Mirada firme, respuestas certeras y control de cada segundo. Madame Jasmine Audemars es consciente del peso que recae sobre sus hombros: mantener viva la última firma de alta relojería que todavía está en posesión de la familia fundadora.

“Cuidado, vas a entrevistar a una auténtica periodista”, me advierte Alejandra Alberico, relaciones públicas de Audemars Piguet en México y mi paciente guía durante la tercera –y más agotadora– jornada del Salón de Alta Relojería de Ginebra (SIHH). La heredera de una larga estirpe de relojeros es todo un carácter.

Jasmine Audemars, más conocida como Madame Audemars en el universo de la alta relojería, no comenzó su andadura profesional entre algodones en Le Brassus (Suiza), sede de la marca. Estudió Ciencias Sociales y Economía, ejerció el periodismo durante 23 años y condujo con mano firme el timón del Journal de Genève como redactora jefe durante 12 años, siendo una de las primeras mujeres en ocupar un cargo de responsabilidad en el ámbito periodístico no sólo en Suiza, sino en toda Europa.

“Me encantó cada minuto de ese trabajo, pero a principios de los 90 mi padre quiso que tomase un papel relevante en la firma. Siempre he llevado la relojería en mi sangre, crecí en una familia de relojeros y mis conversaciones familiares eran casi exclusivamente sobre nuestro sector. Recuerdo el lanzamiento del Royal Oak con claridad”.

Jasmine Audemars es la presidenta de la Junta de Administración de Audemars Piguet desde 1992 y presidenta de la fundación de la marca, por deseo expreso de su padre. Como bisnieta de Jules-Louis Audemars, uno de los dos fundadores de la marca que empieza a latir en 1875 en el corazón del Valle de Joux, en el cantón suizo de Vaud, tiene por delante el enorme reto de seguir manteniendo a esta empresa familiar e independiente. Cuando le preguntamos cómo se construye una marca de lujo responde que la clave está en la continuidad.

“Desde el comienzo los relojes eran objetos de lujo, sólo gente acaudalada podía tenerlos. Primero, los relojes de bolsillo. Sólo los nobles los tenían. La gente de a pie miraba el reloj de la iglesia. Después, los relojes se volvieron democráticos, pero nosotros nos mantuvimos dentro del segmento alto, porque es lo que sabemos hacer, es nuestro ADN. No sabemos cómo hacer relojes baratos. Si visitas nuestro museo (el denominado Maison des Fondateurs, que alberga más de 1,300 piezas) y ves todos los relojes que hemos fabricado te darás cuenta que es una cuestión de know-how”.

Jules Louis Audemars y Edward Auguste Piguet dejaron claro al mundo que su dedicación a la excelencia les haría destacar. Hoy, los seis valores fundamentales establecidos en el origen siguen vigentes: respeto, integridad, exclusividad, inspiración, pasión y sofisticación.

En la década de 1960, Audemars Piguet (AP) era una pequeña manufactura que empleaba a un máximo de 150 personas y la mayoría de sus relojes se enviaba por correo postal local. Al igual que otras marcas, ha crecido al mismo ritmo que la distribución, apostando por los nuevos mercados pero sin descuidar a una fiel cartera de clientes.

Una sólida red de ventas es fundamental para que el producto llegue a nuevos consumidores. “Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Hoy contamos con especialistas en todos los ámbitos, desde marketing a músicos, con los que trabajamos nuevos conceptos de sonería”, explica. No hay más que ver su booth dentro de SIHH para darse cuenta que la firma comenzó a transitar hace tiempo por la senda de la innovación.

Las futuristas líneas de sus relojes se replican a nivel arquitectónico. El espacio fluye con suavidad, tal y como lo hace el tiempo a través de las precisas máquinas que se encierran en las vitrinas. Madame Audemars hace un gesto de bienvenida para tomar asiento y dar inicio a la conversación. Se nota que tiene alma de líder nada más contemplar sus chispeantes ojos azules.

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¿Cuál ha sido el momento clave de Audemars Piguet?

En 141 años ha habido muchos, algunos muy difíciles, como las crisis, por ejemplo la de los años 70 con la irrupción del cuarzo, o las guerras. La compañía ha tenido éxito al saber mantenerse viva. Nuestros predecesores hicieron todo lo que estuvo en sus manos para ello. Sin duda, uno de los hitos fue cuando lanzamos el Royal Oak en 1972, que revolucionó los códigos de la industria relojera suiza y se impuso como verdadero icono contemporáneo. Ese fue un año clave para la marca.

¿Consideras que la gestión directiva de una mujer es diferente a la de un hombre?

No, no creo. Sólo diría que con las mujeres hay menos problemas de ego, puedes encontrar una solución más rápido porque hay menos lucha de personalidad. Creo que los equipos son más felices siendo dirigidos por una mujer, aunque tal vez no lo admitan [ríe].

¿Qué aprendizaje resaltarías de tus años de gestión?

Lo principal que he aprendido tiene que ver con la gente: una marca depende de un personal altamente cualificado, altamente comprometido y que sea creativo. En realidad, no existen tantas diferencias entre dirigir un periódico y una casa relojera, sólo necesitas gente con talento.

¿A qué se refiere la marca cuando habla de ‘experiencia auténtica’?

Nos gusta resaltarlo ya que este concepto está ligado a nuestra historia. Cuando acuden a nosotros, tanto clientes como asesores de ventas deben conocer los orígenes de la marca en el Vallée de Joux, no sólo para ver la manufactura sino para entender que la alta relojería se remonta a mucho antes de la fundación de Audemars Piguet. La experiencia de la relojería en nuestro valle es algo único en el mundo. Debemos preservarla porque forma parte de una tradición que hunde sus raíces más allá de nosotros.

