Redescubrimos Londres desde una perspectiva única: el asiento del conductor del nuevo Ghost Series II. La esencia de Rolls-Royce en su forma más pura y simple, pero combinada con lo último en tecnología.

Londres. Un claxon. Un pitido del guardia de tráfico. Un grito de una madre que va tras un niño que corre sin rumbo. Gente conversando en la esquina de al lado. Las hojas de otoño crujiendo al sentir las pisadas de los transeúntes. Un sonoro bullicio en el café tras de ti. Ruido y más ruido. El doorman del hotel Shangri-La The Shard, abre la puerta del coche, te deslizas en su interior, la cierra y aparece la nada. Silencio. El mundo exterior se vuelve irrelevante.

La ciudad se vive diferente a bordo de un Rolls-Royce. Semáforos, peatones, obras, todo es secundario. La calma interior nunca se ve perturbada. Hay quienes no encontramos placer especial en conducir en centros urbanos. Es una tarea más y, a veces, incluso una obligación. La actividad es estresante y tediosa, y más en metrópolis con población alta. Hay otra manera de conducir, pero sólo se descubre al volante de la marca que fabrica motores de avión.

El poder que se siente al dominar tal potencia, al verla doblegarse ante un leve giro de la mano, al percibir que el coche es la única coraza imperturbable que queda en la vorágine citadina es embriagador. Rolls-Royce se creó durante un almuerzo en mayo 1904. Henry Royce, ingeniero, llegó a un acuerdo con Charles Rolls, propietario de uno de los primeros concesionarios de automóviles. El resto es historia.

La serie de coches de dos, tres, cuatro y seis cilindros rompió moldes. El Silver Ghost (1907) completó una carrera de casi 23 km sin parar, creando así la leyenda de ser el mejor coche del mundo. Y los mejores coches del mundo siempre han competido con sus propietarios por la atención mediática.

Una lección de historia

La década de 1930 fue la época de los desafíos en tierra, mar y aire. Sir Malcolm Campbell rompió el récord de velocidad en tierra en el auto Bluebird (1933) al conducir a 272,46 mph. En 1937, George Eyston superó la cifra conduciendo a 312,2 mph en el Thunderbolt, impulsado por dos motores Rolls-Royce «R». Sir Henry Segrave rompió el récord náutico del mundo a bordo del Miss Inglaterra II, también impulsado por motores «R».Aunque momentos más tarde murió tras de chocar con un tronco de árbol sumergido.

La Segunda Guerra Mundial cambió el enfoque de la producción automotriz y la doble R se centró en fabricar motores de aviación en una nueva nave en Crewe (Inglaterra), encargados por el Ministerio del Aire. El conflicto bélico cambió la percepción de Rolls-Royce y la orientó hacia un referente mundial en propulsión aerodinámica. A mediados del siglo xx un Phantom IV se integró a la familia real británica como un miembro más de su excelsa corte.

Este modelo se diseña exclusivamente para la realeza y los jefes de Estado.Es uno de los automóviles más escasos del mundo, sólo hay 18. En 1965, un Phantom II amarillo compartió protagonismo junto a Omar Sharif, Ingrid Bergman y Rex Harrison en The Yellow Rolls-Royce (Anthony Asquith).

Ese mismo año John Lennon recibía su Phantom V, que salió de la fábrica con un acabado blanco pero el músico pintó en negro mate. En 1980 la compañía de defensa británica Vickers compró Rolls-Royce Motors Limited y continuó produciendo coches Rolls-Royce y Bentley. Se renombró como Rolls-Royce Motor Cars Limited en 1985 y empezó a cotizar en la Bolsa de valores.

La década de los 90 determinó el inicio de un nuevo capítulo en la historia de Rolls-Royce cuando bmw Group compró los derechos para producir estos automóviles. El primer Rolls-Royce del siglo xxi –el Phantom– nació bajo el compromiso de construir el mejor coche del mundo. En 2012 la compañía se volvió a desafiar a sí misma con el Phantom Series II. El Ghost marcó la siguiente etapa en la evolución de marca. Cinco años más tarde –este 2014– el «fantasma» se depura y refina.

 

Foto: Cortesía Rolls-Royce

Gentlemen only

Durante varios días conduciendo el nuevo Ghost Series II entendemos por qué es el único oasis que un ejecutivo moderno encuentra en la ciudad. Algunos detalles son más sofisticados respecto a su predecesor: la rejilla sube de altura unos milímetros para mostrar más poderío, el espíritu del éxtasis se inclina algunos grados más para mostrar un rostro más aerodinámico, se añade una línea central sobre el capó que alarga visualmente el vuelo de la emblemática figura y le otorga una silueta más deportiva y, además, se suavizan los bordes del capó para adquirir la sensualidad apropiada con la que abrazar a los nuevos focos con tecnología led, explica con delicadeza Sergio Landolt, gerente de producto de Ghost, en el lounge Rolls-Royce situado en The Shard con la capital británica iluminada a nuestros pies.

Al día siguiente, dos horas de manejo sin paradas no son suficientes para observar los parajes boscosos intensamente verdes que rodean los poblados medievales en la periferia de Londres. El sol brilla. Los asientos, rediseñados de acuerdo a una estricta ergonomía, no obligan a reacomodar la postura. El cuadro de mandos es armónico, nada confuso. Es lógico que 82% de estos autos se personalicen al milímetro a través del denominado Bespoke. Para crear posibilidades en torno a la personalización, es necesario mantener en sus filas a maestros artesanos con una mezcla única de habilidades.

