Una serie de esculturas emana la elegancia de este artista a través de su color, brillo y “efervescencia” y, además, representa la tradición de Ruinart. Obras que serán parte de la oferta en la próxima edición de Zona Maco.

Doce esculturas que evocan a los meses del año fueron parte de la colaboración entre Ruinart y el artista y escenógrafo francés Hubert Le Gall. Cada una de estas piezas hace un homenaje al brillo que emana la botella de Blanc de Blancs de la maison de champagne.

Este artista de origen galo plasma la esencia del champagne a través de particularidades como la transparencia, el color y la luminosidad. Pues en sus piezas se refleja la exigencia que caracteriza a Ruinart, además que se pretende sean un símbolo que perdure con el tiempo.

Cuando esta maison nació, en pleno siglo de las luces, la corriente intelectual que contribuyó al surgimiento de arte de vivir a la francesa, también desarrolló e importó esta filosofía a las casas de champagne.

A partir de esto, la casa de destilados ha innovado. Pues entre sus propuestas están su compromiso con el arte, el cual se ve manifestado a través del arte contemporáneo y en específico por parte de jóvenes artistas conocidos. Asimismo, está inmerso entre las ferias más importantes de arte a nivel internacional, así como ha realizado colaboraciones con artistas a fin de compartir su patrimonio e historia.
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Blanc de Blancs, un homenaje al valor del tiempo

La nueva botella de Ruinart Blanc de Blancs combina sutilmente la elegancia y ligereza propia del Chardonay, cepa emblemática de este vino, que en sus reflejos dorados y trazos finos plasma una línea imaginaria que se irrumpe cuando se abre y cierra la botella.

Hubert Le Gall se inspiró en los viñedos de la maison, observó la naturaleza, sus formas y sus olores; lo que vio dio como resultado una reinterpretación de las cepas.

En cuanto a los materiales en los que pensó para expresar su visión, eligió el vidrio, cuyas imperfecciones, asperezas y burbujas juegan con la posibilidad de explorar el universo del champagne.

Entonces, fue así como el homenaje al paso del tiempo fue representado por una serie de 12 esculturas en las que cada una representa un mes del año. La vid se convirtió en el símbolo y a su alrededor las estaciones desfilan a su ritmo para permitir la transformación del champagne.

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