¿Qué nuevo reto has vencido en 2016?

Configurar el Royal Oak Concept Supersonnerie. Lanzamos el prototipo el año pasado y ahora es un reloj que está a la venta. Estamos muy orgullosos porque nos costó ocho años de desarrollo e investigación. Incluso hemos tenido a músicos en el equipo trabajando en él.

¿Cómo sabes que estás yendo por el camino correcto en el negocio del lujo?

Porque cuando somos fieles a nuestras raíces y nuestra tradición al mismo tiempo somos capaces de innovar sin traicionarlas. Para mí, esa es la clave de todo.

Tecnología y alta relojería, ¿es un matrimonio posible?

No con nuestro tipo de marca y nuestros valores. Ahora los wearables rondan los 5,000 francos suizos. Tal vez va a ser un problema para las marcas que se sitúen en el mismo rango de precio, aunque es demasiado pronto para saberlo. Creo que los smartwatches no se han estabilizado, todavía tienen problemas con la batería, y todavía tienes que llevar contigo tu smartphone, tablet, computadora, etcétera. Me parece que son demasiadas smart-things. Pero también tenemos que pensar en la generación más joven, que no puede vivir sin estar conectada las 24 horas del día.

¿Cómo ves a largo plazo la industria relojera suiza?

La industria relojera suiza ha de proteger la posición excepcional que posee. Esto se logrará tomando las decisiones correctas. Una de las cuestiones que enfrenta actualmente al sector es que todas las marcas quieren formar parte dentro de la categoría de lujo, pero no hay que descuidar las marcas de gama media y las básicas, ya que la industria de la relojería es como una pirámide: si la base es frágil, toda la pirámide corre el riesgo de colapsar y desmoronarse. Y nadie quiere eso. Entonces, ¿qué es lujo? Hay muchas definiciones de la palabra. Para mí significa disciplina. Debes ser disciplinado para seguir tu camino, saber a dónde vas y ser perseverante.

¿Cuáles son los mercados del mañana?

Europa y Suiza siguen siendo la prioridad, a pesar de que Asia es fuerte y América del Sur representa un mercado importante para nuestros relojes. En el futuro tenemos que desarrollar un cierto equilibrio entre los mercados emergentes y tradicionales que nos ayudará a evitar que seamos totalmente dependientes del desarrollo económico de una región particular.

Fundación, arte, cultura… más allá de la actividad relojera, Audemars Piguet tiene otros compromisos.
Sí, somos partners de Art Basel, que es la feria de arte contemporáneo número uno. Creemos que entre el mundo de la alta relojería y el arte hay muchas conexiones. Mi artista favorito es Calder, me encanta. Pero es un poquito caro [bromea].

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Maestría acústica

Desarrollado en el laboratorio de acústica de Audemars Piguet, este nuevo Royal Oak Concept Supersonería es el primer reloj con sonería de acústica tan elevada que puede ser considerado como un ‘concepto de sonido’. Ha sido desarrollado a través de un programa de estudios acústicos en colaboración con la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y fueron necesarios tres años para transferir ese estudio tecnológico a un concept watch. El resultado: objetivos sónicos científicamente definidos para que los relojeros puedan medir y lograr el sonido de la repetición de minutos perfecto a un nivel de volumen que nunca se había alcanzado.

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Vuelta a casa

Claude Emmenegger es el nuevo director creativo de Audemars Piguet. Su carrera comenzó en Longines y después Gucci, incluyendo la creación del G Watch, para en 1999 incorporarse a Audemars Piguet. Claude es el creador del Royal Oak Concept, lanzado por primera vez en 2002. Un año después decide fundar su propia agencia de asesoría de diseño, en la que colabora con 40 marcas diferentes durante 12 años. En julio de 2015 regresó a la maison para desarrollar conceptos high-tech y nuevas funcionalidades. Durante SIHH 2016 conversamos con él sobre su regreso a la casa suiza y los retos a los que se enfrenta después de la salida del mexicano Octavio García.

¿Qué ha cambiado en Audemars Piguet desde que te fuiste?

La compañía no ha evolucionado en ninguna dirección loca. Ahora hay tres veces más empleados, la cantidad de relojes vendidos se ha duplicado y hay una nueva fábrica en Le Brassus. Estas tres cosas son las que han cambiado.

¿Qué buscas lograr para la marca?

Estoy alineado con todo lo que se ha hecho y los proyectos que están en marcha. No he visto ningún proyecto que quisiera parar o cambiar. Eso ha sido una sorpresa nueva y positiva. Volver a trabajar con François-Henry Bennahmias es un placer. Compartimos la pasión de empujar los límites más allá y retarnos a nosotros mismos, enfocarnos en la excelencia. Es una de las razones por las que volví; es inspirador ser parte de una nueva forma de pensar.

¿Por qué dijiste sí?

Trabajé 12 años como freelance para diferentes marcas, toqué distintos campos, materiales, filosofías… todo fue muy inspirador. Había mucha creatividad día a día, pero lo que echaba de menos era tocar el producto final, seguir el proyecto hasta que está en el display y el cliente lo compra.

¿Cómo sería el reloj perfecto?

Uno de mis sueños es el hecho de que estoy de vuelta. Nunca pensé volver, Audemars Piguet me contactó para un proyecto puntual. Trabajé en ese proyecto y el resultado ha sido un sueño convertido en realidad: un nuevo reloj.

¿De las novedades de 2016 cuál es la más especial?

Las tres piezas (Royal Oak Concept Supersonnerie, Diamond Fury, Royal Oak Double Balance) son emblemáticas. Si tuviese que elegir una sería el Double Balance porque para mí expresa los valores de la casa: una mezcla de modernidad y tradición.

Claude Emmenegger

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