La imagen recurrente de un piano acompañando sus mudanzas acude puntual a una nueva cita con la memoria de Jorge Viladoms. «Ese piano era un objeto dormido hasta que despertó con mis manos», reflexiona al recordar el origen de una travesía que habría de conducirlo al otro lado del mundo para convertirlo en un agente de cambio social íntegramente disruptivo. Tanto como puede serlo quien se atreve a empuñar la música y el arte como estandartes para cambiar lo establecido.

Dos décadas después de la pérdida de su padre, el pianista mexicano no vacila al destacar la convicción personal que rige su vida: la música puede cambiar vidas. Establecido en Lausanne, Suiza, explica en exclusiva a Forbes Life el porqué de su argumento. «Con la música puedes conectar con quien sea sin importar que viva en Santiago Papasquiaro, en Durango; en Japón, Suiza o Kenia. La música llega al corazón de todos. Lo mismo al de una persona de 94 años que al de un niño de nueve que vive en un basurero en las afueras de Nairobi. La música también toca el corazón de una madre de familia mexicana y el de un crítico de arte que lleva décadas escuchando música clásica», nos cuenta.

Jorge Viladoms

Foto: Anoush Abrar

«EMPECÉ A TOCAR EL PIANO A LOS 15 AÑOS. FUE ENTONCES QUE ENCONTRÉ LO QUE BUSCABA: DAR VOZ A LAS PALABRAS DEL ALMA»

Fiel a su verdad, la vida de Jorge Viladoms se nutre de tres caudales que guían, con la misma intensidad, sus pasos hacia distintas latitudes: su oficio como pianista, su pasión por la filantropía y su amor por la docencia. Ésta última, profesión que ejerce en el Conservatorio de Lausanne; el mismo espacio al que arribara años atrás guiado por la casualidad. «Empecé a tocar a los 15 años y desde entonces el piano se convirtió en mi compañero de vida. Con él pude encontrar lo que estaba buscando: decir las palabras del alma. En mi caso, el medio para conseguirlo fue la música». Hace una pausa antes de concluir su idea. Finalmente, continúa: «En cierta forma, el sufrimiento hizo que me conociera mejor a mí mismo».

También recuerda que llegó a Suiza en forma inesperada, después de que le fuese negada la visa para radicar de forma temporal en París, lo cual era su objetivo primario. Entonces, a raíz de las nuevas circunstancias, visitar a su hermano radicado en el centro de Europa se convirtió en la opción más viable para un Viladoms con hambre de mundo y experiencias.

A través de la fundación Crescendo con la música, cientos de niños en Durango y Jalisco acceden a una formación musical que busca mejorar su calidad de vida.

El inicio de la aventura

El joven de aquella época vendía helados para ayudarse con sus gastos y apenas hablaba francés en el momento en que un amigo de su hermano lo invitó a conocer el Conservatorio de Lausanne, intrigado al conocer su afición al piano. Viladoms recuerda que su pasión por la música se agrandó al visitar aquel templo musical. Tanto, que fue capaz de conseguir una cita con el decano de piano: «Al verlo comencé a tocar mis piezas improvisadas. Y años más tarde, quien ahora es mi colega en el conservatorio, me dijo le había gustado mi forma de tocar. Yo tocaba con las tripas, con lo que tenía dentro. Fue por eso que, muy sabiamente, me dijo: “Jorge, ¿no te gustaría tomar tu año sabático aquí, en Lausanne?”. Me pintó un panorama muy convincente y pensé, ¿por qué no hacerlo?». En ese momento supo que habría de convertirse en pianista.

Viviendo el sueño

Radicar en una de las ciudades más prósperas del mundo entraña incontables beneficios, sin embargo, también puede alterar la perspectiva de las cosas. Así lo confirmó el músico en una visita a México después de una ausencia prolongada y con apenas 22 años de edad. En aquella ocasión estaba con un grupo de amigos cuando vio a una niña de aproximadamente diez años deambular por la calle pidiendo dinero. La escena lo trajo de vuelta a una realidad que había olvidado; él no estaba acostumbrado a ello. La triste y poderosa estampa observada dio paso a una epifanía que habría de cambiarlo todo en forma definitiva.

Foto: Anoush Abrar

«MUCHOS QUIEREN TOCAR EN LA MEJOR SALA DEL MUNDO. A MÍ ME ENCANTA RECORRER LA BASE DE LA PIRÁMIDE Y LLEGAR A MÁS GENTE»

«La gente suele voltear la cara cuando la pobreza le mira a los ojos, pero yo no puedo hacerlo. En ese momento no podía ayudar porque no tenía nada, pero recuerdo que comenzó a hervir en mi cabeza la idea de hacer algo», rememora. Y así fue. Lo que siguió para el músico en ciernes fue regresar a Suiza para, en orden cronológico, culminar con éxito dos maestrías y obtener un reconocimiento al profesor de piano del año en el Conservatorio de Lausanne.