Por ejemplo, hay gente de la industria náutica con habilidades específicas para trabajar la madera. Hasta el espíritu del éxtasis, esa bella y pequeña escultura que cumplió 100 años en 2011, que en la referencia B159 de Bespoke Features Gallery se transforma en una figura iluminada interiormente con un suave aura azul. Por qué, ¿qué hacer cuando ya se tiene todo? Imaginar. Crear algo sólo para ti. No hay nada más genuino y único en el mundo que nuestra propia creatividad.

La quinta etapa del lujo

El competidor de un Rolls-Royce no es otro coche, es un yate o un jet privado. Cuando preguntamos por los tres mercados más relevantes para la marca, expone que son el estadounidense, el chino y el de Oriente Medio. ¿Cómo lograr conquistar otros mercados? La clave radica en la fortaleza. Las marcas son fuertes cuando logran el respeto y aprecio de los consumidores. Sucede cuando los directivos de la empresa son expertos en su especialidad y honrados con el consumidor. Y es que la autenticidad y la credibilidad nunca han sido tan decisivas como hoy.

El CEO de la firma de autos, Torsten Müller- Ötvös, es consciente de ello y por eso resulta – sin quererlo– el mejor embajador de la marca que dirige. Después de un delicioso almuerzo en una arquitectónica villa a las afueras de Londres, se decide a posar para la foto que acompaña a estas palabras. Su figura espigada y ágil se acerca al auto mientras sonríe afable a la cámara.

Si alguien hubiese irrumpido por casualidad en ese momento al ver la escena pensaría que se trataba de una foto estándar para ilustrar el estilo de vida intrínseco a un Rolls-Royce: alto ejecutivo, casa minimalista con toneladas de arte en su interior y espléndidos jardines y el último auto de la casa británica automotriz, Ghost Series II debidamente personalizado según las exigencias de su propietario. Un tomador de decisiones que sabe perfectamente qué quiere en la vida. Casualmente, es algo similar, se trata del ceo de la compañía de autos más lujosa del mundo.

El directivo de origen alemán señala que no se puede crear una marca de lujo de un día para otro. «Sólo el brillo no vende, ni la imagen. Hay que tener calidad y pedigrí, porque el cliente va a exigir valor genuino a cambio de cada peso». La firma puede presumir de estar cómodamente situada en la llamada quinta etapa del lujo, que se da cuando el conocimiento del consumidor es amplio sobre un producto y posee un nivel cultural marcadamente superior.

Entonces el lujo se convierte en una celebración más allá de lo material que nos lleva al éxtasis –emblema de la marca– absoluto. Hoja de ruta ¿Qué tipo de marketing podría hacer una marca así? A lo largo de nuestra experiencia vemos que ésta es la forma en la que tratan a los clientes: uno a uno. Averiguamos que mantienen contacto regular con ellos y solicitan periódicamente sus comentarios antes de producir nuevos modelos (por lo visto los propietarios están contentos; los cambios en Ghost Series II no son nada radicales).

Así se explican modificaciones que parecen deberse a simple estética: un cliente pidió una luz directa más suave en la parte trasera de su coche para leer el periódico. Ellos esbozaron el concepto para Starlight Headliner, 1.340 cables de fibra óptica en el recubrimiento del techo de cuero del coche para dar la impresión de que las estrellas brillan en el firmamento. Hoy es una de las peticiones más populares.

El año pasado fue su cuarto año consecutivo de crecimiento en ventas, principalmente debido a la demanda ante el lanzamiento del Wraith, que ha captado la atención de un público más contemporáneo. Este año lograron las ventas anuales más altas en su historia –Oriente Medio creció más de 17% y China 11%– y en 2013 entregaron 3,630 vehículos. Pero el mejor cliente es, Stephen Hung, un empresario asiático cuya esposa es la mexicana Deborah Váldez.

El 16 de septiembre firmó la adquisición de la mayor flota de automóviles Rolls-Royce Phantom del mundo al realizar un pedido de 30 Bespoke Extended Wheel Base para su hotel Louis XIII en Macao. ¿Un detalle Bespoke? Los relojes diseñados y elaborados por Graff Luxury Watches.

RR en México

Eduardo Henkel es el principal accionista de Grupo Bavaria (1986), empresa que gestiona junto a sus dos hermanos –Guillermo y Carlos– y que vende en el país Rolls-Royce, BMW y MINI Cooper. «En el caso de Rolls los argumentos para su venta son más emocionales que racionales», comenta. El showroom de Rolls-Royce en Ciudad de México vaticina vender entre 12 y 16 vehículos al año.

«Cuando bBMW adquirió Rolls-Royce [en 1998 a la compañía Vickers PLC a cambio de 571 millones de dólares] hizo un gran trabajo para recuperar todo lo que la marca significaba». Todo hombre de negocios que sienta latir su corazón al unísono de un motor deseará poner sus manos al volante de esta máquina inglesa. Quienes compran un Rolls –los modelos parten desde los 200,000 euros– no son cualquier consumidor, como un conocido empresario mexicano del mundo de la comunicación que pasea diariamente en su Ghost. No hay sensación comparable a poseer una máquina de la doble R, es historia sobre cuatro ruedas.

 

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