Ha terminado, pero no para quien estuvo allí. Al contrario, quien haya disfrutado el pasado fin de semana de Ondalinda x Careyes no piensa en que acabó, sino en la próxima edición, en Ondalinda 2017. La mezcla de espiritualidad, naturaleza, wellness, música electrónica y arte ha resultado tan explosiva como prometía en un principio… y un poco más.

Entre los asistentes, diseñadores de moda e industriales, curadores y promotores del arte, DJs de renombre mundial, tech-elite, empresarios y jetsetters internacionales: todos unidos para celebrar la cultura de México. “Tenemos invitados de todas partes del mundo, pero todos ellos buscan obtener una conexión con la esencia mexicana”, explicaba Lulú Luchaire, creadora del festival, junto con Filippo Brignone, hijo del fundador de Careyes, Gian Carlo Brignone, la primera noche en el coctel de bienvenida en Playa Rosa.

Además de clases de yoga, paseos a caballo y excursiones a islas que son como reservas naturales en miniatura habitadas por miles de pájaros, tuvimos la oportunidad de asistir a la exposición Navegantes del sueño, sobre arte huichol, curada por Lala Zarraga y comisionada por Thomas Mendes-France. También pudimos conversar con expertos y disfrutar de espectaculares puestas de sol. Y algo más, tuvimos el privilegio de conocer una de las casas más fascinantes de México, a la que sólo es posible acceder mediante invitación: Mi Ojo, residencia de Gian Carlo Brignone, diseñada por un equipo de arquitectos en la década de los años 70, liderados por el genio de Luis Barragán. Todo un icono de Careyes, ya que definió el estilo arquitectónico de este oasis de lujo, que impera en todas las residencias de la zona —alrededor de 60— que se han construido después. En realidad, no se trata tanto de una casa como de un enigma, lleno de secretos, que el visitante va descifrando a medida que atraviesa las distintas estancias.

 

También disfrutamos de dos fiestas irrepetibles: la primera, la noche del viernes 29 de octubre, la White Fire Party, en un campo de polo decorado con diez mil velas encendidas en medio de la oscuridad —la llegada fue un momento mágico— o, la noche siguiente, una velada de música electrónica en la playa Teopa, con el mítico Guerrero Maya, pintado por Alex Grey, y espectaculares esculturas de Philippe Moellhausen que se integraban en la naturaleza.

Quien haya tenido el privilegio de recibir los primeros rayos de sol junto al Pacífico al ritmo de los beats de DJs como NU, Sabo, Blondish o LUM jamás olvidará esa energía. Pero no pensará que Ondalinda ha terminado. Todo lo contrario. No ha hecho más que empezar de nuevo… hasta el próximo año.

¡Nos vemos en Ondalinda!

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