Y ante el triunfo obtenido, ¿cuál podría haber sido el primer pensamiento que pasó por su mente? Uno muy sencillo: «¡Ya no tengo que vender helados!», confiesa divertido. Después, con tono severo, desmenuza su recuerdo: «Pensé: “Ya estoy bien, ya puedo hacer algo”. Y a los tres meses comencé a crear la fundación Crescendo con la música. Estaba convencido de que la música podía cambiar vidas porque había cambiado la mía», añade.

Por los niños

Fue entonces que inició una investigación que habría de confirmarle lo que ya sabía: la música contribuye fuertemente al desarrollo de un niño. «Cuando hay una orquesta nace un microcosmos que funciona como si fuera una pequeña familia donde se comparten música y arte. Eso para los niños es muy enriquecedor, sí, pero además desarrolla muchísimo la materia gris y las conexiones entre ambos hemisferios porque si bien la música ayuda a dar voz a las palabras del alma, también es difícil de aprender. Hay que dedicarle tiempo y es- fuerzo; los resultados no llegan de inmediato», sentencia. Después, hizo contacto con una escuela ubicada en una de las colonias más pobres de Jalisco para convencerles de aceptar su proyecto. «Les propuse llevar cien instrumentos y pagar profesores de música para los niños. No tenía idea en lo que me estaba metiendo», afirma Jorge Viladoms.

Jorge Viladoms tiene una maestría como Pianista y Pedagogo en el Conservatorio de Lausanne y una segunda maestría de Pianista solista en el Conservatorio de Zürich. Ambos títulos fueron obtenidos con mención honorífica y nota máxima. Foto: Sébastien Anex

Colecta en Suiza

Una pregunta común surgía de sus conocidos en aquel entonces: ¿de dónde vas a sacar los instrumentos? En respuesta, Viladoms emprendió la siguiente fase de su proyecto: la colecta de instrumentos ‘dormidos’. «Lo que pensé es que había muchos instrumentos ‘dormidos’ en Suiza, tal y como estaba mi piano antes de que llegara a mis manos. Recuerdo que fui solo a recaudar más de cien instrumentos y en el proceso escuché las historias detrás de cada uno de ellos. Mi argumento para convencerlos de donar sus objetos preciados fue siempre el mismo: este instrumento va a tener una segunda vida en las manos de los niños de México».

Y fue así como cien niños de primaria y secundaria tuvieron su primer acercamiento con la música clásica hace unos años. «No buscamos al próximo Mozart o a un nuevo pianista revelación, eso no es relevante. La verdadera importancia del proyecto radica en el impacto que tiene la música en la vida de los niños».

Beneficios tangibles

Los beneficios de su fundación Crescendo con la música también alcanzan a su natal Durango, donde actualmente cuatro escuelas son apoyadas gracias a la colaboración de empresas con responsabilidad social, entre ellas, Argonaut Gold. La firma relojera suiza Rolex también alienta los esfuerzos del músico a través de su nombramiento como Testimonial de Cultura, un título que da cuenta de los pasos del pianista y filántropo por todo el mundo. ¿Qué relación guarda una firma relojera con su vena musical y filantrópica? Así lo define Viladoms: «Suiza tiene el ADN de hacer relojes en forma artesanal y yo comparto con Rolex valores muy importantes, tales como la excelencia y la pasión.

En la última entrega de instrumentos en Durango gente de la firma nos acompañó durante todo el proceso, lo que demuestra su grado de implicación con el proyecto. Ellos dan testimonio del patrimonio que genera la cultura y vamos caminando de la mano».

Jorge Viladoms

Jorge Viladoms es fundador de Crescendo con la música, una fundación sin fines de lucro establecida en el 2012 con el objetivo de impartir clases de música a niños y jóvenes para generar un impacto favorable en su calidad de vida.

Siempre México

Incansable, los sueños no paran en su vida. De hecho, la concreción de una nueva meta lo mantiene más despierto que nunca: lograr que cada escuela de México tenga un coro vocal. «No cuesta casi nada, un mismo profesor puede dar clases a cinco escuelas y los instrumentos son las voces de los niños. ¡Imagínate el cambio social que habría en México si cada escuela tuviera un coro!», plantea un filántropo apasionado segundos antes culminar la conversación con Forbes Life.

Y una última duda sale al paso: ¿cómo hace Jorge Viladoms para que sus facetas de docente, músico y filántropo dejen tiempo libre a la vida personal? Después de meditar unos segundos, ofrece una respuesta. «Las tres facetas tienen algo en común: la música. La misma música que comparto con mis alumnos en el conservatorio, de manera social a través de la fundación y en mis conciertos con el público». Entonces, después de una pausa prolongada, una inesperada asociación de ideas, tan genuina como espontánea, rompe el silencio: «Giras, piano, música, alumnos, niños… la mía es una vida muy llena de música y experiencias».

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