Se realizará en la ciudad de México una subasta pionera de 16 obras barrocas europeas de primerísimo nivel que incluye una extraordinaria versión realizada por el autor del famoso retrato de Carlos II de Carreño.

El pintor asturiano, Juan Carreño de Miranda, como era habitual en la época, pintó una versión posterior con ligeras modificaciones, del retrato de Carlos II que se exhibe en el Museo del Prado como una de las joyas del “estilo Velazqueño” que representa la humanidad del monarca. La popularidad del retrato del que fuera último representante de los Austrias que encabezara la Monarquía Hispánica, se ha convertido en un icono mundial, porque no sólo no oculta las consecuencias nefastas de los constantes matrimonios entre parientes directos -tíos con sobrinas fundamentalmente-, sino que los remarca con una cierta ternura hacia el protagonista.

Juan Carreño de Miranda, Retrato de Carlos II

Juan Carreño de Miranda, Retrato de Carlos II

La obra, llega a México, con un conjunto de 16 obras barrocas europeas seleccionadas con esmero de acuerdo con su calidad y singularidad en una experiencia pionera, en la que las piezas se subastarán en la capital mexicana gracias a una iniciativa de Wealth Advisory Services junto con la prestigiosa Galería Colnaghi de Old Bond Street en Londres.

La subasta de Viejos Maestros & Pintura Europea. “Carlos II, un Rey, dos Continentes” tendrá lugar el jueves 26 de mayo a las 7pm en la sede de Morton Casa de Subastas localizada en Monte Athos 179, Colonia Lomas de Chapultepec.

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“Para mí, explica Carmen Reviriego, Presidenta de Wealth Advisory Services, era importante traer estas piezas -que incluyen un Troost que creo que apasionará-, directamente aquí a Ciudad de México, las subastas en Nueva York o en otras grandes metrópolis, son imprescindibles, pero nunca están pensadas de una forma tan concreta para un país y una cultura tan específica”.

“El barroco europeo y el novohispano no se pueden entender sin su complementariedad -puntualiza Reviriego-, no es casualidad que el impresionante retrato de Carlos II haya salido del mismo pincel del que salió el de la Condesa de Monterrey, hija del fundador de Nuevo León y de la ciudad, son cosas que coleccionistas e instituciones, leen más allá de la imprescindible calidad artística que está asegurada”, asegura la experta.

El “Hércules en casa de Ónfale”, de Cornelis Troost, al que Reviriego describe como una obra cargada de juego sexual y tonos teatrales en el que ama y esclavo juegan al intercambio de papeles y roles en el juego sensual, que contrasta, con obras de profunda sensibilidad espiritual e íntima, como es el caso del San Pedro de Collantes, que recoge la clara influencia de José de Ribera, pero con la amabilidad en tonos, rostro y piel, de un “padre” que acepta su responsabilidad.

Los espectaculares Jarrones de Flores de Bartolomé Pérez de la Dehesa -es difícil seguir considerando un subgénero a estas naturalezas muertas-, contrastan también con una obra del conocido como Maestro Stirling-Maxwell, que, sin perder un ápice de calidad, es más amable, e incluso conceptual, que la expuesta en el Museo de Arte de Los Ángeles.

Alonso Escobar Stirling Maxwell Bodegon con peras y aves de corral

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