Pedro Romero de Terreros fundó el Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas en el año 1775 con el beneplácito de Carlos III, Rey de España. Fue una donación para la población mexicana: la institución financiera más antigua del continente americano. Reconstruimos la historia de este acto filantrópico junto a su descendiente y Patrono Secretario.

Uno por la mañana. Es un día cualquiera en el Centro Histórico de la ciudad de México. En su mano derecha, el violín que quiere empeñar para obtener un préstamo de Monte de Piedad. Tal vez lo compró en su juventud, tal vez fue una herencia familiar, pero no quiere que se estropee con el paso del tiempo ni que sus notas caigan en el olvido. “¿Puedo venir cada día y tocarlo cinco minutos?”, pregunta al caballero que le atiende. “Por supuesto”, le responden. Y los miembros de Monte de Piedad tuvieron un recital diario hasta que el anciano recuperó su preciado violín.

Esta es sólo una de las emotivas historias que descubrimos en el libro Nacional Monte de Piedad 1775-2012 (Editorial Landucci) que ilustra la filosofía de la institución: “Ayudar a quien lo necesite a través del préstamo prendario, servicios financieros y actividades e inversiones de impacto social”. Los Montes de Piedad (del italiano Monte di Pietà) nacieron como entidades benéficas en Italia en el siglo xv por iniciativa de los franciscanos con el objetivo de combatir la usura. En la época era habitual pagar un interés de hasta 200%, así que el acceso al crédito era prácticamente imposible para el grueso de la población: agricultores, artesanos, pequeños comerciantes…

Las ciudades-estado italianas crearon Montes —la palabra Monte hacía referencia a una caja pública o banco en italiano— desde el siglo XXI para afrontar necesidades financieras o de obras públicas. De Piedad (di Pietà) se agregó para diferenciarlas y subrayar sus fines caritativos y benéficos. Los Montes de Piedad han atendido históricamente las demandas de las clases sociales más necesitadas de protección a través clara cuando averiguamos que hasta la muerte del fundador no se cobraba interés por los préstamos, y ello hizo peligrar la institución.

Todo el dinero aportado por Pedro Romero se fue gastando en los salarios de los empleados y el mantenimiento del edificio. Nada más morir en 1781 se comenzó a cobrar intereses por los préstamos y la institución salió adelante. En el artículo primero de sus estatutos leemos: “Los Montes de Piedad son establecimientos donde existe un fondo o cúmulo de caudal, caritativamente reunido y destinado para que, recurriendo a él los necesitados, experimenten el alivio de ser socorridos en sus urgencias privadamente y sin usura, dejando en prenda o empeño alguna alhaja de valor excedente a la cantidad que reciben; y cumpliendo el plazo de tiempo para que se les presta, acudir a desempeñar, o consentir se le venda, bien con la más escrupulosa justificación, a fin de que reintegrado el mismo Monte (en cuyo caso se permaneció con sus puertas abiertas, siendo una de las pocas alternativas para obtener apoyo económico.

En 1836 se adquirió la casa de Hernán Cortés y desde entonces es la casa matriz de la institución. En los inicios del siglo xx, otra compleja situación social dio pie a que Nacional Monte de Piedad adquiriera un papel protagónico para la población mexicana con sus préstamos prendarios. Existe la leyenda de que Pancho Villa se negó a tomar por asalto la institución, por ser “el banco de los pobres”.

El tesón de la familia Romero de Terreros hizo que la institución no cerrase un solo día sus puertas. Por eso, desde la fundación, siempre tiene que haber una persona de la familia en el Patronato de NMP. ¿Cuál es su futuro? Pedro, actual patrono secretario y descendiente directo del fundador, nos comenta en exclusiva: “La institución está muy sana financieramente, tenemos un modelo comprobado por siglos de experiencia pero con un equipo de gestión muy joven de espíritu, que está emprendiendo nuevos proyectos ambiciosos. El Monte fue fundado cuando México no existía aún como nación. La forma de gobierno era el virreinato, la república no era muy conocida y la práctica democrática inexistente. Después vinieron incontables guerras internas y con otros países. Adoptamos, o se nos impusieron, nuevos sistemas de gobierno poco probados, repúblicas, imperios y dictaduras. Y el Monte siempre supo salir adelante”. 

Formar parte de esta historia es un privilegio y un honor, confiesa. “Pero, sobre todo, es una inmensa responsabilidad. No es un negocio que nos genere riquezas, sino que es un legado filantrópico que nos impone el mantenerlo vivo para seguir ayudando a millones de familias mexicanas año tras año. Después de nueve relevos, ¿imaginas lo que sería dejar caer la estafeta? Mi bienestar no es el que está en juego, sino el de millones de familias mexicanas”. De sus antecesores sólo conoció a su padre. “Mi abuelo murió cuando tenía apenas año y medio. Mi principal compromiso es con él y con mi hijo, para dejarle la institución lo mejor que pueda”.

