El lujo ama las paradojas. La moda también. En una era en la que todo el mundo habla de la tendencia agender (sin género) y el triunfo del armario único.

El último Pitti Uomo, la feria de las tendencias masculinas por excelencia que cada año se celebra en Florencia, ha hablado alto y claro: frente a la fast fashion y la producción masiva, el lujo se ha refugiado en lo exclusivo y lo personalizado. Tal vez por eso, la sastrería vive una nueva edad de oro. Ya lo apuntó una gurú, Suzy Menkes, quien asegura que «el péndulo de la moda está balanceándose de nuevo hacia lo sartorial». Eso no significa que los diseñadores echen la vista atrás, todo lo contrario: la sastrería convive hoy con las últimas innovaciones tecnológicas y con el éxito imparable del athleisure, la combinación entre lo clásico y lo deportivo, por el que abogan marcas de culto como Vetements.

Propuestas como Su Misura, el servicio de sastrería a media que introdujo en los años 70 Ermenegildo Zegna, que permite al cliente personalizar sus prendas al seleccionar entre más de 500 telas, elegir el número de botones, si el pantalón tiene pinzas (o no), la anchura de las solapas, el tipo de forro o la disposición de los bolsillos, conviven con propuestas mucho más casuales inspiradas en los patrones de la sastrería tradicional. «Estamos viviendo un momento de cambio entre los sastres de toda la vida y una nueva generación», señala Fokke de Jong, fundador y ceo de Suitsupply, una de las marcas que ha venido a revolucionar el mercado. «Estamos viviendo un momento de cambio entre los sastres de toda la vida y una nueva generación que, frente a la globalización y la producción en serie, quiere un servicio más personalizado».

Tommy Hilfiger está de acuerdo en que «la sastrería tradicional es algo del pasado: ahora lo que se lleva es mezclarlo con piezas que sean más divertidas», asegura. «El hombre moderno ya no se viste para una ocasión, sino para un estilo de vida». Esa es otra de las claves en las que coinciden marcas y clientes: no se trata de una cuestión de estética, sino de todo lo demás. El universo masculino premium abarca no sólo la moda, sino también la gastronomía, los viajes, la cultura empresarial…

El veredicto unánime es que el guardarropa masculino 3.0 está marcado por una combinación de lo deportivo y lo formal y por piezas aparentemente simples que ocultan una enorme complejidad. Otra paradoja más en una industria que ama los cambios y lucha por adaptarse a ellos.

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