La aventura por España continúa. Abandonamos Córdoba con el sentimiento de que sería difícil superar la impresión que esta ciudad nos había regalado…

 

Aunque el trazo de las carreteras de la provincia es prácticamente perfecto, no pudimos evitar perdernos o equivocar, en más de una ocasión, la salida correcta. Esta situación resultó más afortunada que desfavorable, pues el habernos ido sin tener la oportunidad de ver los paisajes que regala la Sierra Morena, con su cima ya nevada, hubiera sido imperdonable.

Cuando nuevamente encontramos el camino, el inmenso anuncio del toro negro –que antes servía para promover los vinos de Osborne y que actualmente es considerado un símbolo del país– nos dio la bienvenida a Úbeda, una pequeña ciudad ubicada en la provincia de Jaén, que alberga numerosos edificios renacentistas.

 

Joya renacentista

En este lugar nos encontramos con un personaje que vale la pena recordar: un italiano al que parecía que los 30,000 habitantes del lugar conocían y que en cada palabra expresaba la profunda admiración y gratitud que tiene hacia el lugar, ubicado en la provincia de Jaén, considerada la mayor productora de aceite de olivo en el mundo, hecho que hace que su paisaje sea especial, por lo que cumplió el objetivo de mostrarnos cada rincón de esta ciudad. El punto de encuentro fue la Plaza Vázquez de Molina, donde está la Capilla del Salvador, un sitio peculiar, pues aunque por su importancia podría ser considerada su catedral, tiene la función de ser el sitio en el que descansan los restos de un noble llamado Francisco de los Cobos, quien mandó construirla expresamente para que ahí se rindiera culto a su memoria. En la actualidad ahí se realizan misas; sin embargo, pertenece a particulares, por lo que sus horarios de visita o los sacramentos que se quieran realizar en su interior están sujetos a otros intereses.

Fachada de la iglesia Santa María de los Reales, en Úbeda.

Fachada de la iglesia Santa María de los Reales, en Úbeda.

Al volver a la plaza, que, por cierto, es la que más monumentos por metro cuadrado tiene en España, nuestro guía compartió con nosotros una historia que prácticamente marcó el rumbo de Úbeda: la disputa entre dos familias (muy parecido a la problemática de los Capuleto y Montesco en Romeo y Julieta), los Trapera y los Aranda, que compartían intereses personales y políticos, pero, finalmente, un miembro de los Trapera apuñaló por la espalda a un Aranda, y a partir de ese episodio surgió la frase de “dar la puñalada trapera”, que actualmente utilizamos como parte de nuestro lenguaje coloquial.

Uno de los mejores hallazgos llegó por la tarde, cuando, acompañados por nuestro nuevo amigo, hicimos un recorrido por los bares del centro con la idea de ir de tapas, costumbre que aplica en algunas ciudades de España, en la que al pedir una bebida alcohólica, como cortesía de la casa se sirven diferentes platillos sin costo extra. Éstas pueden ser desde aceitunas hasta pequeños guisos como pimientos del piquillo rellenos, tortilla de patata o salmorejo. Dentro de uno de sus bares, irremediablemente escuchamos la rasposa voz de Joaquín Sabina, uno de los cantautores más prolíficos de la música contemporánea española y que es conocido como “el flaco de Úbeda”, por haber nacido en el centro de la ciudad y mencionar orgulloso este hecho en cada lugar. Fue inevitable ver la expresión de orgullo de los comensales al identificar los primeros acordes de “19 días y 500 noches”.

 

Ciudad de letras

Plaza del Pópulo, en Baeza.

Plaza del Pópulo, en Baeza.

El siguiente punto en el itinerario era Baeza, una pequeña metrópoli que, junto con Úbeda, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, además de ser la sede de la Universidad Internacional de Andalucía. Sus calles y construcciones empedradas, en algunos momentos, nos hacían pensar que caminábamos en alguna ciudad colonial mexicana. En pocos lugares es posible sentir una influencia tan directa de la arquitectura española en la nuestra. Sin embargo, todo este ambiente se rompió abruptamente al enfrentarnos cara a cara con la medieval Puerta de Úbeda y con la estatua de la diosa Himilce, ubicada en la Fuente de los Leones.

Mientras recorríamos sus calles, un pintor local reconoció a nuestro popular guía e insistió en que entráramos a su casa para ver, antes que nadie, su siguiente exposición, pero los cuadros quedaron completamente en segundo plano cuando, orgulloso, mostró un pozo de más de 20 metros de profundidad construido en el interior de su casa, hablando de éste con completa normalidad y dando a entender que es un adorno común en las casas de Baeza.

Pernoctamos en este lugar en un pequeño hotel rural llamado Puerta de la Luna, que sirvió hace tres años como la locación ideal para filmar la película Alatriste, de Arturo Pérez Reverte, hecho que enorgullece a los habitantes del lugar, quienes también pueden presumir el hecho de ser la ciudad natal del poeta Antonio Machado, romántico incurable del que podemos recordar “Cantares”, soneto que años después fue recuperado por Joan Manuel Serrat, dando a conocer a todo el mundo entrañables frases como “caminante no hay camino, se hace camino al andar…”.

Vista de Jaén.

Vista de Jaén.

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