Flore Benguigui, la vocalista de L’Imperatrice ha dejado de cantar. Se encuentra muy ocupada manipulando un pequeño sintetizador en el escenario del Auditorio Blackberry. Frente a ella, observa confiada a Charles de Boisseguin, tecladista, quien le devuelve una sonrisa. Él rebota la mirada en Hagni Gwon, quien procura manipular una serie de 3 sintetizadores y teclados, y termina por desencadenar una reacción en cadena entre los 3 restantes miembros de la banda que nutren un crescendo musical que no deja de efervecer.

Olvidan que delante de ellos 2700 personas observan cada gesto, golpe a la tarola, movimiento de luces, paso de baile o florituras adicionales de bajo o guitarra que realizan. Hasta que un estruendoso grito de Benguini llega: ¡Matahari!

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Entre el susurro de la multitud que espera en la pista del Auditorio BlackBerry, se entremezclan palabras en español, en inglés y en un inhabitual francés. Incluso, entre el barbullo general, alguien lo menciona en voz alta: “la mitad de los franceses que viven en la Ciudad de México deben de haber venido a este concierto.”

Mocasines, camisas abiertas hasta el tercer botón, chongos masculinos, afros femeninos y cabelleras rubias se esparcen por todo el sitio hasta que las luces se apagan y un subsecuente grito se escucha.

Mylko aparece en escena: el duo mexicano colocado en el compilado 17 de Kitsuné y en estaciones de radio norteamericanas y los seleccionados por L’Imperatrice para abrir la presentación de ‘Matahari’, su primer material de larga duración en la CDMX.

La mirada de Ikki, el caballero fénix del zodiaco, se asoma a través de la camisa abierta de José Pablo Ibarra, el vocalista de este dúo, quien asegura que se siente muy afortunado de haber sido seleccionado por la agrupación francesa. Patricio Dávila percusiona y entrelaza las letras de las canciones con los sonidos que brotan de su sintetizador hasta que terminan su presentación. La espera continúa.

A pesar de una débil luz azul marino y un escenario lleno de humo artificial, el público dilucida la figura de Flore Benguigui, la vocalista de la agrupación, lo que causa gritos de emoción. Sin embargo, ‘Baby Mine’ de Arcade Fire, parte del soundtrack de ‘Dumbo’ la última película a cargo de Tim Burton, aún se escucha en el fondo.

Así alrededor de media hora hasta que las luces se apagan del todo. En medio de la oscuridad, 6 delgadas figuras se colocan enfrente de sus instrumentos. Esta noche, L’Imperatrice luce monos blancos con patrones azules que comparan a la agrupación francesa con un grupo de cosmonautas a punto de despegar en una misión espacial hacia un mundo suave y sensual.

Foto: Miguel Báez

Un intro musical explota por las bocinas mientras la figura de Benguini cruza de vuelta a las bambalinas de ladrillos rojizos del Blackberry.

Benguini regresa con una apenada sonrisa y con lo que parece ser un micrófono olvidado. En un español entrenado de último momento agradece el lleno total del recinto y su sorpresa por encontrar un venue lleno en un lugar tan lejano de su París natal.

El show, presentado por 8106, Sicario Music, Mousike, Distrito Global y Ache continua: el sexteto francés entrelaza éxitos desperdigados como ‘Agitations tropicales’ o ‘La lune’ con sencillos de su última producción como ‘Vacances’ o ‘Errour 404’, canción que Benguigui somete a votación en búsqueda de la versión favorita del público, en francés o inglés, ganando la primera opción.

 

 

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DE PARIS À MEXICO ✈️ Last night was insane, thank you so much !

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Poco a poco, L’Imperatrice comienza a olvidar sus propios monos azules, e incluso la propia promoción de ‘Matahari’ y lleva su presentación hacia un baile interminable de música pop electro-disco.

Como un anuncio al desenlace de su concierto, empieza a ganar la técnica y la competencia musical: como si se tratara de improvisaciones de jazz, Achille Trocellier, guitarrista y David Gaugué, bajista del grupo, comienzan a recorrer un camino de improvisaciones y arreglos musicales, mientras Tom Daveau, el baterista incita al público, parado sobre su plataforma, a brincar al ritmo de su música.

La banda, incluida Benguigui quien deja de cantar del todo y se centra en su propio sintetizador, se enfoca en mostrar lo mejor de su arsenal electro-pop-disco-funk mientras inspira a su sediento público a bailar.

Una permanente pátina de luz dorada, azul y morada y una perfecta técnica, aparentemente indolora, acompaña al sexteto en su agitación musical.

La agitación continúa hasta que Flore Benguigui se coloca frente al micrófono y grita suavemente: ¡Matahari! A partir de este punto, y después de un breve ‘encore’ el camino restante es hacia abajo.

En todo caso, la única interpretación que los franceses dejaron pendiente fue ‘Parfum Thérémine’, parte de ‘Odysée’, su 3er EP lanzado en 2015. Además de eso, el público que mostró una gran animosidad por la presentación y ellos mismos, quienes mostraron una gran sorpresa por su recibimiento en la Ciudad de México, abandonaron satisfechos el escenario del Blackberry y la permanente sonrisa de sus 6 integrantes, y la foto grupal con todo el público que decidieron tomar al final de su presentación lo confirma.

Lo mejor de la primera presentación que L’Imperatrice regaló a la CDMX fue que más allá del marketing y la promoción de su primer disco, la banda francesa vino a nuestro país a hacer honor a lo que ellos saben hacer mejor: su música.

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