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Filantropía como ADN

El año 2015 ha sido grato para Javier de la Calle Pardo, director general. Esperaba entregar 9.5 millones de préstamos por un monto de 22 mil millones de pesos, y prevé cerrar con 10.5 millones de operaciones por un monto superior a los 25 mil millones de pesos, según publicaba El Financiero en mayo de este año. ¿Por qué alguien confía en Nacional Monte de Piedad? Por varios motivos: el precio, el trato, la conservación de la prenda, el prestigio y la confianza.

Para Pedro los negocios no son incompatibles con la filantropía. “Ronald Reagan siempre decía que la mejor política social era crear empleos. El Monte emplea a más de 4,700 mexicanos con los mejores salarios y prestaciones posibles. Pero, además, impacta indirectamente en decenas de miles de empleos a través de sus proveedores. Y millones de mexicanos utilizan los recursos que obtienen del préstamo para sus propias actividades empresariales”.

El valor de ayudar

Cobran los intereses más bajos del mercado. En 2013 bajaron la tasa de interés en 25% de manera sostenida. Pasaron del 4% mensual al 3%. “¿Imaginas alguna casa comercial que de la noche a la mañana baje sus precios en una cuarta parte?”, me pregunta Pedro. “Y todo para que nuestros competidores también bajaran sus tasas y beneficiar con ellos a millones de mexicanos”. Con el remanente de los intereses cobrados, otorgaron donativos a más de medio centenar de fundaciones. Filantropía en estado puro.

Y, entonces, recuerda que ‘el Monte’ nació de una idea filantrópica; no es algo que se haya adquirido en el camino. “El primer Monte de Piedad fundado en Perugia, Italia, hacia el siglo xv. Nuestro fundador tomó esa misma filosofía y se empeñó en fundar uno aquí. Hoy está de moda ayudar pero los Montes de Piedad lo han hecho por más de cinco siglos. La principal acción filantrópica siendo la misma: ayudar a quien lo necesite a través del préstamo en las mejores condiciones posibles, combatiendo la usura y sin discriminar”.

Pero, ¿qué significa la palabra filantropía para alguien que tiene la responsabilidad de continuar este legado? “Es hacer lo correcto por las razones correctas, sin esperar algo a cambio. Esperamos motivar a que más y más mexicanos se involucren en este tipo de actividades, ya sea dando donativos, como voluntarios o emprendiendo. Es triste saber que México tiene una de las tasas más bajas de donativos en América Latina, y más cuando uno considera que pocas naciones tienen a una población con el corazón tan grande como el de los mexicanos”.

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Nacional Monte de Piedad

Se fundó el 25 de febrero de 1775 y tiene como logotipo el símbolo de la casa matriz, ubicada frente a la Plaza de la Constitución en el centro histórico del DF, edificio adquirido en 1836. La historia de millones de familias mexicanas duerme en sus archivos.
Hoy son una de las pocas instituciones virreinales que aún continúan operando bajo la misma figura como fueron fundadas, junto con la Iglesia Católica, el Hospital de Jesús, el Colegio de las Vizcaínas, el Colegio de Notarios y la Lotería Nacional. Su filosofía afirma que la institución tiene como misión “ayudar a quien lo necesite a través del préstamo prendario, servicios financieros y actividades e inversiones de impacto social”. Toda una declaración filantrópica.
montepiedad.com.mx
@NMontePiedad

Actividades filantrópicas

Entienden como impacto social “el beneficio incremental perdurable y sostenible que recibe una persona”. Sus acciones sociales se dividen en dos programas: de Evaluación y Desarrollo Institucional, para conocer el nivel de eficacia de las instituciones que apoyan; y de Inversión Social, mediante el que realizan inversiones y miden las aportaciones. Además, cumplen con la responsabilidad social, participando en la preservación del medio ambiente.

Fernando Marcel Ponce Ulvert, gerente de Relaciones Institucionales del NMP, recuerda cómo durante la entrega del Premio Nacional Monte de Piedad 2015 compartió mesa con un grupo de mujeres que tienen un modelo de asistencia para combatir el cáncer de mama. “Llegó el momento de la premiación, algo muy emotivo, y al terminar una de ellas comentó a otra: ‘¿Te imaginas cuando nos toque estar ahí?’. A lo que su compañera respondió: ‘Sí, pero habrá que trabajar y esforzarnos mucho’. Les comenté que ojalá fuese muy pronto y recibiesen el premio de un millón de pesos. Para mi sorpresa, la mujer minimizó el dinero. ‘Nos ayudaría mucho, pero recibir este premio sería un reconocimiento extraordinario, casi como graduar a nuestro programa’. Con ello logré dimensionar lo que NMP implica en el sector asistencial privado de México”.

NMP Perito Valuador 4
 

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