Este texto forma parte de la primera edición de Forbes Italia.

 

Por Alejandro Rossi

Tiene los genes del Genio. El Genio era su abuelo, Salvatore Ferragamo, artesano-artista, diseñador, maniático de los detalles, apasionado de la belleza, y siempre rodeado de celebridades, curioso, imaginativo, visionario. James, hijo de Ferruccio, y tercera generación de la familia Ferragamo, tiene la tarea ahora y en el futuro de seguir realizando las ideas de su abuelo, al que no pudo conocer, y de proyectarlas en el siglo XXI, perpetuando esta historia de éxito mundial.

James, de 45 años, con rostro de actor estadounidense, físico de modelo y una elegancia relajada, actúa con una calma que se deriva de una educación anglosajona. A fin de cuentas, realmente lleva en sí el destino en el nombre: lo eligió su mamá, Amanda, de nacionalidad inglesa, mientras que su padre, Ferruccio, eligió el de su hermano gemelo, Salvatore. “Soy mitad inglés y mitad italiano; mi hermano es mitad italiano y mitad inglés”, bromea James, dejando al descubierto un humor anglo-toscano. “A veces envidio su carácter mucho más italiano que el mío”. De hecho, James estudió en Inglaterra y en Estados Unidos, en donde también trabajó durante un tiempo.

“En los años noventa, nuestra familia tuvo largas conversaciones con Ambrosetti [un grupo fundado en 1965 para acelerar los resultados de compañías y organizaciones que acuden a ellos *N. del T.] con un objetivo preciso y de mayor alcance: entender cómo estructurar la transición a la tercera generación”, explica James, y añade con abierta ironía: “para limitar los daños”. Luego menciona a su padre Ferruccio: “Mi padre es increíble”, dice con orgullo. “Dedicó su vida al crecimiento de la compañía gracias a que guio el negocio y aprovechó las mejores oportunidades estratégicas. Fue CEO hasta 2006, fecha en que se convirtió en presidente. Es meticuloso y preparado. Sobre todo, es una persona práctica. Siempre me dice que los problemas se afrontan antes de que se generen”.

Al igual que su abuelo, James fue a Estados Unidos a temprana edad y trabajó en Saks Fifth Avenue, y luego por un tiempo en Goldman Sachs en Londres, dos experiencias que le han servido para entender muchas cosas. “Mientras tanto”, dice James, “la bolsa de valores me pareció muy interesante, pero no vi ningún producto tangible. Así que sentí que si sólo hubiera emprendido un negocio de esa forma me habría perdido de algo. Me gusta mucho más representar a mi empresa con su historia, sus proyectos y productos. En Saks, por otro lado, trabajé en la sección de compras y distribución. Fue un trabajo fascinante. En realidad es uno de los puestos más difíciles, ya que tienes que satisfacer a muchísimas personas con una amplia variedad de gustos”.

Fue así como en 1998, después de haber vivido estas experiencias, James entró a Ferragamo. “Desde el principio me di cuenta de que eso era lo que quería, trabajé en diferentes puestos, crecí profesionalmente y paralelamente aumentaron mis responsabilidades”. La entrada de James a la compañía también fue el resultado de un acuerdo familiar, firmado por esa época, que permite que sólo tres miembros de cada nueva generación ingresen a la empresa. “La selección es muy cuidadosa”, dice el joven manager. “Se deben tener características específicas: se necesita haber adquirido experiencia en otras empresas, tener una educación y preparación internacional y aceptar el trabajo duro en la empresa”.

Pero los Ferragamo no hacen todo solos. De hecho, desde hace años llevan una política que involucra a los gerentes al máximo y que tienen una carrera interna muy abierta. Los Ferragamo forman parte del consejo y toman las decisiones estratégicas, pero la dirección del grupo, cotizado en la Bolsa de Milán desde 2011, está a cargo de un CEO externo a la familia y, por supuesto, de un gran grupo de managers que crean la alquimia adecuada entre la familia y la administración.

El primer CEO fuera de la familia fue Michele Norsa, quien dirigió el grupo durante diez años, y hace poco más de un año llegó Eraldo Poletto.

James pasa unas diez horas al día en la oficina. “Antes de eso era más tiempo, pero hace unos años descubrí el triatlón: natación, ciclismo y carreras”, dice James. “Me levanto a las 5 de la mañana cuando mi esposa y mis hijos todavía están durmiendo, y entreno tres horas. El deporte me ha ayudado mucho. Me dio fuerza, concentración y tranquilidad.

