El director del Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York, Richard Armstrong, nos desvela las claves de esta institución para el nuevo milenio: apostar por los mercados emergentes en general y Latinoamérica en particular. Además, nos da las claves para iniciar una colección digna de un museo.

El Guggenheim no es sólo un museo, también es una marca. Y, como todas las marcas, aspira a conquistar un mercado cada día más global. A Richard Armstrong, director del Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, alma mater del Guggenheim de Bilbao y Venecia y de una nueva sede a punto de abrir en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, esta definición no sólo no le incomoda, sino que le halaga: «Es exactamente así, y creo que es algo muy bueno para la cultura, lo que nos da crédito para hacer que pasen cosas dentro de la esfera del arte. Estoy feliz con esa definición, no es un problema».

Richard Armstrong

Tras ocho años al frente de otro de los museos más icónicos de Estados Unidos —y del mundo—, el Museo de Arte Carnegie en Pittsburg, durante 12 años, en 2008 fue nombrado el quinto director del legendario museo creado por Solomon R. Guggenheim, tío de la mítica Peggy, en 1937, cuya sede en la Quinta Avenida de Manhattan, diseñada por Frank Lloyd Wright se ha convertido en uno de los edificios más célebres del mundo.

A juicio de Armstrong, el principal desafío al que se enfrenta hoy el director de un museo con vocación global es el de no perder de vista a los mercados emergentes: «El trabajo de un director es muy similar desde hace años, pero ahora el panorama incluye a muchísimos más artistas y sitios a los que ir, por lo que se ha convertido en un trabajo muy demandante: hay que viajar más, estar más conectado y tener la oportunidad de conocer más y mejor la obra de los artistas en un mundo mucho mayor». A su juicio, «la credibilidad de Latinoamérica como potencia artística se ha consolidado enormemente en Estados Unidos y en todo el mundo gracias al liderazgo de gente como la coleccionista y filántropa Patricia Phelps de Cisneros», pero también gracias a la enorme proyección pública que ha alcanzado la región, ya sea en materia de museos, del mercado del arte, galerías, coleccionistas y artistas.

La clave del éxito

Richard Armstrong considera que «el dinero es una pequeña parte del éxito de un museo, pero no la clave». Según este experto en lidiar con grandes presupuestos, «tener dinero es importante, pero es mejor tener ideas. Lo esencial es contar con un buen equipo y una buena conexión con los artistas. Todo eso ayuda a que el museo sea mejor».

En el caso de la sede neoyorquina, alma de la Fundación Guggenheim de la que dependen el resto de sedes internacionales, el principal activo es, a su juicio, «la calidad del staff, pero creo que también es muy bueno, ya sea en Nueva York, Bilbao o Venecia, contar con verdaderas referencias arquitectónicas que nos permiten tener una identidad». Aunque muchas de las decisiones se toman en Nueva York, Armstrong considera que la fundación funciona desde un modo colaborativo: «Tratamos de empoderar a cada una de las sedes y tener un modelo cada vez más descentralizado que les permita actuar con autonomía».

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