Resulta fascinante pensar cómo un género que de oídas pareciera hermético, localista y sumamente arraigado en sus raíces como el flamenco, logra reinventarse cada tanto, viendo hacia otros terrenos, haciendo estallar a los puristas del género y tocando también las fibras sensibles de escuchas de otras latitudes. Ejemplos no sobran, pero tampoco son la norma: Enrique Morente, Paco de Lucía, Camarón, Triana…

Francisco Contreras Molina, mejor conocido como Niño de Elche, tiene poco más de una década llevando el flamenco hasta sus últimas consecuencias, saltándose la barda y corriendo lejos hacia potreros que uno pensaría no son los suyos: ruido, post rock, arte sonoro, spoken word, el trance electrónico y, recientemente, el folclor latinoamericano.

Figura entrañable e incómoda para algunos, los pasos cada vez más impredecibles de Contreras lo han llevado sí por García Lorca, Caracol y Marchena, pero también por los senderos de Tim Buckley, Los Planetas y C. Tangana. Y que eso tenga algo de calidez humana, consistencia y congruencia en un corpus musical es, hoy en día, una faena que dista de ser poca cosa.

Apenas hace algunos meses, Niño de Elche lanzó Colombiana (Sony Music, 2019), disco de estudio que sería algo así como su sexto álbum de estudio en sentido más o menos estricto, dadas sus múltiples y constantes colaboraciones, proyectos y grabaciones. Un disco que hermana a la música de tradición española con la latinoamericana, para develar de forma subconsciente una verdad: aquí no hay purezas.

Arte interior de Colombiana, por Inés Doujak.

Grabado y producido en mancuerna con el colombiano Eblis Álvarez (Meridian Brothers, Los Piraña), Colombiana logra un sincretismo vibrante, fascinante y poco habitual en la tradición musical de ambos países, apoyado en los cantes de ida y vuelta, que datan de esas primeras cruzadas que los artistas flamencos traían del Nuevo Mundo, alterando su sonido de forma notable.

Difícil tarea es la de decir y enlistar qué cosa le pertenece realmente a cada continente de forma genuina, y además ¿para qué? Hablar de Colombia es hablar también de África, de los esclavos, de una psicodelia primera sin fisuras y de un abrevadero polifónico singular. De todo eso se nutre Niño de Elche y lo articula y dialoga con su arte; un poco de rock también en la cacerola, o una sábana de cumbia oblicua…un cante jondo; lamentos festivos con guiños francos a la disrupción no impostada.

El intercambio cultural que se da en Colombiana es todo menos mezcla, fusión o esos engorrosos caminos que versan sobre “nos metimos al estudio a ver qué salía”. Estamos pues ante una obra relevante y congruente con y para el tiempo en el que fue gestado, sin melancolía ni trancas demasiado rígidas. Forbes Life tuvo oportunidad de intercambiar puntos, en medio de la gira de este disco, que es el sucesor de esa otra gran obra que es Antología Del Cante Flamenco Heterodoxo (Sony Music, 2018), para conocer de forma un poco más desdoblada Colombiana, en palabras de su autor.

Forbes Life: ¿Cuál fue el mayor desafío a nivel técnico y discursivo al grabar y producir Colombiana?; ¿cómo fuiste sorteando esos retos o “dificultades” si hubo tales?

Niño de Elche: A nivel técnico fue la concepción rítmica y a nivel discursivo, aunque teníamos como base las historias pseudo románticas de los cantes de ida y vuelta en el flamenco, debíamos de ampliarlo con contenido narrativo, poético. Junto al director artístico del disco, Pedro G. Romero, empezamos a trazar líneas temáticas que nos ayudaran a hablar de cuestiones que creemos que conectan con la idea de los flujos culturales entre España y Latinoamérica como son la esclavitud o la economía de los cuerpos, el mercado de las especias, las drogas, el contrabando, entre otros.

Algo que se percibe en Colombiana es la ausencia de esta integración de estilos que se respetan mucho y tienen estos ánimos de fusión y mezcla, que luego dan al traste con la llamada world music, ¿cómo sientes que fluyen las piezas de Colombiana?, ¿cuáles son tus piezas favoritas y cuáles percibes que pudieron haber tenido un tratamiento mucho más consistente?

Cuando uno entiende que la world music no es el camino para el encuentro entre músicas, hace de los encuentros artísticos una mezcla entre violencia y respeto, que a fin de cuentas es de lo que trata la convivencia.

En esas tensiones el mecanismo no es tanto forzar para un final armonioso sino simplemente dejar que la contraposición dé un resultado inesperado y no codificado de lo que se supone que son dichos encuentros. Los discos son lo que son, pensar en cómo podrían haber sido es una pérdida de tiempo. Son páginas de un libro, no son libros independientes, por lo tanto no tengo canciones favoritas ni un sentimiento de inacabado.

¿Qué aprendiste en América Latina?, ¿se rompieron prejuicios o se confirmaron creencias?, ¿cómo te nutriste de este lado del planeta…?

Aprendí mucha nueva música para mis oídos y el alma, formas de entender la tradición diferentes a las que podamos tener a relación del flamenco. Nuevos sentimientos políticos y llegar a entender ciertas psicosis que desde allá y por nuestro contexto es difícil de comprender y respetar. También pude observar cómo la idea colonialista en muchos casos es más una idea de los movimientos progresistas europeos que desde los movimientos mayoritarios de Latinoamérica, pero que también muchos movimientos progresistas siguen anclados en un discurso sobre lo colonial muy básico y nada complejo, aunque de esto me encontré muy poco.

¿Qué sigue en tu carrera musical?, ¿en dónde está parada tu hambre o inquietud creativa en estos momentos?

Sigo teniendo el anhelo de hacer un disco con algún productor de electrónica, trabajar con alguna orquesta de tipo más clásico, hacer música para una película porno, crear instalaciones para el desarrollo de la escucha o hacer algún programa de radio, entre otras cosas.

¿Cuál es para ti la necesidad o valor de seguir intentando nuevas vetas o caminos que muevan de su lugar a los cánones y los lugares ya visitados por la música?

La necesidad personal es la de superar prejuicios, que es lo mismo que superar miedos. Si en ese proceso personal me acompañan más seres, bienvenidos sean, pero mi intención nunca ha estado en revolucionar a nadie ni mostrar el camino de la buena o nueva vida. Mostrar sí, demostrar no. Compartir sí, aleccionar no.

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