“En 2013 corrí el maratón de Nueva York: acompañamos a algunos chicos de San Patrignano [jóvenes en recuperación que acuden a esta asociación que los ayuda a luchar contra las dependencias], y a otros al de Venecia: en total una docena. Fue muy bonito”.

Tres horas de entrenamiento, diez en la oficina, obras de caridad: ¿puedes dormir y encontrar tiempo para la familia? “Claro”, responde tranquilo. “Por la noche, cuando voy a casa, siempre encuentro tiempo para Amelie, Oliver, la pequeña Livia y mi esposa Louise. Además están los fines de semana…”.

Si se observa en la actualidad al Palazzo Spini Feroni, entre via Tornabuoni y el Arno, sede de Ferragamo, con su austera belleza y solidez que alguna vez albergó la sede del municipio de Florencia en los tiempos en que fue capital, todo se ve bien, todo parece fácil. Sin embargo, no fue nada sencillo. Esa propiedad la compró Salvatore a pagos en la década de los treinta, y durante años fue la sede del negocio y su laboratorio: se ideaban y se cosían zapatos incluso en la pequeña capilla del palacio hoy ya restaurado con el esplendor y la elegancia que sólo una dinastía de emprendedores de un sector tan particular como el del lujo puede llevar a cabo.

Pero en los años sesenta, cuando todo parecía ir mejor que nunca, Salvatore murió, y su esposa Wanda de pronto se vio catapultada a la cima de la compañía. “Mi abuela se transformó repentinamente de madre en mujer de negocios para retomar el legado soñado de mi abuelo: el desafío de continuar con la compañía Salvador Ferragamo sin su fundador”. Un desafío que se renueva también hoy, día tras día.

“Tenemos nuestra propia historia, nuestra tradición, nuestros modelos atemporales”, dice orgullosamente James, “pero siempre hemos podido actualizarnos, continuando nuestra actividad creativa dictada por el fundador. ¿Un ejemplo? En los años ochenta, cuando la moda la dictaban las mujeres que trabajaban, creamos una serie de modelos dedicados a la mujer trabajadora, que vive fuera del hogar, que tiene una vida activa. Así que no sólo hicimos tacones altos y modelos de superestrellas”.

James lidera la división del grupo “Calzado y peletería para hombres y mujeres”, una división de tres junto con “Ready to Wear” y “Silk”. Pero su verdadera misión es la innovación para hacer que la creatividad se concrete. “El mundo cambia a una velocidad a veces aterradora”, dice. “Hacemos análisis de mercado todos los días para comprender las tendencias y cómo cambian los gustos de los consumidores”.

“Los últimos años han visto la transición de flats a tenis, y está claro que no podíamos detenernos, a pesar de que esos modelos deportivos podrían parecer demasiado alejados del estilo Ferragamo. Hicimos los tenis tomando en cuenta siempre un gusto por las formas, los colores y los materiales de Ferragamo”, añade.

Pero la innovación conduce inevitablemente hacia lo digital. “Nuestro proyecto digital ha comenzado. Lo usamos para manejar las tiendas y ponerlas al servicio de los clientes”, explica James. “Necesitamos estar en contacto con ellos, no sólo para el comercio electrónico, sino para proponer nuevos modelos y hacer productos pensados para ese mercado, incluso para ese tipo de clientes. Usamos lo digital para vender a distancia, pero también para reducir las distancias, llevar a los clientes a nuestras tiendas con una comunicación global con identidad de marca. Está claro que no todos los mercados son iguales y no todos requieren los mismos productos. Un ejemplo fácil son los colores. El Rainbow Shoe, el zapato diseñado por mi abuelo Salvatore en 1938, unas plataformas de corcho con forros en cuero, uno de nuestros must, sigue siendo muy popular hoy en día. Pero si vamos a los colores, además del negro que siempre funciona, cada país tiene sus preferencias: en el mercado europeo y estadounidense, que se parecen mucho, gustan los tonos más vivos; en Asia, sin embargo, los colores pastel funcionan mejor”.

James, como heredero de una familia visionaria, tiene una gran confianza en el futuro. Es optimista y está convencido de que Italia se recuperará y crecerá porque tiene mucha energía justamente en las familias, en su tipo de organización, en la voluntad de hacerlo. “Espero que mis tres hijos encuentren un camino que les guste y lo sigan sin miedo”. Como aprendió de la memoria de su abuelo, los sueños y proyectos pueden convertirse en realidad.

James Ferragamo. Foto: Oliviero Toscani.

 

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