“Ha sido una celebración del espíritu Calvin Klein. He mostrado una nueva manera de vestir.” Kevin Carrigan, uno de los cinco directores creativos de Calvin Klein, nos abrió las puertas de su santuario laboral.

Hay momentos que se convierten en historia. Pero eso solamente lo revela el paso del tiempo. ¿Por qué algunas creaciones impactan en el curso estético de una época y otras no? Para muchos, la moda es un arte. Para otros, es una afirmación profana y casi aberrante. Sin embargo, es cier­to que hay prendas que, cual si fueran esculturas o pinturas, sobreviven al dios Cronos y resucitan una y otra vez bajo nuevos rostros. Son esos vestidos icónicos que afirman a su benefactora como catedrática de la moda por en­cima del resto de féminas de la soirée, o esos sacos que se ajustan de manera impecable a la línea de los hombros y convierten al hombre en el dandy más seductor del restaurante.

Desde principios del siglo xx hasta nuestros días podemos contar fácilmente más de 80 diseños in­fluyentes, comenzando por uno de nuestros favoritos: el New Look de Dior, siguiendo con el vestido-corsé de Jean Paul Gaultier o el jersey de encaje de Rei Kawakubo para Com­mes des Garçons. Marnie Fogg lo cuenta en su libro Cuando la moda es un arte (Lunwerg, 2014).

El pasado 12 noviembre, Forbes Life México fue testigo de algo inédito. Calvin Klein llevó a cabo una presentación especial con la propuesta de Primavera 2015 que estaremos viendo en las tiendas de todo el mundo, nuestro país incluido. Ropa deportiva, pero no tan deportiva. Vestidos sofisticados, pero no tan formales. Ropa de abri­go, pero no sólo para ir a esquiar. Performancewear, jeanswear, ropa interior, calzado, gafas, accesorios… “Lo defino como atletismo moderno mezclado con la sensibilidad que veo en los hombres y las mujeres urbanos”, nos compartió Kevin Carrigan, director creativo de las múltiples líneas de Calvin Klein que se mostraron durante el desfile en la sede de la compañía en Nueva York.

 

Mientras el británico —que resi­de en la metrópoli estadounidense hace más de 10 años— se acomoda­ba en el sofá de su oficina, resaltaba con ademán revelador de su pasión: “I am a big city guy, I love the city”. Y es que la urbe que nunca duerme ha robado el corazón del inglés. La velocidad e intensidad que tantas películas han plasmado en secuen­cias memorables sugirió a Carrigan la paleta de colores urbanos que dio forma a la colección: blanco, negro y gris equilibrados con matices vivos de azul cobalto y naranja intenso para compensar los looks monocromáticos. “Esta colección trata de llevar el gimnasio a la ciudad y viceversa, mezcla elemen­tos que implican todo un estilo de vida y esta mezcla simboliza cómo la gente joven y propositiva se viste ahora. Es una reflexión de lo que hoy está pasando en las calles: velo­cidad, movimiento, energía…”.

Kevin no usa fotos o imágenes en su proceso creativo. Escribe. “Garabateo emociones, palabras, sentimientos”. Después traduce las palabras en colores, dibujos y en for­mas 3D. “Siempre pienso en función, forma y sensualidad. Me baso en la Bauhaus. Es mi ethos. Diseño pen­sando en el futuro, nunca miro hacia atrás”. Compara su labor diaria con la de un arquitecto. Cada día busca mejorar algo a través del diseño. “In­tento fijarme en lo que la gente nor­malmente no ve. Si puedo mejorar el corte, la silueta, el tejido o cualquier detalle por pequeño que sea, lo hago. Mi filosofía de diseño es mirar algo que ya es simple y convertirlo en mejor y diferente”. Desde su óptica el diseño debe influenciar cómo vivimos y también alcanzar una gran audiencia. “Soy muy afortunado de poder hacer esto en Calvin y diseñar algo que estará seis meses en tiendas de todo el mundo”.

Carrigan es un rara avis. En una pasarela continua donde los diseña­dores son celebrities —y viceversa—, el británico sigue pasando desa­percibido. “No tengo Instagram ni estoy en los medios habitualmente. Soy muy quiet. Todas las marcas en las que he trabajado (antes de Calvin Klein estuvo en Max Mara) priman la funcionalidad, la calidad y el diseño. No es necesario hacer nada más. Todo es sobre ‘la ropa’ en sí”. Pero, ¿cómo transformar la creatividad en negocio?, le pregun­tamos. “Es algo que llega con la experiencia. Hice másters y estudié Moda, sé que es un equilibrio duro. El diseño tiene que ser un reto: resolver el puzzle. Saber comerciali­zar con ello te lo da la experiencia”.

Una prueba de fuego para toda marca hoy en día son las redes sociales. La marca americana probó suerte el año pasado con #mycalvins, una campaña que logró poner en paños menores a in­dividuos de todo el mundo, desde Justin Bieber hasta redactoras de moda de los cinco continentes. Y triunfaron rotundamente.

Kevin expresa su sorpresa al ver el enorme feedback que tuvo esta iniciativa y confirma la primera regla del arte del comercio: “Tie­nes que escuchar al consumidor, es la única manera de evolucionar”. Reflexiona sobre los orígenes de la marca, en 1968, y resuelve en voz alta que una característica firme es que “está enclavada en el hoy. No hacemos nada retro ni miramos hacia atrás. Siempre conectamos con la nueva generación. Esto es muy importante. Si no conectas con el consumidor de hoy tu marca se vuelve irrelevante”.

El ingrediente principal para mantenerse en las primeras posi­ciones en la carrera de la moda es ser un creativo innovador. “La gente innovadora nos empuja hacia ade­lante. Necesitamos ser así en el día a día. Por ejemplo, nuestros anuncios son provocativos. Me gusta ser provocativo en cada cosa que hago.

Provocativo puede ser tantas cosas… Algo simple puede ser provocativo”.

Cuando Calvin Klein hizo underwear por primera vez puso el logo en la ropa interior. Eso fue pro­vocativo e innovador. “Y definimos un nuevo futuro. Hoy enseñé athle­ticwear. En dos o tres años será tan normal como llevar jeans. Será una forma de vivir”.

Carrigan se incorpora y senten­cia vehemente: “Este es, definitiva­mente, un momento que habla de individualidad, de expresar cómo somos a través de lo que vestimos. Quiero mostrar libertad de movi­miento, sensualidad, atletismo y energía”. Recordamos a Lipovetsky y su definición en Los tiempos hi­permodernos (Anagrama, 2006) del término hipermodernidad. Según el filósofo francés está “caracterizada por el movimiento, la fluidez, la flexibilidad… Representa el hiper­narcisismo donde un Narciso que se tiene por maduro, responsable, or­ganizado y eficaz, adaptable, rompe con el de los años posmodernos, amante del placer y las libertades”. ¿Habremos llegado, por tanto, a la hipermodernidad?

Los modelos visten la línea fitness de Calvin Klein, que ofrece siluetas funcionales e informales.

 

 

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