que unos entraran por una puerta y luego salieran por la otra; situación que según nos cuenta sucedía —al estilo de una comedia—, ya que no son puntuales y cuando se sentaba uno y se fijaba que faltaban los demás se salía a hacer alguna llamada y así sucedía con todos, formando una marcha circular hasta que por fin se sentaban todos al mismo tiempo.

En un cierto punto, Fiamma, la mayor, decidió poner una alcancía en el centro de la mesa en la que como castigo cada vez que se llegara tarde se tenía que poner una penalidad directamente proporcional al retraso. “Debieron ver a mi hermano Ferruccio, estaba enojadísimo así que era el primero en llegar”, nos cuenta entre risas Giovanna. Al llenar la alcancía, el dinero fue donado caridad, los beneficiarios escribieron una nota de agradecimiento en la que les pedían que por favor siguieran llegando tarde.

 

Aquí la segunda parte de esta historia. 

 

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